lunes, 16 de noviembre de 2015

Resaca de dolor


Con el corazón roto por la intensidad de la tragedia, los franceses se enfrentan a la incertidumbre de un futuro, de momento, amenazado por una sensación de terror, que tardará mucho tiempo en suavizarse, permitiéndoles recuperar una pacífica rutina.
Con todos los instrumentos del Estado al servicio de una investigación que promete ser larga y difícil, por lo enrevesado de la trama asesina, respirar con normalidad, en una ciudad prácticamente tomada por el ejército y las fuerzas del orden, resulta para la sociedad en general, prácticamente imposible.
No olvidemos que Francia es uno de los países que tuvieron colonias musulmanas durante mucho tiempo y que por tanto, cuenta con una nutrida población procedente de ellas, que empezaron a asentarse en todas las ciudades del País, hace ya varias décadas, pero que en muchos casos y víctimas de una enorme marginación, no han conseguido integrarse en las costumbres galas, permaneciendo en auténticos guetos y convirtiéndose potencialmente, en susceptibles de ser captados por los movimientos del islamismo radical.
Hay pues en Francia, muchos probables sospechosos y aunque no se puede ni se debe criminalizar por motivos xenófobos a una parte de la población que con toda seguridad, permanece al margen del conflicto, el miedo, la duda y la magnitud de la masacre, aumentan por sí mismos la capacidad de desconfiar, terminando por convertir la vida de personas inocentes, en un auténtico calvario de persecución, del que les será imposible escapar,  simplemente por una cuestión de procedencia.
  Holland parece superado con creces por la tragedia, dando la sensación de no estar preparado para afrontar acontecimientos como éste y aunque ya ha expresado la intención de continuar en la línea que seguía, incluso bombardeando Siria de nuevo, quizá como una inmediata respuesta, la dificultad del momento impone, al menos, una honda reflexión sobre el camino a seguir a partir de ahora, en vista de los espantosos resultados obtenidos con las medidas adoptadas hasta este momento.
La vía de la negociación, que debiera acometer Europa, si no quiere que actos como el de Paris, se conviertan en cotidianos en cualquiera de sus ciudades, parece sin embargo agotada, al menos mientras no se solucione de manera  digna, la situación de los miles de refugiados que se hacinan en las fronteras de las grandes potencias del Continente.
Y sin embargo, el intenso dolor no debe nublar el entendimiento, ni puede suponer una parada en seco en la intención de hallar una vía que logre pacificar los territorios en guerra, no ya porque puedan reportar beneficios a las grandes potencias, sino por una simple cuestión de humanidad, que parece faltar, desde hace muchísimo tiempo, en las relaciones establecidas entre Oriente y Occidente.
La injustificación del terrorismo, no puede constituir un móvil para responder con execrable violencia, sobre la población civil que habita, por ejemplo Siria y que soporta una espiral de terror, seguramente bastante parecida a la que pudieron experimentar las víctimas de los atentados en Paris, el viernes por la noche.

Todos necesitamos, fundamentalmente y por derecho, vivir en paz y para ello, resulta imprescindible empezar a pensar más en el bienestar de los seres humanos, y mucho menos, en los valores crematísticos.

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