Las primeras sentencias que condenan a los principales
acusados de la Gurtel, por el caso Fitur de Valencia y que envían a Correa,
Castro y el llamado Bigotes, durante trece años a prisión, pillan al PP saliendo
de su glamuroso Congreso y hacen que la justicia vaya, en cierto modo,
empezando a estrechar el círculo que relaciona a este Partido con una presunta
financiación ilegal y a muchos de sus cargos aún en activo, con sospechosas
actividades de concesiones de obras y eventos, a cambio de dinero, como están
dispuestos a declarar, nueve empresarios que parecen haber llegado a un acuerdo
con la Fiscalía.
Por fin, una brizna justicia ilumina el panorama político
español, inaugurando una etapa en la que posibles corruptores y corruptos habrán de pensarse con calma si merece la
pena jugar con la limpieza de las concesiones futuras, sin tener la seguridad
de que pueden salir impunes de tales acciones, como había venido sucediendo,
hasta ahora, desde hace demasiados años.
La importancia que tienen estas sentencias y el hecho de que
los jueces hayan rechazado conceder la libertad vigilada a los culpables, por
considerar que existe en todos los casos, un riesgo evidente de fuga, es
justamente la de marcar unas diferencias notables entre lo que ocurría en el
pasado y lo que puede suceder a partir de ahora, si estas prácticas volvieran a
repetirse y sobre todo, la de hacer entender a los ciudadanos que nadie podrá
gozar de impunidad, llámese como se llame y ocupe el cargo que ocupe y aunque
momentáneamente, los tres condenados no hayan pertenecido expresamente a ningún
Partido político, nadie puede negar, a la vista de lo que se ha ido conociendo
a lo largo del juicio, su estrechísima relación con la cúpula del PP.
La condena es pues, un aviso a esos navegantes que aún
conservaban la esperanza de que todo quedara en agua de borrajas y que esta
maraña de corrupción se fuera diluyendo con el paso del tiempo, recordándoles
que este capítulo de la Gurtel no es más que el principio de lo que aún queda
por venir y que los jueces no tienen pensado dejarse influenciar por presiones
políticas, que les aparten de su cometido esencial, que no es otro que
demostrar a la sociedad, que en la Justicia, no ha lugar a privilegios.
Mucho han tenido que ver en que esto haya podido salir
adelante la llegada al Parlamento de los Partidos nuevos y sobre todo el hecho
de que las mayorías absolutas con las que nos hemos visto obligados a convivir
en el pasado, sean hoy, afortunadamente, un mal recuerdo.
Cuando lleguen por fin a conocerse las sentencias del caso
Urdangarín, de la Púnica, del caso Bárcenas o de esta misma Gurtel, cuya
extensísima tela de araña recorría todos los territorios del país, las piezas
del puzzle, que durante muchísimo tiempo se han tratado de ocultar a la mirada
curiosa de esta sociedad nuestra, irán encajando y los culpables pagarán, más
temprano que tarde, por haber esquilmado las arcas públicas sin piedad y sobre
todo por haberlo hecho, presuntamente, en tiempos tan extremadamente difíciles.
Una sensación de tranquilidad, empieza a embargar nuestras
conciencias y el hecho de saber que estos tres individuos dormirán a partir de
esta noche en prisión, no puede sino aportar a nuestras vidas, un poco de
alegría.
Al fin y al cabo, el dinero que defraudaban era el nuestro y
a ellos y otros muchos de su misma condición, debemos en parte, los terribles
recortes que en materias imprescindibles, como la Educación o la Sanidad, hemos
venido sufriendo, mientras que se nos exigían más y más sacrificios, durante
los años de esta interminable crisis.
A ellos y a los que con ellos se relacionaron estrechamente, debemos
que nuestras vidas se hayan deteriorado, mientras las suyas mejoraban
considerablemente y la incomprensible sensación de haber empezado a caer en un
pozo sin fondo del que no logramos salir, pues los recursos necesarios para
poder hacerlo, se esfumaron en sus maletines, rumbo a esos paraísos fiscales,
que son intocables para los políticos que nos gobiernan.
Deseamos pues, que todos y cada uno de ellos, paguen sus
culpas, sin cabida para la compasión o la clemencia, que los jueces no duden en
aplicar a rajatabla la ley, en toda su crudeza y sobre todo, que se les exija
la devolución total de todo lo robado, pues es el fruto de nuestro trabajo, el
que se han apropiado sin pudor ni vergüenza, esta serie de maleantes de guante blanco, corbata y lujosa vestimenta.

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