miércoles, 14 de marzo de 2018

El triunfo de la voluntad



Muere uno de los mayores referentes de la ciencia mundial, dejándonos a todos huérfanos de su inteligencia y su ejemplo, precisamente en un día en el que la comparecencia de Mariano Rajoy en el Congreso, para tratar el problema de las pensiones, va a restar protagonismo a quién tanto hizo por la humanidad, descubriéndole, a través de su trabajo incansable, secretos que hasta su llegada nos parecían inexplorables y que ahora se entienden un poco mejor, gracias a una labor continua, a la que no se podría poner precio.
Fue Stephen Hawking, maltratado por la vida desde una edad bien temprana, a causa de una enfermedad degenerativa que le fue robando paulatinamente su capacidad de movimiento y que llegó a privarle  de  esa voz que tanto hubiera necesitado para expresar sus importantísimos hallazgos, aunque le dotó, quizá como contrapartida, con una mente preclara, capaz de ir más allá de lo que la inmensa mayoría de los hombres pudiera haber soñado jamás y con una voluntad de hierro, que nunca le permitió rendirse al lógico desaliento que debió suponer al sufrimiento de una existencia, plagada de todo tipo de sacrificios.
A cada dificultad con que se iba encontrando, buscaba inmediatamente una solución y ha sido, gracias a esa perseverancia, casi irreverente, que todos hemos tenido la gran suerte de poder conocer sus teorías a lo largo de mucho tiempo y sobre todo, el ejemplo impagable que nos ha ofrecido, abiertamente y sin complejos, demostrándonos que cualquier barrera con que pudiéramos encontrarnos a lo largo de nuestras vidas, es susceptible de ser derribada, si se tiene el atrevimiento de mirar de frente a los problemas y el valor suficiente para no renunciar a poder hacer, aquello que verdaderamente deseamos.
Tan acostumbrados estábamos a su imagen y su voz, que conseguíamos  mirarle con absoluta normalidad, a pesar de la espectacularidad de su apariencia física, llegando incluso a olvidar que cada una de las palabras que pronunciaba eran generadas a través de una máquina, quizá porque su imponente humanidad y su afán por compartir con todos, la naturaleza de sus descubrimientos, le convertían inmediatamente en un gran hombre, encerrado en un cuerpo deformado por las terribles secuelas del ELA.
Hoy, que la actualidad informativa se encuentra en el Parlamento español y que la batalla que allí se libra resulta ser verdaderamente importante para todos los ciudadanos que habitamos este territorio nuestro, el modelo de Stephen Hawking y la firmeza de su voluntad, frente a las graves adversidades que fue encontrando en todos estos años de lucha continua frente a la muerte, resulta ser una demostración fehaciente de que todo es posible, si se pone empeño en lograrlo y que hasta los peores augurios de los más pesimistas, en este caso de algunos políticos, pueden vencerse, aunque para ello hagan falta grandísimas dosis de valentía y sobre todo el convencimiento de por el bien de los demás, ningún esfuerzo caerá en saco roto, a lo largo del tiempo.
Poder, indiscutiblemente, es querer y levantarse cada día con la mente abierta a los cambios que puedan ir surgiendo, desterrando desde que abrimos los ojos, el miedo que producen ciertas situaciones de riesgo.
Por ello, la marcha de Hawking, al que los médicos siempre dieron una cortísima esperanza de vida y que fue superando cada una de las  crisis que periódicamente sufría, a causa de la gravedad de su dolencia, nos produce una enorme tristeza y desolación, aunque quizá, ahora sí, hubiera llegado de verdad el momento de abandonar el mundo y convertirse, simplemente, en leyenda.
Descanse en paz, este ídolo de multitudes que consiguió provocar, en una buena parte de la humanidad, la curiosidad por unos temas que en principio, estarían reservados simplemente para eruditos en estas difíciles materias y que nos ofreció a todos, una lección inolvidable de continua superación, que no podremos olvidar por muchos años que vivamos, ni aunque vengan detrás otros muchos, a corroborar  la verdad de la naturaleza de cada uno de sus imponentes hallazgos.
La Ciencia, pierde hoy a uno de los cerebros mejor dotados de cuantos cabalgaron entre estos últimos dos siglos y la humanidad, a un referente de coraje y audacia, seguramente irrepetible y fundamentalmente, único, en la gran magnitud de su tan amado Universo.

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