lunes, 6 de febrero de 2017

Con el corazón dividido


Votan los adscritos a podemos, con el corazón dividido y con la sensación de estar traicionando al candidato al que dejan atrás, pues a la mayoría les hubiera gustado que Iglesias y Errejón hubieran llegado a un acuerdo, por aquello de que el tándem que formaron en el pasado consiguió levantar auténticas pasiones en un electorado, desencantado con la indiferencia que hacia la sociedad demostraban con sus hechos, los viejos políticos.
Votan, con la ilusión de que los resultados, sean los que fueren, logren potenciar la unidad y muchos de ellos, rompiendo por lo sano, se decantan por los anticapitalistas de Urbán y Rodriguez, que son los únicos que parecen haber mantenido una postura coherente con los principios que siempre defendieron y que pueden, si nada lo remedia, ofrecer una tercera vía, lejos de las luchas fratricidas que tanto dañan la imagen de un Partido, nacido de los movimientos asamblearios en los que todas las opiniones merecen respeto.
Votan, por primera vez, con la cabeza, en lugar de con el corazón  y habiendo analizado con minuciosidad las propuestas de estos dos candidatos que han tratado de defenderse ante los medios, cada uno como buenamente ha podido y tratando además, de leer entre líneas la naturaleza  de los mensajes que lanzan, quizá por la costumbre adquirida durante los últimos años, cuando hablaban los bipartidistas, de que todo parece tener una doble intención que dista mucho de lo que se dice, sobre todo, para evitar después, amargas sorpresas.
Muchos, hay que decir, se han dado de bruces con los estragos que en todo produce el poder y han sufrido un enorme disgusto al comprobar que aquellos en los que creyeron y en quiénes confiaron, son también, susceptibles de equivocarse en la forma de manejar las dificultades que surgen en todas las Formaciones políticas y que casi siempre, acaban separando, más que uniendo, porque a todos nos gusta que prevalezca nuestro criterio, como humanos que somos, por encima del de los otros.
Expectantes ante lo que pueda suceder, en cuanto termine el Congreso, la confianza en que el futuro de Podemos pueda mejorar los resultados obtenidos hasta ahora, en otros comicios, se diluye en un mar de dudas que no resuelven los mensajes cruzados que continúan lanzándose Iglesias y Errejón, como si nunca se hubieran conocido y se duelen de que todas las ilusiones que pusieron en ellos, cuando formaban un equipo que les parecía indestructible e imparable, hayan de  ser aplazadas sin remedio, por culpa de esta incomprensible batalla en la que no sólo intervienen los dos protagonistas principales, sino también, multitud de  figuras secundarias que no hacen otra cosa que empeorar, lo que ya de por sí, está empezando a resultar esperpéntico.
Tirar por la borda lo ganado, ofrecer a la gente la imagen deteriorada de la única izquierda que parecía tener posibilidades para desbancar a Rajoy y abusar de personalismos incompatibles con la participación de los ciudadanos en los asuntos de gobierno, parece demasiado arriesgado para una Formación  de tan corta existencia y que se juega en esta partida su permanencia o no en el Parlamento, pues la voluntad de los electores es volátil y puede cambiar radicalmente, por asuntos de una importancia mucho menor que éste.
En esta tesitura, sólo cabe esperar que el espíritu democrático de Iglesias y Errejón, al menos, permanezca intacto dentro de ellos y que uno u otro, ganador o perdedor, sean capaces de aceptar con deportividad lo que sus adscritos decidan, comprendiendo que el proyecto ha de estar, necesariamente, por encima de las personas y los equipos, por el bien de este País, al que todos dicen amar, pero por el que nadie lucha a corazón abierto, renunciando a sillones y privilegios.

Que así sea. 

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