Gana el equipo de Pablo Iglesias en el Congreso de Podemos y
comienza un futuro imperfecto en el que vencedores y vencidos tendrán que
convivir sin rencores, olvidando las
rencillas pasadas que casi consiguen romper un proyecto que empezó a levantarse
a golpe de ilusión, poco después de que los movimientos asamblearios del 15M,
cambiaran la manera de entender la política.
Llega el momento de la generosidad y el entendimiento de los
mensajes subliminales que han emitido a través de sus votos más de ciento
cincuenta mil inscritos en Podemos y que bien podría traducirse en un grito unánime de Unidad, que
habrá que construir a fuerza de perdón y diálogo permanente, si de verdad se
quiere hacer frente a la hegemónica presencia de un PP, que al menos
aparentemente, acaba de reelegir a Rajoy, sin fisuras, como su líder
indiscutible.
Pasó el momento de los reproches entre compañeros, de las
luchas encarnizadas entre las corrientes y de
los enaltecimientos personales jaleados por esos incondicionales a los
que debe resultar muy fácil aconsejar desde la sombra, aquello que se debe
hacer, pero que no terminan de saltar a la arena para pelear las batallas y que
han estado haciendo un daño irreparable a la imagen de este Partido nuevo, que
no quiere parecerse al PSOE, pero que está ofreciendo una imagen todavía peor
que la que se atribuye a los socialistas en los últimos meses, por causa de un
poder que nunca llegará a alcanzarse, si no se cauterizan las heridas y se
afronta el mañana sin aplastar la dignidad de los que hasta ayer, fueron
contendientes.
Con los papeles asignados por la voz de la militancia,
resulta imprescindible que cada cual acepte con respeto el lugar que le ha sido
asignado y que las demostraciones de fuerza que se hicieron evidentes en el
pasado cercano, queden definitivamente enterradas antes de volver a caminar, o
el fracaso estará asegurado y con él, el terrible desengaño que sufrirán todos
aquellos que pusieron sus esperanzas en lograr un cambio real, que mejore las
condiciones vitales, de miles de ciudadanos abocados a la miseria y al
silencio.
Remontando las dificultades y a la vista de los resultados
salidos de las consultas de este violento Congreso, Iglesias y Errejón están,
les guste o no, obligados a entenderse, pues el mandato de esas bases en las
que dicen creer y en las que se cimentan los principios de un Partido al que
pertenecen los dos, no pasa por el trauma de una dolorosa separación, para la
que nadie estaba preparado y que de producirse, dejaría un poco huérfano de
liderazgo a ese proyecto que en conjunto empezaron a elaborar unidos y que en
algún momento se quebró, quizá porque la intolerancia y la ambición, les
nublaron el entendimiento.
Abordar los nuevos tiempos con la tolerancia debida del uno
para el otro, resulta imprescindible, si Podemos quiere seguir creciendo y
ambos deben, porque se lo deben a su electorado, desoír las voces de sirenas
que les susurran en los oídos mensajes de adulación que les separan de la auténtica
realidad que se vive, no sólo dentro de su propia Formación, sino también de
este país, del que se han convertido en
claros referentes.
Luchar por la convivencia pacífica entre corrientes, suavizar
el enardecido clima de violencia dialéctica que ha caracterizado sus relaciones
en los últimos meses y ser capaces de mirar hacia atrás sin ira, demostrando
esa talla política que hace ganar la confianza de los ciudadanos, se convierte
en algo imprescindible para poder avanzar y sobre todo, para poder aportar
soluciones reales a los gravísimos problemas que afligen a una sociedad, que
echa de menos la existencia de una izquierda con posibilidades de llegar al
gobierno.
Sería pues un error, apear a los
vencidos de los puestos de responsabilidad que venían ocupando desde que más de
cinco millones de electores les situaron en el Parlamento y un acto de
tolerancia y generosidad, escuchar sus propuestas, discutirlas y admitirlas, si
se diera el caso de que con ellas pudiera mejorar, no ya el funcionamiento
interno de la Formación, sino la vida de esas mayorías que a pesar de todo lo
ocurrido, no han perdido la esperanza de que sea posible el entendimiento.

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