Los peores temores del PP se han materializado hoy en el
Parlamento catalán, cuando los grupos nacionalistas han conseguido sacar
adelante la resolución para iniciar el proceso de separación del Estado
español, que desde hace tiempo, venían defendiendo.
El resultado de la votación, que ha sido ampliamente
aplaudido dentro y fuera del Parlamento, pone las cartas en manos de Rajoy, al que consigue
dejar, a los ojos de los ciudadanos, en total evidencia, por no haber sido
capaz de solucionar un conflicto que ahora llega a su punto álgido y cuyas
consecuencias resultan aún impredecibles, sin conocer la respuesta que dará el
Gobierno español, a partir de mañana.
Durante mucho tiempo, observadores nacionales y extranjeros
se han venido quejando de la falta de comunicación existente entre los
representantes gubernamentales de España y Cataluña, advirtiendo con absoluta
seriedad al Presidente Rajoy que no era suficiente la utilización de la vía
legal, a la vez que el problema se iba recrudeciendo y que era del todo
imprescindible una negociación, a la que el PP se ha negado sistemáticamente,
para encontrar una solución que satisficiera a ambas partes, o la cuestión
acabaría por desbordarse, como ocurre en este momento.
La tozudez de los populares, la ausencia total de propuestas
y la incapacidad para escuchar las reclamaciones que se le hacían desde
Cataluña y muy especialmente la petición de la convocatoria legal de un
Referendum que aclarara el punto de vista real de los ciudadanos que allí
residen, han terminado por acelerar las ansias independentistas de un pueblo
que se ha sentido maltratado por la indiferencia del Estado y que ha preferido
creer el mensaje que los secesionistas lanzaban a través de los medios y que les
llegaban como la única tabla de salvación posible, para vivir una vida mejor.
Un gravísimo error, que sin duda está colocando a Rajoy, a
punto de salir del poder, en una especie de callejón sin salida del que
conociendo su manera de actuar, escapará haciendo uso exclusivo de medidas policiales y legales,
como es su costumbre y lo peor, es que llegados al punto en que nos
encontramos, puede que no le quede otra opción, si no quiere encontrarse una
mañana con una declaración unilateral de Independencia real y perder a la vez,
cualquier resquicio de ese prestigio personal que le pudiera quedar, ante sus propios seguidores y
votantes.
Para ser claros, el problema catalán se le ha escapado de las
manos al Presidente y constituye uno de los más estrepitosos fracasos políticos
que se hayan visto en este País, desde que llegara la Democracia y no solo por
la gravedad que representa que una parte del territorio quiera separarse del
resto, sino sobre todo, porque conociendo la intención desde el principio, la
gestión que se ha llevado a cabo desde que el PP llegara al poder, podría
considerarse nula.
Esta deriva, constituye en sí misma un motivo de dimisión fulminante
y la petición no tardará en llegar, si la oposición es lo suficientemente
avispada, como para no desaprovechar el momento.
No se puede haber hecho peor y ahora nos encontramos, además
de sumidos en un desastre social y económico, enfrentados con una parte de la
ciudadanía, por motivos meramente políticos y sin contar con alguien capaz de
poner un punto de cordura, que devuelva las aguas a su cauce.
A solo un mes y pico de las Elecciones Generales, la
situación se hace asfixiante para nuestro actual Presidente, que continúa, sin
embargo, empecinado en sus inamovibles posturas legalistas, sin haber siquiera
intentado otros caminos, para frenar los acontecimientos.
Ya puede rezar para que las cosas no empeoren en los próximos
días, aunque todo hace prever y los nacionalistas lo saben, que desde luego no
van a mejorar, si Rajoy no desciende de su atalaya y se aviene al diálogo.

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