Los efectos colaterales de la lucha que vienen manteniendo
Iglesias y Errejón, en Podemos, empiezan a notarse de manera evidente y hacen
que por hartazgo, líderes de la categoría de Carolina Bescansa y algunos otros
de nombres menos conocidos, decidan echarse al lado evitando quedar en medio de
una confrontación, que para la mayoría de los adscritos y simpatizantes, no
tiene ningún sentido.
Todos sabemos que esta
valiosísima mujer fue una de las fundadoras del movimiento que dio origen al
nacimiento de Podemos y también, que con su admirable templanza ha sabido
luchar, sin aspavientos, porque se produjera un cambio real en la terrible
situación política que se vive en este País, casi siempre, como impagable
mediadora en el debate de sus compañeros, quedando injustamente ella misma
relegada a un puesto inferior, a pesar de que
por méritos propios se encontraría a la misma altura que cualquiera de
ellos.
Esta vez no ha podido ser y aunque hace ya tiempo que Bescansa venía advirtiendo a los
principales protagonistas de esta absurda batalla, del inconveniente que para
el Partido estaban suponiendo estos enfrentamientos emitidos en riguroso
directo, día sí y día no, a través de las redes y los medios, los dos han
ignorado olímpicamente su mensaje y el acto de Vista Alegre se celebrará, para
desconcierto de todos, sin que hayan podido o querido alcanzar un acuerdo.
No se puede, sino
aplaudir a Carolina por su renuncia, por pura coherencia y porque con su intachable
manera de actuar, en una ocasión como ésta, no hace, sino demostrar tácitamente
que considerarse imprescindible en una Organización como Podemos, no es más que
pura vanidad, pues de seguro, todo seguirá funcionando, aunque sean otros los
que ocupen los primeros puestos.
Esta lección de dignidad, que Bescansa ofrece de manera
gratuita a Iglesias y Errejón y también a todos aquellos que confiaron en el
ilusionante proyecto que prometieron, ha de ser por tanto, admitida, como un
regalo impagable sobre el que merece la pena reflexionar, antes de hacer añicos
la esperanza de más de cinco millones de votantes, que esperaban una conducta
diferente en estos líderes de nuevo cuño que a pesar de su juventud, fueron
capaces de acabar con el letargo que dominaba a unos ciudadanos, desencantados
en general, con el mundo de la política.
Ni un reproche para su sabia decisión, pues no se puede, sino
compartir con ella, la elegancia de marcharse a tiempo, pues lo suyo, más que
un abandono de responsabilidades, se convierte en una señal de alarma, que enciende las conciencias de miles de
ciudadanos anónimos, que una vez soñaron con que existían políticos, que de
verdad contaban con ellos.
Algo, debió sin duda, perderse en el camino, para que se haya
llegado al momento que vivimos en el presente y que recuerda peligrosamente a
las luchas internas que durante los años pasados se han venido librando en los
viejos Partidos, consiguiendo que uno se pregunte si de verdad había
diferencias entre ellos y Podemos.
Y no basta con desear que la cordura acabe imponiéndose sobre
las discrepancias personales o las luchas por un liderazgo que en nada ayuda al
ansiado empoderamiento de la gente corriente. Habrá, que admitir errores,
asumir culpas, pedir el necesario perdón y luchar con uñas y dientes, para que
vuelva la unidad, pues los líderes van y vienen y levantan, en la misma medida,
rechazos y pasiones, según se vayan comportando a los ojos de los que tienen la
potestad de otorgar el poder o quitarlo y que no es otro que el pueblo.
Podemos nació precisamente, como una contestación al
narcisismo de las clases políticas y sobre todo, para intentar hacer
desaparecer las distancias que se habían hecho vastas y persistentes, entre la
calle y las Instituciones, que en justicia, deben representar los intereses de
las mayorías y no los de unos cuantos privilegiados, por razón de sus cargos o
abolengo.
Querida Carolina: gracias por tu dedicación y tu ejemplo. Un
buen político, no es aquel que se empeña en conservar el poder a perpetuidad,
sino aquel que sabe marchar discretamente, cuando cree que ha llegado el
momento.

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