Resulta ciertamente escandaloso que ni siquiera logre
sorprendernos la petición del fiscal Horrach, en relación a la condena de Iñaki
Urdangarín, mostrándose partidario de que pueda eludir su pena de cárcel a
cambio de una compensación económica, aún por determinar, al menos, hasta que
el Supremo resuelva el recurso que presentan sus abogados y que mucho nos
tememos que terminará por rebajar, como en otros casos, la sentencia dictada
por el Tribunal que acaba de juzgarle y que como ya dijimos, para los ciudadanos,
resulta del todo insuficiente.
Pero cuando se habla
de un tema no conviene fijar la mirada en una sóla dirección y suele resultar
absolutamente productivo, prestar atención a los diferentes puntos de vista
manifestados por ciertas personas de relevancia, que de un modo u otro, se encuentran más o menos relacionadas con la
cuestión que nos ocupa, pues de este modo es mucho más sencillo encajar las
piezas de los endiablados puzles que se construyen alrededor de la clase
política, en estos momentos.
Por eso y más que por una cuestión de puro interés me senté
anoche a ver la entrevista que hizo Pedro Piqueras al Presidente Rajoy, que no
brilla precisamente por ser deslumbrante en sus actuaciones ante la prensa y
por eso, quizá, puse un enorme interés en la respuesta que ofreció el
Presidente cuando el periodista le preguntó sobre la sentencia del caso Noos y
que no pudo ser más explicativa de lo que en realidad le interesa al Gobierno,
sobre esta cuestión, ahora que todo parece haber terminado.
Rajoy, que venía con la intención preparada de hacer una
defensa a ultranza de la presunción de inocencia, como si en este país nuestro
se hubiera convertido en costumbre
denostarla y la prensa y la ciudadanía no tuvieran nada mejor que hacer
que inventar teorías acusatorias sobre personajes relevantes y del Partido
Popular en concreto, no sólo no hizo ninguna referencia a la gravedad de los
delitos cometidos por los ya condenados, sino que se permitió la licencia de
exigir una severa reflexión a ciudadanos y medios, sobre el sufrimiento infringido a
todos aquellos que han sido absueltos en esta causa, por el acoso sufrido,
según él, de manera injusta, durante los años que ha durado el proceso.
Olvidó el Presidente, creo yo que de manera absolutamente
consciente, la enorme cantidad de indicios y facturas acusatorias que señalaban
en la instrucción de Castro a Cristina de Borbón, la Mujer de Torres y otros
imputados como ellas y también, el incomprensible empeño del antes mencionado Fiscal
Horrach, por mantener a la Hermana del Rey, desde el principio, fuera del
proceso y que de no ser por la acusación particular, ni siquiera se le hubiera
puesto una sanción, a pesar de haber gastado a manos llenas el dinero de todos
los españoles, que ahora van a tener que conformarse con que tampoco los
condenados pisen la cárcel, por los delitos probadamente cometidos.
Alguien debiera aclararle al señor Presidente, que son los
ciudadanos, ésos a los que él dice representar en el puesto de máxima
responsabilidad en el País, los principales agraviados cuando se cometen esta
clase de delitos, pues lo que se defrauda, roba o blanquea, procede
directamente del esfuerzo que hacen para pagar religiosamente sus impuestos y
que hasta el momento, ni por su parte, ni por la de ninguno de los cientos de
condenados por delitos de corrupción, hemos recibido siquiera una breve
disculpa que aminore, al menos moralmente, la gravedad de los daños recibidos,
ya que este trasiego de los dineros públicos, lo único que nos traído han sido drásticos
recortes sociales, que hemos tenido que volver a pagar entre todos, sin que los
delincuentes hayan devuelto aquello que nos robaron, con total indecencia.
Esa presunción de inocencia, que defiende con denuedo Rajoy,
para determinados personajes que por una u otra causa, se vieron imputados en
multitud de delitos económicos en los últimos tiempos, es, en los ciudadanos en
general, absolutamente indiscutible, pues ninguno de nosotros, por suerte,
hemos tenido siquiera que acercarnos a declarar a ningún juzgado para demostrar
nuestra innegable inocencia y sin embargo, no parecemos siquiera tener derecho
a recibir una explicación real y plausible, sobre la verdad de todo lo
ocurrido, por parte de un Presidente, al que entre todos hemos contratado para
defender nuestros pisoteados derechos e intereses y que relega continuamente la
obligación de enfrentarse a la sociedad, no sé si por miedo o por vergüenza.
Mucho sobre lo que podría ocurrir a partir de ahora con los
condenados del caso Noos, me aclaró anoche la entrevista de Rajoy, más por
omisión que por pronunciamiento, pues como ya nos tiene acostumbrados, lo suyo
es eludir dar respuestas y a ser posible, delegar cuando llegan los malos
momentos, en personas que como Sáinz de Santamaría, se han especializado en
cubrirle la espalda, para salvaguardar una imagen cada vez más difuminada en su
flemática nebulosa de sistemático silencio.

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