lunes, 13 de febrero de 2017

Eterna gratitud


No se sabe qué ve Mariano Rajoy en María Dolores de Cospedal, que se nos escapa al resto de los ciudadanos, para auparla al escalafón más alto de su Partido y consentirle, desde que cometa sonados errores como aquel del finiquito de Bárcenas, hasta que vaya acumulando cargos, con el paro que sufren los trabajadores del país, sin que le escandalice esta inexplicable situación, a nuestro flemático Presidente.
Ahora que ha terminado el Congreso que ha corroborado la supremacía de Rajoy, por encima de esas corrientes de ultraderecha que pululan en el subsuelo del PP, por mucho que quieran taparlo, el ascenso de Cospedal, fulminante y con sospechas de pucherazo incluidas, parece dar a entender que la influencia de que hasta ahora gozaba Soraya Sainz de Santamaría, va empezando a languidecer y que será la manchega quien finalmente, a base de tanto trepar, se convierta en mano derecha del señor Presidente de Gobierno, arrinconando a todos aquellos que no comulguen con su peculiar manera de ser, bastante difícil de asimilar, pues no demuestra gran destreza en la resolución de los asuntos políticos.
Buscando una razón que justifique este enamoramiento repentino, esta campaña de enaltecimiento que se ha hecho patente durante todo el Congreso, uno no puede, sino imaginar que algunos favores de peso ha debido hacer Cospedal a Rajoy, a lo largo de estos últimos años de convulsión permanente que se han vivido tras las paredes de Génova y que de algún aprieto gordo le ha debido sacar, para merecer tal grado de gratitud de quien no se caracteriza precisamente, por demostrar abiertamente sus sentimientos y que suele, como todos sabemos bien, salvaguardarse tras un parapeto de mutismo, difícil de traspasar, hasta para los que le son más cercanos, incluso en los peores momentos.
Todos recordamos, porque se ha publicado en los medios hasta la saciedad, que fue Cospedal quién parece que empezó a poner freno a los negros asuntos que se trataban en los despachos de la cúpula del PP y que les han costado ser permanentemente sospechosos de una financiación ilegal, aún por demostrar en los tribunales, aunque en ello se hallan los Jueces.
Sabida es, su enemistad con Bárcenas, mil veces declarada por ella misma y por el ex tesorero y el importante papel que ha jugado la manchega en el acoso y derribo del pobre Luís, al que nuestro Presidente reclamaba valor, a través de sus SMS, pero estos sucesos, lejanos ya en el tiempo y en la memoria de los electores, no parecen bastar para justificar su imparable ascenso en la política nacional y menos aún, la extremada consideración que hacia ella se adivina últimamente, en la cúpula conservadora.
Dicen las malas lenguas que le han colocado a Maillo como vigilante de todos sus actos y muy fundamentalmente, para que no cometa de nuevo, ciertos errores y algo de verdad debe haber en esta maliciosa afirmación, pues no tiene, por sí misma, María Dolores de Cospedal, ni el carisma ni el empaque político suficiente, para afrontar lo que se le viene encima, en esta etapa en la que las negociaciones, se han convertido en algo imprescindible.
No veo yo a Cospedal, perdónenme, cediendo en casi nada y menos aún, si como es previsible, otros grupos políticos se empeñan en que abandone alguno de sus cargos, sobre todo, para que no se diga que los políticos no predican con el ejemplo, ahora que los populares no tienen la mayoría suficiente para campar por sus respetos y necesitan abiertamente de apoyos, para continuar en el Gobierno.
Dios nos coja confesados si a partir de ahora vamos a depender de Cospedal, de una manera mucho más directa y si no, que se lo pregunten a los castellano-manchegos, que aún recuerdan con horror muchas de las acciones que salieron directamente de la mano de esta señora y que les colocó, en políticas sociales, por ejemplo, a la cola del resto del país, hasta que los socialistas le ganaron el puesto.

Esperemos pues, que todo lo que tuviera que agradecer Rajoy a Cospedal, quede pagado definitivamente con este ascenso y que no vaya a más, pues sería terrible sólo pensar que pudiera llegar a ser la sucesora de Rajoy, como candidata a la Presidencia.

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