Hace años, cuando Enrique Tierno Galván empezó a hacerse
incómodo para el PSOE y a hacer sombra a Felipe González , en cuestión de
carisma, no se dudó en momento en colocarle como candidato a la Alcaldía de
Madrid, esperando algunos quizá, que fracasaría en un intento que después
resultó ser uno de los triunfos más relevantes de cuántos han tenido los
socialistas a lo largo de su historia, convirtiendo al Viejo Profesor, en una
de las figuras más emblemáticas de la transición y en el Alcalde más querido de
cuántos ha tenido la Capital, desde la llegada de la Democracia.
Nunca sabremos qué habría pasado con él, de no haber
fallecido tan prematuramente, ero esa especie de castigo que contra su persona
se infringió, no salió precisamente todo lo bien que algunos socialistas de
relevancia esperaban, pues la valía personal y humana del candidato brillaban
por sí mismas, de tal suerte, que lograron convencer, sobre todo a la juventud
de que Madrid nunca había estado en mejores manos que en las de aquel que parecía sobrar en la
ejecutiva de su propio Partido.
Algo parecido, aunque con menos repercusión, sucedió con Gallardón
en el PP,hasta que a Mariano Rajoy no le quedó otra opción después, que
convertirle en Ministro, por mucho que luego las cosas se torcieran y tuviera
que marcharse apresuradamente, por su inesperado giro hacia posiciones
demasiado recalcitrantes, en temas muy concretos.
La historia parece volver a repetirse ahora con Errejón, a
quién se castiga su osadía de enfrentarse a Iglesias con el difícil reto de
plantearle una candidatura a la Presidencia de la Comunidad madrileña, como si
los puestos de relevancia en este preciso lugar, en vez de premiar la buena
labor de determinados políticos, fuera una trampa en la que purgar la culpa de
ser ambiciosos, aunque mucho nos tememos que en este caso en particular,
aquello que ocurrió con Tierno pudiera volver a repetirse, aupando de nuevo al
desterrado líder de Podemos, a posiciones mucho más relevantes que la que ahora
le ofrece la nueva directiva de su partido.
Errejón tiene empaque y carisma para superar con creces este
reto y hacen mal, los que esperan que fracase en la nueva misión que se le
encomienda, pues bien pudieran encontrarse con que el personaje no sólo
cumpliera con creces el objetivo propuesto, sino que terminara por convertirse
en un nuevo símbolo de Madrid, ya que no le faltan, ni inteligencia, ni
arrestos para ello.
Comete un grave error la nueva ejecutiva de Podemos,
apeándole del lugar en el que se encontraba, pues como dijimos el otro día,
cuando los vencedores dejan de ser generosos y castigan sibilinamente a los
vencidos, se arriesgan a dejar sin resolver un conflicto que puede enquistarse,
prolongando en el tiempo un enfrentamiento que con un poco de benevolencia,
podría haberse solucionado de manera menos cruenta.
No pierdan de vista a Errejón, a partir de ahora, porque no
sería el primero ni será el último que escala puestos en política, desde
posiciones de segunda fila y también porque no parece este líder, de los que
suelen rendirse sin luchar ante los
golpes que da la vida, aunque éste haya sido, en principio, asestado con
ferocidad por sus opositores, que no han sido capaces de perdonar su
atrevimiento.
Pese a quién pese, Irene Montero, ni tiene ni tendrá nunca,
por mucho que se empeñe, el peso que Errejón ha tenido en Podemos y aunque la
gente olvida con facilidad, nadie puede dudar que el tándem formado por Errejón
e Iglesias ha sido el alma mater del ascenso de este Partido y que sus más de
cinco millones de electores, que apostaron en su momento por esta unidad, bien
podrían cambiar de opinión, después de lo sucedido en Vista Alegre.
El tiempo lo dirá. Pero aquella ilusión que fueron capaces de
generar en la gente el ganador y el que ha perdido, ya nunca volverá a ser la
misma. Eso es lo único que queda claro en este momento.

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