Mariano Rajoy se ha puesto al servicio de Trump, en
conversación telefónica, ofreciéndose como mediador entre Estados Unidos,
Europa y la OTAN y abandonando descaradamente a su suerte a países que como
México, no sólo han estado tradicionalmente hermanados con España, sino al que
debemos la impagable deuda de haber acogido a muchos exiliados y emigrantes,
durante muchos años, cuestión que parece haber olvidado nuestro actual
Presidente, que no ha dudado en colocarse al lado de la nación más poderosa del
mundo, a pesar de las críticas feroces que está recibiendo quién ha empezado a
gobernarla hace sólo unos días, con un radicalismo estridente.
Poco ha tardado el PSOE en calificar a Rajoy como el
mayordomo de Trump, por boca de sus principales dirigentes, obviando el hecho
de que fueron los voto de sus Diputados los que le convirtieron en Presidente y
a pesar de que gracias a su impagable ayuda, ha conseguido sacar adelante
muchos de los proyectos que llevaba en cartera, en contra de la opinión de
otros grupos que conforman el arco
político del Parlamento.
Quiero con esto decir, que si Rajoy se convierte en Mayordomo
de Trump, como auguran los socialistas y siguiendo estrictamente los rangos
establecidos, en cuanto al servicio, por la nobleza, al PSOE le tocaría hacer
las funciones de lacayo, que es quién se encuentra por debajo del encargado de organizar las labores
concernientes a la casa y teniendo que cumplir estrictamente las órdenes
recibidas desde arriba, a riesgo de ser despedido con cajas destempladas, si
falta en algún momento, a la debida obediencia.
Ese despido bien podría dar al traste con las ambiciones
expresadas por nuestro actual Presidente, al que no quedaría más remedio que
convocar nuevas elecciones, justo en uno de los peores momentos de cuántos ha
atravesado el PSOE, en todos sus años de existencia.
Así que muy a su pesar, a los socialistas no les va a quedar
otra opción que seguir escrupulosamente el camino marcado por este Mayordomo
sumiso, en sus relaciones con el amo del mundo y acatar, de buen grado o a
regañadientes, todas las locuras políticas que a Trump se le puedan ocurrir, en
sus cuatro años de mandato, si el resultado de las primarias no propicia un giro a la izquierda.
Atreverse a criticar a Rajoy, mientras se firman acuerdos con
él, dentro y fuera del Parlamento, queriendo hacer ver a los ciudadanos que el
tono político de los que lideran el socialismo en España, no ha sufrido un
considerable deterioro que le iguala significativamente con el empleado por la
derecha, es además de una osadía, una desfachatez, porque vuelve a poner en
duda la inteligencia de los españoles, que han asistido atónitos a todo el
desarrollo de la guerra interna que mantienen abierta y que han visto, con toda
claridad, como se han ido deteriorando los principios ideológicos que siempre
caracterizaron a este Partido.
Si Rajoy, a partir de ahora, sirve a Trump con lealtad y
firmeza, los socialistas también lo harán, porque aún está fresco el recuerdo
de las discrepancias que mantuvo Zapatero, con el entonces Presidente Bush y el
trabajo que costó después restablecer las buenas relaciones entre los dos
Países, que no se normalizaron totalmente, hasta que Rajoy se hizo con el
Gobierno.
Hablar por hablar, decantarse por un discurso que uno sabe de
antemano que no podrá cumplir, no hace, sino potenciar el hartazgo que los
ciudadanos demuestran hacia determinadas Formaciones políticas y desde luego,
perjudicar seriamente la imagen de los que se definen a sí mismos utilizando
estas tácticas, de cara a lo que pueda pasar en cuanto se convoquen otros
comicios, por adelantado o en su momento.
Dar patadas al aire, tratar de hacerse pasar por quién no se
es y criticar, a la vez que uno se
aviene a determinados e incomprensibles acuerdos, ni sirve absolutamente para
nada, ni ayuda a corregir los gravísimos errores cometidos en el pasado, que
van a perseguir al PSOE, durante mucho tiempo.
Ser coherente con lo afirmado, sólo sería posible, si los
socialistas se comprometieran sin subterfugios a dejar gobernar en solitario a
Rajoy, asumiendo todas las consecuencias.
Si no lo hacen, les guste o no, serán, los lacayos de este
mayordomo que se ofrece a extender la alfombra roja a Trump, para que entre en
Europa por la puerta grande, como si fuera una estrella de cine.

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