miércoles, 22 de febrero de 2017

Ni un paso atrás


No puede, sino merecer admiración y respeto la postura de los estibadores españoles, que luchan esperanzadoramente por mantener su dignidad laboral, de una manera que parecía haberse perdido desde que se instaló la Reforma de Rajoy entre nosotros, precarizando de tal forma el empleo, que apenas da para mantener los hogares de las familias, incluso aunque trabajen varios de sus miembros.
El miedo y la desesperación de los hombres y mujeres de este país, que durante los pasados años se han visto obligados a enfrentarse cara a cara con la miseria, había conseguido paralizar cualquier atisbo de rebelión contra la multitud de injusticias que contra ellos se han cometido y sólo en casos muy concretos, algunos colectivos se han atrevido a enfrentarse a las duras medidas que rebajaban los sueldos y derechos sociales de los trabajadores, seguramente sin demasiado éxito.
 De ese temor, se han aprovechado descaradamente gobierno y empresarios, hasta transformar el panorama laboral de este país, en una suerte de mercado asiático en el que la explotación se ha adueñado de la vida de las personas, mientras que los jugosos beneficios de las grandes empresas y las fortunas de los ricos, han ido aumentando escandalosamente las diferencias entre las clases sociales, abriendo una brecha de dimensiones astronómicas que resultará difícil acortar, al menos, durante un par de décadas.
Alguien tenía que dar el primer paso para intentar remediar tal atropello y el sector de los estibadores, que cuenta con la fuerza necesaria para poder hacerlo, pues los daños que causaría un paro prolongado en sus funciones, podría generar un grave problema nacional, parece hallarse en un punto, en el que la férrea unidad de todos sus miembros, podría dar definitivamente al traste con el plan concebido desde las altas esferas para ellos, pues si se mantienen en sus posiciones de no dar un solo paso atrás, poco o nada se podría hacer para evitar que el transporte de mercancías por vía marítima, quedara totalmente inutilizado, durante varios meses.  
Conocidos por su perseverancia en alargar las huelgas, los estibadores, que ayer mismo contaron con el apoyo de compañeros llegados de diversos lugares del mundo, han comenzado a recorrer un camino de resistencia contra los abusos incontrolados que se vienen cometiendo, que podría sentar un importante precedente en la reavivación de la lucha por los derechos, bastante abandonada durante los años de la crisis, pero proclive a revivir, si finalmente se logran los objetivos marcados por estos valientes.
Apoyar su resistencia y el valor de mantenerse firmes en sus posiciones, resulta en estos momentos fundamental, pues si de veras se quiere cambiar la terrible situación de precariedad que padecen la mayoría de los trabajadores de todos los sectores y muy particularmente los jóvenes, no queda otra opción que la de ir desterrando el miedo para hacer frente, cuanto antes, a  la explotación de que somos objeto, con las únicas armas con que contamos, desde nuestra posición de inferioridad y que no son otras que negarnos a trabajar, si no es a cambio de un salario digno.
Consentir que se continúe despidiendo a los trabajadores de mayor edad, para reconvertir el puesto que ocupaban en tres o cuatro de nueva creación, repartiendo un salario que les permitía vivir con cierta comodidad, entre los recién llegados, a base de unos quinientos euros, por jornada completa, nos hace, en cierta medida, cómplices de estos inaceptables atropellos.
Y no vale hacer alusiones a la necesidad perentoria de reconvertir determinados sectores, por meras exigencias europeas, pues al final, siempre se olvida mencionar que el nivel de vida de los trabajadores alemanes o franceses, por ejemplo, por no hablar de los suecos o noruegos, supera con creces, el que se nos permite tener a los españoles, por realizar el mismo trabajo, en condiciones que dejarían mucho que desear, si se midieran los niveles de horarios o derechos.
Resulta pues fundamental, que los estibadores ganen este pulso, que pone en jaque la supremacía de los Señores del dinero y que les recuerda que muy a su pesar, si nuestros brazos caen, esos beneficios que obtienen a base de exprimir nuestras fuerzas, bien podrían terminar por extinguirse, sin que nada puedan hacer por evitar su propio desastre.
Ya iba siendo hora de que alguien alzara la voz, recordando que los tiempos en que la esclavitud era algo habitual, terminaron, afortunadamente y que la unión de los trabajadores, su perseverancia y su valentía, son aún capaces de transformar un mundo que ha empezado a resultar demasiado incómodo para vivir, para la mayoría de la gente.
Ni un paso atrá. Estamos con vosotros.





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