Este Diciembre, que se presenta inusualmente movido, por la
cercanía de las Elecciones Generales al periodo vacacional, resulta para los
españoles, sin embargo, mucho más trascendental de lo que pensamos, si se tiene
en cuenta que en estos Comicios nos jugamos, bien una continuidad en los
programas iniciados por las Formaciones que han constituido, hasta ahora, el
llamado bipartidismo o bien, un cambio necesario que nos aleje de unas
políticas de recortes, que han sido la tónica de las dos últimas legislaturas y
que han llevado a la mayoría de nosotros, a una situación de insostenibilidad
vital, que a mi parecer, nadie merece.
Antes de que comiencen
las luchas electorales y nos veamos obligados a asistir a la encarnizada
batalla que sin duda iniciaran los líderes de los principales Partidos, los
unos contra los otros, los Debates televisados, con sus recíprocos reproches y
las poses perfectamente estudiadas, ensayadas y sobreactuadas, sobre los
púlpitos engalanados para la ocasión de los Mítines, conviene reflexionar en
soledad, lejos de influencias impuestas y del torrente de promesas en el aire,
que con toda seguridad, nos acosarán por todas partes en los días venideros,
preguntándonos, sobre todo, qué valor damos cada cual a nuestro voto y en qué
cuestiones basaremos la decisión de otorgar nuestra confianza a un determinado
Partido, cuando el día veinte acudamos a las urnas.
Ya les digo que de poco sirve estudiar los programas, pues
todos ellos han de estar preparados escrupulosamente, por asesores
especializados en la materia, o basar el voto en una cuestión de prudencia,
pues es obligación de cualquier político que se precie, hacer de la
incertidumbre popular, un arma con la que comer terreno a sus oponentes,
amedrentándonos con pesadillas venideras, que casi nunca se convierten en
realidad, si la tendencia por la que nos decidimos, no recuerda a pasadas
experiencias de intolerancia contra determinados colectivos y aunque la
angustia es fácil de instalar en aquellos que aún tienen algo que perder, la
veteranía de haber asistido ya, al transcurrir de bastantes legislaturas de
distinto signo, nos hace presagiar que con temor o sin él, al final, quién
llega al poder sale adelante con mayor o menor éxito, según sea la intención de
las medidas que adopte y si esas medidas favorecen o no, al grueso de los
ciudadanos.
Yo suelo, en esta reflexión, dejarme guiar por un pálpito de
afinidad, con el candidato que tengo enfrente. Esto es, doy mi voto, a aquel
que dice lo que yo diría, si ocupara el sitio que él ocupa y procurando que la
línea de actuación que me ofrece, se encamine a que podamos a conservar
aquellos logros sociales que tanto nos costó conseguir y a cambiar todas
aquellas cosas que se hicieron mal, a ser posible, por otras que mejoren las
vivencias cotidianas de todos, en igualdad e independientemente de nuestra
procedencia.
Ahondando un poco más, no viene mal tirar de la memoria, en
la que todos guardamos los recuerdos almacenados a lo largo del tiempo, para
decidir si nuestra vida ha cambiado para mejor o para peor, con aquellos
gobernantes que hasta ahora tuvimos y si
nos apetece, por ello, repetir o no, la experiencia, siempre teniendo en
cuenta, que las expectativas que salgan de estas Elecciones, no solo marcarán
nuestro futuro personal, sino también el de todos aquellos que nos rodean,
empezando por el núcleo familiar y terminando por el último habitante del país,
pues esto de la política, nos incumbe a todos y cada uno de nosotros.
Con estas premisas, y poniendo una pizca de imaginación, pues
soñar con lo que nos gustaría que fuera España, es gratis y no está sometido a
la vigilancia de Hacienda, resulta bastante difícil formar parte de ese nutrido
grupo de indecisos, cuyos votos parece que serán la clave que otorgue el poder,
tras el día veinte de Diciembre, puesto que nadie mejor que uno mismo conoce la
situación que padece y en su gesto, a la hora de introducir la papeleta en la
urna, está la posibilidad de cambiarla o de que permanezca como está, según qué
nombre encabece la lista que haya elegido.
Mi consejo, es que no se dejen embaucar por los cantos de
sirena que les susurrarán al oído, las viejas y las nuevas voces, ya que la
parafernalia mitinera que se avecina, tiene mucho más de espectáculo que de
compromiso real y que decidan, más por
convicción que por influencia.
Miremos todos y cada uno, quiénes somos, dónde estamos, a qué
grupo pertenecemos, si tenemos o no, la posibilidad de vivir con dignidad, si
se respetan nuestros derechos, si nos parece que la justicia es igual para
todos nosotros, si nuestros hijos tendrán la oportunidad de poder labrarse un
porvenir y si podremos confiar o no, en que alguien nos atienda en la
enfermedad, o nos veremos obligados a depender de un seguro privado, si nos
parece mucha o poca, la corrupción de los políticos y si los que nos han
gobernado, han cumplido o no, alguna de las promesas que nos hicieron, en
pasadas campañas electorales, exactamente iguales a ésta.
Y después, busquemos nuestro propio camino, en libertad.
Ya les digo, que es la mejor receta.

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