Después de la reunión de los líderes europeos, celebrada en
Malta, no queda otro remedio que aceptar que Donald Trump podrá hacer en EEUU
todo aquello que le venga en gana, sin que en este lado del mundo, los
políticos que ahora gobiernan sean capaces de demostrar otra cosa, que una
incomprensible tibieza.
Ha tenido que ser un Juez Federal, en su propia Nación, el
que se haya atrevido a poner freno a su disparatada política migratoria y
aunque el recién estrenado Presidente no ha tardado en recurrir sus órdenes, al
menos estos días, ha desaparecido la terrible discriminación impuesta en los aeropuertos
americanos.
En cambio a nuestros amados dirigentes, parecen darle igual
los espantosos calificativos que Trump ha dedicado a todos los musulmanes en
general y hasta que se haya pronunciado a favor de terminar fulminantemente con
las familias de los terroristas, como si incitar al asesinato de seres
inocentes no constituyera, en sí mismo, un delito y quién equipara su discurso
al que ofrecen a diario los que practican el terror, no estuvieran propiciando,
exactamente, la misma línea que tanto critica.
Tampoco tiene ninguna importancia que al conocer las medidas
tomadas por este Juez Federal, Trump se atreva a decir que si en su territorio
se produce algún acto de terror será directamente culpa del Magistrado, creando
con sus palabras en los ciudadanos, una duda razonable sobre el funcionamiento
de una Justicia, que no parece ser tal, si no coincide sumisamente con sus
planteamientos xenófobos y que de tal suerte, habría de ponerse necesariamente
a su servicio personal, ignorando la presunción de inocencia y la igualdad
entre los ciudadanos, sean de la procedencia que sean.
La declaraciones, que son en sí mismas tremendamente
escandalosas y que ignoran los principios de la ética, convirtiendo a quién las
pronuncia en una especie de dictador en potencia, ávido de manipular el inmenso
poder que le han otorgado los ciudadanos americanos, deben parecer a nuestros
líderes, sin embargo, una especie de travesura de chico rebelde, a la que ni
siquiera se atreven a calificar como populista, cosa que no hubieran tardado en
hacer si las medidas procedieran de algún representante de la izquierda.
Así que lo que vale para la mil veces mencionada Venezuela, no
sirve para EEUU, ni ninguno de los adjetivos que se dedican a Maduro, un día sí
y un día no, son aplicables a Trump, a pesar de que ambos son tremendamente
severos en el trato a su oposición, aunque definitivamente, si se pusiera el
poder que acumulan en una Balanza, Trump ganaría por goleada y por tanto, habrá
que tolerarle cuántas locuras se atreva a poner en práctica, en su propio país,
o en cualquiera de los nuestros.
Y sin embargo, que Europa otorgue tácitamente su beneplácito
a tamaño desatino, no hace, sino complicar gravemente la situación de la Unión
y la estabilidad de la propia moneda, por lo que esperar para hacer frente con
valentía, al despropósito de las nuevas políticas americanas, no puede, sino
mermar considerablemente la influencia de los socios europeos y dar lugar a un
mayor crecimiento de los Partidos de extrema derecha, que en definitiva son los
que acatan, en su totalidad, los
principios del nuevo Presidente de los Estados Unidos de América.
A la vuelta de la esquina, las elecciones francesas podrían
colocar a Le Penn al frente de su país, ofreciéndole a Trump una mano amiga, en
pleno corazón de Europa, que le ayude a torcer el destino de todos los que en
ella vivimos y mucho más, el de los que no comulgamos políticamente, con
ninguno de sus carpetovetónicos principios.
Vergüenza da, ver a esos líderes a los que no les ha temblado
el pulso para rebajar salarios y libertades en los países de la Unión agachar
la cabeza y perder la dignidad que ofrece a los seres humanos la libertad de su
propia expresión, temiendo las represalias de este recién llegado al que puede
que hayan apoyado muchos millones de sus conciudadanos, pero al que el resto
del mundo, simplemente, detesta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario