jueves, 2 de febrero de 2017

Querida Carolina


Los efectos colaterales de la lucha que vienen manteniendo Iglesias y Errejón, en Podemos, empiezan a notarse de manera evidente y hacen que por hartazgo, líderes de la categoría de Carolina Bescansa y algunos otros de nombres menos conocidos, decidan echarse al lado evitando quedar en medio de una confrontación, que para la mayoría de los adscritos y simpatizantes, no tiene ningún sentido.
 Todos sabemos que esta valiosísima mujer fue una de las fundadoras del movimiento que dio origen al nacimiento de Podemos y también, que con su admirable templanza ha sabido luchar, sin aspavientos, porque se produjera un cambio real en la terrible situación política que se vive en este País, casi siempre, como impagable mediadora en el debate de sus compañeros, quedando injustamente ella misma relegada a un puesto inferior, a pesar de que  por méritos propios se encontraría a la misma altura que cualquiera de ellos.
Esta vez no ha podido ser y aunque hace  ya tiempo que Bescansa venía advirtiendo a los principales protagonistas de esta absurda batalla, del inconveniente que para el Partido estaban suponiendo estos enfrentamientos emitidos en riguroso directo, día sí y día no, a través de las redes y los medios, los dos han ignorado olímpicamente su mensaje y el acto de Vista Alegre se celebrará, para desconcierto de todos, sin que hayan podido o querido alcanzar un acuerdo.
 No se puede, sino aplaudir a Carolina por su renuncia, por pura coherencia y porque con su intachable manera de actuar, en una ocasión como ésta, no hace, sino demostrar tácitamente que considerarse imprescindible en una Organización como Podemos, no es más que pura vanidad, pues de seguro, todo seguirá funcionando, aunque sean otros los que ocupen los primeros puestos.
Esta lección de dignidad, que Bescansa ofrece de manera gratuita a Iglesias y Errejón y también a todos aquellos que confiaron en el ilusionante proyecto que prometieron, ha de ser por tanto, admitida, como un regalo impagable sobre el que merece la pena reflexionar, antes de hacer añicos la esperanza de más de cinco millones de votantes, que esperaban una conducta diferente en estos líderes de nuevo cuño que a pesar de su juventud, fueron capaces de acabar con el letargo que dominaba a unos ciudadanos, desencantados en general, con el mundo de la política.
Ni un reproche para su sabia decisión, pues no se puede, sino compartir con ella, la elegancia de marcharse a tiempo, pues lo suyo, más que un abandono de responsabilidades, se convierte en una señal de alarma,   que enciende las conciencias de miles de ciudadanos anónimos, que una vez soñaron con que existían políticos, que de verdad contaban con ellos.
Algo, debió sin duda, perderse en el camino, para que se haya llegado al momento que vivimos en el presente y que recuerda peligrosamente a las luchas internas que durante los años pasados se han venido librando en los viejos Partidos, consiguiendo que uno se pregunte si de verdad había diferencias entre ellos y Podemos.
Y no basta con desear que la cordura acabe imponiéndose sobre las discrepancias personales o las luchas por un liderazgo que en nada ayuda al ansiado empoderamiento de la gente corriente. Habrá, que admitir errores, asumir culpas, pedir el necesario perdón y luchar con uñas y dientes, para que vuelva la unidad, pues los líderes van y vienen y levantan, en la misma medida, rechazos y pasiones, según se vayan comportando a los ojos de los que tienen la potestad de otorgar el poder o quitarlo y que no es otro que el pueblo.
Podemos nació precisamente, como una contestación al narcisismo de las clases políticas y sobre todo, para intentar hacer desaparecer las distancias que se habían hecho vastas y persistentes, entre la calle y las Instituciones, que en justicia, deben representar los intereses de las mayorías y no los de unos cuantos privilegiados, por razón de sus cargos o abolengo.

Querida Carolina: gracias por tu dedicación y tu ejemplo. Un buen político, no es aquel que se empeña en conservar el poder a perpetuidad, sino aquel que sabe marchar discretamente, cuando cree que ha llegado el momento.

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