domingo, 12 de febrero de 2017

Vencedores y vencidos


Gana el equipo de Pablo Iglesias en el Congreso de Podemos y comienza un futuro imperfecto en el que vencedores y vencidos tendrán que convivir  sin rencores, olvidando las rencillas pasadas que casi consiguen romper un proyecto que empezó a levantarse a golpe de ilusión, poco después de que los movimientos asamblearios del 15M, cambiaran la manera de entender la política.
Llega el momento de la generosidad y el entendimiento de los mensajes subliminales que han emitido a través de sus votos más de ciento cincuenta mil inscritos en Podemos y que bien podría  traducirse en un grito unánime de Unidad, que habrá que construir a fuerza de perdón y diálogo permanente, si de verdad se quiere hacer frente a la hegemónica presencia de un PP, que al menos aparentemente, acaba de reelegir a Rajoy, sin fisuras, como su líder indiscutible.
Pasó el momento de los reproches entre compañeros, de las luchas encarnizadas entre las corrientes y de  los enaltecimientos personales jaleados por esos incondicionales a los que debe resultar muy fácil aconsejar desde la sombra, aquello que se debe hacer, pero que no terminan de saltar a la arena para pelear las batallas y que han estado haciendo un daño irreparable a la imagen de este Partido nuevo, que no quiere parecerse al PSOE, pero que está ofreciendo una imagen todavía peor que la que se atribuye a los socialistas en los últimos meses, por causa de un poder que nunca llegará a alcanzarse, si no se cauterizan las heridas y se afronta el mañana sin aplastar la dignidad de los que hasta ayer, fueron contendientes.
Con los papeles asignados por la voz de la militancia, resulta imprescindible que cada cual acepte con respeto el lugar que le ha sido asignado y que las demostraciones de fuerza que se hicieron evidentes en el pasado cercano, queden definitivamente enterradas antes de volver a caminar, o el fracaso estará asegurado y con él, el terrible desengaño que sufrirán todos aquellos que pusieron sus esperanzas en lograr un cambio real, que mejore las condiciones vitales, de miles de ciudadanos abocados a la miseria y al silencio.
Remontando las dificultades y a la vista de los resultados salidos de las consultas de este violento Congreso, Iglesias y Errejón están, les guste o no, obligados a entenderse, pues el mandato de esas bases en las que dicen creer y en las que se cimentan los principios de un Partido al que pertenecen los dos, no pasa por el trauma de una dolorosa separación, para la que nadie estaba preparado y que de producirse, dejaría un poco huérfano de liderazgo a ese proyecto que en conjunto empezaron a elaborar unidos y que en algún momento se quebró, quizá porque la intolerancia y la ambición, les nublaron el entendimiento.
Abordar los nuevos tiempos con la tolerancia debida del uno para el otro, resulta imprescindible, si Podemos quiere seguir creciendo y ambos deben, porque se lo deben a su electorado, desoír las voces de sirenas que les susurran en los oídos mensajes de adulación que les separan de la auténtica realidad que se vive, no sólo dentro de su propia Formación, sino también de este país, del que  se han convertido en claros referentes.
Luchar por la convivencia pacífica entre corrientes, suavizar el enardecido clima de violencia dialéctica que ha caracterizado sus relaciones en los últimos meses y ser capaces de mirar hacia atrás sin ira, demostrando esa talla política que hace ganar la confianza de los ciudadanos, se convierte en algo imprescindible para poder avanzar y sobre todo, para poder aportar soluciones reales a los gravísimos problemas que afligen a una sociedad, que echa de menos la existencia de una izquierda con posibilidades de llegar al gobierno.
Sería pues un error, apear a los vencidos de los puestos de responsabilidad que venían ocupando desde que más de cinco millones de electores les situaron en el Parlamento y un acto de tolerancia y generosidad, escuchar sus propuestas, discutirlas y admitirlas, si se diera el caso de que con ellas pudiera mejorar, no ya el funcionamiento interno de la Formación, sino la vida de esas mayorías que a pesar de todo lo ocurrido, no han perdido la esperanza de que sea posible el entendimiento.


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