lunes, 30 de noviembre de 2015

Memoria del pasado


Mucho debe estar apretando Francia a Mariano Rajoy, con el tema de Siria, como para obligarle a comparecer desde París, defendiendo la colaboración española en la lucha contra el terrorismo, aunque sin atreverse aún a sumarse a los bombardeos, seguramente recordando la experiencia en Irak que protagonizó José María Aznar , en contra de la opinión ciudadana y que costó al PP la pérdida de las Elecciones generales, que ganó Zapatero.
Hace bien Rajoy en conservar fresco el recuerdo de ese hecho, a solo unos días de la celebración de los nuevos Comicios, pues se encuentra en una encrucijada parecida a la que se enfrentó su compañero ex Presidente y sabe  que al pueblo español, este asunto de las guerras, le provoca un diametral rechazo, que podría verse reflejado, si finalmente se decide participar en ella, en los resultados que están a la vuelta de la esquina, de manera absolutamente irreparable, para las ambiciones del PP.
Todo dependerá, creo, de la opinión que sobre este asunto tengan líderes de peso internacional, como Merkel y Obama, a los que Rajoy está acostumbrado a obedecer mansamente en todas las órdenes recibidas y de la presión que sobre su persona lleven a cabo, en estos últimos días que restan hasta el veinte de Diciembre, pues si sus exigencias terminan por convertirse en inapelables, no cabe la menor duda que Rajoy, como siempre, cederá y enviará, otra vez en contra del sentir popular, tropas a Siria, aunque con ello se juegue el puesto.
Naturalmente, sus adversarios políticos, ya en campaña, esperan ávidos de nuevas noticias, la decisión del Presidente, con la intención de aprovechar en su favor el enorme error que cometería Rajoy si se sumara a la intervención militar, poniendo patas arriba, los augurios de las encuestas y es más que probable, si acaso ocurriera,  que los beneficiados de su pérdida de votos fuera sin ningún género de dudas, los Partidos de la izquierda, que tradicionalmente se ha opuesto categóricamente a este tipo de acciones, como todos sabemos.
Sin embargo, no debe ser fácil lidiar, en esta ultimísima etapa de la legislatura, con problemas de tal magnitud y además, sin hacer amago siquiera, de argumentar en su defensa, ya que la negativa a participar en el debate del próximo día siete, pone a Rajoy fuera de juego, a la hora de poder explicar sus próximas intenciones y si finalmente será posible alargar o no, hasta después de las elecciones, el momento de dar a Francia una respuesta.
Tiembla el PP, ante la incertidumbre y también porque probablemente, como otras veces, Rajoy decidirá en soledad su posición en este asunto, aunque en este caso, quizá le convendría, si quiere tener posibilidades de formar nuevo gobierno, acercarse un poco más a la opinión popular, que a lo que le susurran en la oreja unos asesores, que no han dado jamás muestras de querer lo mejor para él, o al menos, esa ha sido la percepción que hemos tenido todos nosotros, en estos cuatro años eternos.
Solo le queda, rezar lo que sepa, para que Hollande y los demás le concedan una prórroga en este partido ya iniciado, que reclama su ayuda urgente y que pueda esperar a entrar en el juego, aunque sea en el segundo tiempo, contando, claro está, con que todo le vaya bien en las Elecciones, con que pueda formar sólo o en compañía de otros, gobierno y tener una mayoría suficiente, como para vencer la negativa segura de los otros a la intervención militar, en el nuevo Parlamento.
Ya les digo que lo tiene, pero que muy difícil.


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