Con Bruselas paralizada y tomada por el ejército y una
psicosis te terror instalada en los países que la circundan y principalmente,
en Francia, Turquía derriba un avión ruso, alegando violación de su espacio
territorial, recrudeciendo una crisis que parece no tener fin, en este periodo
negro de nuestra historia.
Las reacciones internacionales a este suceso no se harán
esperar, aunque Rusia asegura que el avión se encontraba dentro de las
fronteras de Siria, pero el incidente viene, en cierta medida, a sumarse a toda
la suerte de despropósitos que están ocurriendo en estas tres últimas semanas,
colocando en una difícil situación al gobierno turco, que también sufre y bien
de cerca, lo que acaece en su país
vecino y la llegada imparable de refugiados, que tratan desesperadamente de
ponerse a salvo de tanta barbarie.
Quizá por eso y como recompensa a su esfuerzo, ciertos
líderes europeos hablaban estos días de permitir la entrada de Turquía en la
Unión Europea, pues más vale contar con la complicidad de un socio cuando las
cosas vienen mal, al que poder exigir, de algún modo, una cooperación mayor de
la que ya practica, comprando con dinero, al fin, que los refugiados no se
aproximen aún más a las fronteras alemanas, que en el fondo es lo que a todos
ellos les gustaría, en vista de la bonanza económica que en este país se
disfruta.
Derribar este avión, hubiera o no salido de las lindes
sirias, va a suponer para Turquía, al menos, un parón en sus aspiraciones casi
logradas de entrar en una Comunidad, que siempre la rechazó alegando violación
de derechos humanos, aunque más bien, fuera por cuestión de diferencias
religiosas y culturales, que para los socios en general y para los más fuertes
en particular, no eran plato de gusto.
Ahora, algunos no tardarán en decir que derribar el avión
ruso no es más que una manera de apoyar tácitamente a los grupos yihadistas, o
al incombustible presidente sirio, mientras los europeos se esfuerzan, tras lo
ocurrido en Francia, en combatir precisamente a estas dos facciones y que aunque Turquía no llegue a declarar
abiertamente su postura en este conflicto, probablemente esté, por tradición,
más cerca de los islamistas, que de los descreídos europeos que durante tanto
tiempo la despreciaron y que ahora la necesitan desesperadamente.
Será difícil encontrar la verdad de lo que acaba de suceder
en ese espacio aéreo, pero lo que es seguro, es que Rusia reclamará
responsabilidades directas a Turquía y que, probablemente, obtendrá además, el
apoyo francés, por haberse prestado tan solícitamente a colaborar con ella, en
los bombardeos.
Como verán, la crisis, que en principio parecía ser un
episodio más de los muchos atentados sangrientos cometidos por todo el mundo,
se agrava por momentos, implicando a más naciones de las que se hubiera podido
suponer, si volvemos los ojos a lo que pasó en 2004 en Madrid y a cómo actuaron
entonces, nuestros amigos en Europa.
Demasiado silencio, me parece, guarda de momento el
Presidente norteamericano, que a pesar de haber condenado implícitamente los
atentados y haber declarado su simpatía por la causa Francesa, permanece un
poco al margen de las medidas adoptadas por Francia y Rusia, como si el
conflicto le pillara demasiado lejos, aunque si se mira bien, Siria está prácticamente
a la misma distancia que Irak, en dónde empezó, con su rocambolesca
intervención armada, toda esta historia de violencia.
En España, podemos estar medianamente tranquilos, al menos
hasta que pasen las elecciones, y en función de quién pueda ganarlas, ya
veremos cómo se desarrollarán los acontecimientos tras el 20 de Diciembre.
Todos sabemos que en el fondo y por tradición, Rajoy está
deseando enviar tropas en apoyo de Francia, pero la derrota electoral de 2004,
dio una lección al PP, que no podrá olvidar jamás y que ahora sirve para
disfrutar de esta tregua, que no se prolongará si Rajoy volviera a vencer en
los cada vez más próximos Comicios.

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