Los vecinos de Saint Denis, se despertaron esta madrugada
sorprendidos por un fuego cruzado, entre yihadistas y fuerzas del orden, que
finalmente se saldó con la inmolación de una joven , dos muertos y
varias detenciones.
El barrio, que ha sido registrado minuciosamente por la
policía, incluida su Iglesia, que fue abierta a golpe de palanca, sin que se
haya podido establecer qué se buscaba dentro, ha vivido la que ha sido sin
duda, la noche más difícil y trata, en
estos momentos de recuperar una normalidad que le supera.
Holland, que parece dispuesto a peinar cada uno de los
domicilios del territorio francés, si fuera preciso, se dirigió después, en una
intervención televisada, a todos los alcaldes del País, justificando la
operación y alabando profusamente la colaboración ciudadana y la valentía de la
policía, copa todas las miradas de Europa, que mira aún, sin capacidad de
reacción, como un clima casi bélico se ha instalado repentinamente, en el mismo
corazón de Francia.
Hallar a los terroristas huidos y a sus posibles cómplices,
se ha convertido en una cuestión prioritaria para el Presidente francés y nada
denota que vaya a temblarle la mano a la hora de poner en práctica las medidas
que sean necesarias, para conseguir su captura.
Y aunque sería precisa una cooperación entre Estados para
alcanzar tal objetivo, Holland dice estar listo para afrontar los
acontecimientos que pudieran sobrevenir en solitario, con tal de defender, en
palabras textuales, los principios de La República.
Rusia entra también en el juego, como aliado de los
franceses, colaborando en los bombardeos, como respuesta a la explosión en
vuelo de su avión, en territorio egipcio y reclama, a su vez, la intervención
americana en el conflicto, confirmando que la gravedad de las crisis consigue
hacer curiosos amigos, incluso de rivales aparentemente irreconciliables.
Entretanto, los civiles que habitan las ciudades bombardeadas
en Siria, parecen no tener la menor importancia
para los líderes de las grandes potencias, a pesar de encontrarse, sin
remisión, en medio de una guerra que ni buscaron, ni quisieron.
Son, expresado sin tapujos, efectos colaterales de un
enfrentamiento en el que parece, cada vez más, jugarse una cuestión hegemónica
entre Oriente y Occidente.
La prueba viva de su indefensión ante la barbarie, son los
miles de refugiados que habrán de esperar, ahora mucho más, que alguien tenga
la caridad de darles asilo en algún lugar donde la paz ayude a hacer más
fáciles sus vidas.
Una sombra de injusta sospecha cayó sobre todos ellos el
pasado Viernes por la noche, sin que sepan qué pueden o deben hacer, para
demostrar su más que probada inocencia.

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