lunes, 6 de febrero de 2017

Una incomprensible tibieza


Después de la reunión de los líderes europeos, celebrada en Malta, no queda otro remedio que aceptar que Donald Trump podrá hacer en EEUU todo aquello que le venga en gana, sin que en este lado del mundo, los políticos que ahora gobiernan sean capaces de demostrar otra cosa, que una incomprensible tibieza.
Ha tenido que ser un Juez Federal, en su propia Nación, el que se haya atrevido a poner freno a su disparatada política migratoria y aunque el recién estrenado Presidente no ha tardado en recurrir sus órdenes, al menos estos días, ha desaparecido la terrible discriminación impuesta en los aeropuertos americanos.
En cambio a nuestros amados dirigentes, parecen darle igual los espantosos calificativos que Trump ha dedicado a todos los musulmanes en general y hasta que se haya pronunciado a favor de terminar fulminantemente con las familias de los terroristas, como si incitar al asesinato de seres inocentes no constituyera, en sí mismo, un delito y quién equipara su discurso al que ofrecen a diario los que practican el terror, no estuvieran propiciando, exactamente, la misma línea que tanto critica.
Tampoco tiene ninguna importancia que al conocer las medidas tomadas por este Juez Federal, Trump se atreva a decir que si en su territorio se produce algún acto de terror será directamente culpa del Magistrado, creando con sus palabras en los ciudadanos, una duda razonable sobre el funcionamiento de una Justicia, que no parece ser tal, si no coincide sumisamente con sus planteamientos xenófobos y que de tal suerte, habría de ponerse necesariamente a su servicio personal, ignorando la presunción de inocencia y la igualdad entre los ciudadanos, sean de la procedencia que sean.
La declaraciones, que son en sí mismas tremendamente escandalosas y que ignoran los principios de la ética, convirtiendo a quién las pronuncia en una especie de dictador en potencia, ávido de manipular el inmenso poder que le han otorgado los ciudadanos americanos, deben parecer a nuestros líderes, sin embargo, una especie de travesura de chico rebelde, a la que ni siquiera se atreven a calificar como populista, cosa que no hubieran tardado en hacer si las medidas procedieran de algún representante de la izquierda.
Así que lo que vale para la mil veces mencionada Venezuela, no sirve para EEUU, ni ninguno de los adjetivos que se dedican a Maduro, un día sí y un día no, son aplicables a Trump, a pesar de que ambos son tremendamente severos en el trato a su oposición, aunque definitivamente, si se pusiera el poder que acumulan en una Balanza, Trump ganaría por goleada y por tanto, habrá que tolerarle cuántas locuras se atreva a poner en práctica, en su propio país, o en cualquiera de los nuestros.
Y sin embargo, que Europa otorgue tácitamente su beneplácito a tamaño desatino, no hace, sino complicar gravemente la situación de la Unión y la estabilidad de la propia moneda, por lo que esperar para hacer frente con valentía, al despropósito de las nuevas políticas americanas, no puede, sino mermar considerablemente la influencia de los socios europeos y dar lugar a un mayor crecimiento de los Partidos de extrema derecha, que en definitiva son los que acatan, en su totalidad,  los principios del nuevo Presidente de los Estados Unidos de América.
A la vuelta de la esquina, las elecciones francesas podrían colocar a Le Penn al frente de su país, ofreciéndole a Trump una mano amiga, en pleno corazón de Europa, que le ayude a torcer el destino de todos los que en ella vivimos y mucho más, el de los que no comulgamos políticamente, con ninguno de sus carpetovetónicos principios.
Vergüenza da, ver a esos líderes a los que no les ha temblado el pulso para rebajar salarios y libertades en los países de la Unión agachar la cabeza y perder la dignidad que ofrece a los seres humanos la libertad de su propia expresión, temiendo las represalias de este recién llegado al que puede que hayan apoyado muchos millones de sus conciudadanos, pero al que el resto del mundo, simplemente, detesta.



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