viernes, 17 de febrero de 2017

Del todo insuficiente


Después de ocho meses de espera, la sentencia del caso Noos decepciona profundamente a los ciudadanos, que esperaban, por la relevancia de los personajes que aquí se juzgaban y su obligación de ser ejemplares ante la Sociedad en la que viven, una condena contundente, en la que todo el peso de la ley cayera sobre los culpables, para demostrar que a pesar de todas las presiones que han existido, la justicia en España, ha de ser igual para todos.
En su lugar, casi toda la responsabilidad de los hechos termina atribuyéndose al socio de Urdangarín, al que le cae una pena de ocho años de prisión, frente a los seis que habrá de cumplir el cuñado del Rey Felipe, mientras que a la Infanta Cristina, sólo se la condena a pagar una ridícula multa de 265.000 euros, exonerándola del cargo de complicidad que la acusación particular le atribuía, en los negocios de su marido.
Como no podía ser de otra manera, también se absuelve a la mujer de Torres, pues resultaría un agravio comparativo condenarla, mientras se libera a la Infanta, saldando así uno de los juicios más polémicos de cuántos se han celebrado en este país, por las características tan especiales que presenta, en relación con otros.
Absolutamente insuficientes le parecen estas penas a la ciudadanía, pues contribuyen al deterioro de la imagen que de la justicia se tiene en la calle, dónde se piensa que a pesar de vivir en una Nación democrática, aún se juzga en función de los apellidos o los cargos que ocupen o hayan ocupado los imputados y que en innumerables casos, sale más caro cometer un delito de robo en un domicilio particular, que saquear las arcas públicas que son patrimonio de todos, a juzgar por la dureza de las sentencias.
No podemos, a raíz de conocer las condenas, sino acordarnos inmediatamente del Juez Castro, que demostró una entereza incomparable en la instrucción de este proceso y cuyo trabajo parece haber sido ignorado del todo por este tribunal que hoy se pronuncia de manera tan leve, contra los imputados en este juicio.
Todas las presiones que no consiguieron detener a este defensor a ultranza de la justicia igualitaria y el tiempo que empleó en presentar una instrucción impecable, que satisfizo totalmente las esperanzas de que la ley fuera implacable con estos acusados, quedan ahora sin valor y seguramente se convertirán en una curiosidad que en el futuro analizarán los estudiantes de Derecho, para después decidir de quiénes deben o no aprender, para que todo funcione mucho mejor, cuando les llegue su momento de enfrentarse a casos como este.
Y mucho nos tememos, que cuando se resuelvan los recursos, que con toda seguridad presentarán los abogados de los culpables y el caso llegue al Supremo, las penas aún podrían ser rebajadas, demostrando que en este país nuestro sale, pero que muy barato corromperse y llenarse los bolsillos con el dinero que se obtiene de los impuestos que escrupulosamente pagamos todos los españoles, a los que Hacienda  no perdona ni un solo céntimo , en su declaración anual y a los que persigue sin piedad, quizá porque no pertenecen a familias de rancio abolengo.

Al final, las tesis del fiscal Horrach se han impuesto sobre las del juez Castro, poniendo de manifiesto que hizo muy bien en no implicarse en este incómodo asunto, aunque hubiera sido su principal obligación, por la naturaleza de su cargo. 

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