No puede, sino merecer admiración y respeto la postura de los
estibadores españoles, que luchan esperanzadoramente por mantener su dignidad
laboral, de una manera que parecía haberse perdido desde que se instaló la
Reforma de Rajoy entre nosotros, precarizando de tal forma el empleo, que
apenas da para mantener los hogares de las familias, incluso aunque trabajen
varios de sus miembros.
El miedo y la desesperación de los hombres y mujeres de este
país, que durante los pasados años se han visto obligados a enfrentarse cara a
cara con la miseria, había conseguido paralizar cualquier atisbo de rebelión
contra la multitud de injusticias que contra ellos se han cometido y sólo en
casos muy concretos, algunos colectivos se han atrevido a enfrentarse a las
duras medidas que rebajaban los sueldos y derechos sociales de los
trabajadores, seguramente sin demasiado éxito.
De ese temor, se han
aprovechado descaradamente gobierno y empresarios, hasta transformar el
panorama laboral de este país, en una suerte de mercado asiático en el que la
explotación se ha adueñado de la vida de las personas, mientras que los jugosos
beneficios de las grandes empresas y las fortunas de los ricos, han ido
aumentando escandalosamente las diferencias entre las clases sociales, abriendo
una brecha de dimensiones astronómicas que resultará difícil acortar, al menos,
durante un par de décadas.
Alguien tenía que dar el primer paso para intentar remediar
tal atropello y el sector de los estibadores, que cuenta con la fuerza
necesaria para poder hacerlo, pues los daños que causaría un paro prolongado en
sus funciones, podría generar un grave problema nacional, parece hallarse en un
punto, en el que la férrea unidad de todos sus miembros, podría dar
definitivamente al traste con el plan concebido desde las altas esferas para
ellos, pues si se mantienen en sus posiciones de no dar un solo paso atrás,
poco o nada se podría hacer para evitar que el transporte de mercancías por vía
marítima, quedara totalmente inutilizado, durante varios meses.
Conocidos por su perseverancia en alargar las huelgas, los
estibadores, que ayer mismo contaron con el apoyo de compañeros llegados de
diversos lugares del mundo, han comenzado a recorrer un camino de resistencia
contra los abusos incontrolados que se vienen cometiendo, que podría sentar un
importante precedente en la reavivación de la lucha por los derechos, bastante
abandonada durante los años de la crisis, pero proclive a revivir, si
finalmente se logran los objetivos marcados por estos valientes.
Apoyar su resistencia y el valor de mantenerse firmes en sus
posiciones, resulta en estos momentos fundamental, pues si de veras se quiere
cambiar la terrible situación de precariedad que padecen la mayoría de los
trabajadores de todos los sectores y muy particularmente los jóvenes, no queda
otra opción que la de ir desterrando el miedo para hacer frente, cuanto antes,
a la explotación de que somos objeto,
con las únicas armas con que contamos, desde nuestra posición de inferioridad y
que no son otras que negarnos a trabajar, si no es a cambio de un salario
digno.
Consentir que se continúe despidiendo a los trabajadores de
mayor edad, para reconvertir el puesto que ocupaban en tres o cuatro de nueva
creación, repartiendo un salario que les permitía vivir con cierta comodidad,
entre los recién llegados, a base de unos quinientos euros, por jornada
completa, nos hace, en cierta medida, cómplices de estos inaceptables
atropellos.
Y no vale hacer alusiones a la necesidad perentoria de
reconvertir determinados sectores, por meras exigencias europeas, pues al final,
siempre se olvida mencionar que el nivel de vida de los trabajadores alemanes o
franceses, por ejemplo, por no hablar de los suecos o noruegos, supera con
creces, el que se nos permite tener a los españoles, por realizar el mismo
trabajo, en condiciones que dejarían mucho que desear, si se midieran los
niveles de horarios o derechos.
Resulta pues fundamental, que los estibadores ganen este
pulso, que pone en jaque la supremacía de los Señores del dinero y que les
recuerda que muy a su pesar, si nuestros brazos caen, esos beneficios que
obtienen a base de exprimir nuestras fuerzas, bien podrían terminar por
extinguirse, sin que nada puedan hacer por evitar su propio desastre.
Ya iba siendo hora de que alguien alzara la voz, recordando
que los tiempos en que la esclavitud era algo habitual, terminaron,
afortunadamente y que la unión de los trabajadores, su perseverancia y su
valentía, son aún capaces de transformar un mundo que ha empezado a resultar
demasiado incómodo para vivir, para la mayoría de la gente.
Ni un paso atrá. Estamos con vosotros.

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