jueves, 19 de noviembre de 2015

Psicosis de terror


Una ola imparable de alarmismo feroz recorre Europa, tras los atentados de París y las redes sociales se han convertido en un vehículo transmisor de las mentes calenturientas que se complacen en anunciar inminentes catástrofes en las grandes ciudades del viejo continente, sin que se pueda comprender a qué conducen tales afirmaciones o que alguien pueda disfrutar aterrorizando a la población, con bromas de pésimo gusto, como éstas.
La gravedad de la situación, los registros y detenciones constantes e incluso el discurso del Ministro Valls, alertando de la posibilidad de que pudiera producirse un ataque con armas bacteriológicas, ayudan ostensiblemente a elevar el pánico generalizado y parecen confirmar que el poder de los grupos radicales islamistas, resulta ser ilimitado, como si fuera imposible hallar una solución que suavizara las afiladas aristas de este conflicto.
A medida que van apareciendo imágenes de los lugares en los que se produjeron los ataques y las investigaciones policiales van desvelando el engranaje de la complicada maquinaria que se puso en funcionamiento en el mismo corazón de Europa, va subiendo esta psicosis de terror, capaz de paralizar cuerpos y mentes con su fatalismo exacerbado y cada vez parece más difícil escapar a la avalancha mediática que nos invade, ofreciendo casi cada minuto, nuevas noticias, sin que sepamos muy bien cómo canalizar toda esa información, ni qué medidas podríamos adoptar, para escapar de una eventual tragedia.
Al mismo tiempo, van apareciendo fotografías de los terroristas considerados como los cerebros de  las operaciones y en algunos casos, conociendo el perfil y la preparación intelectual de los mismos, cuesta creer que puedan siquiera ser capaces de imaginar nada que trascienda al manejo de un arma, por motivos de fanatismo.
Pero matar es, desgraciadamente muy fácil y cualquiera puede hacerlo, aunque para poner en marcha y coordinar operaciones de este calibre, nos parezca que se necesita mucho más que un odio ancestral hacia los occidentales o la exaltación de alguien que nada tiene que perder y a quien no le importa, en su delirio, ni siquiera su propia vida.
Crudo  lo tiene el gobierno francés para detener a los fugados, si se considera que desde la antigüedad, la guerra de guerrillas ha conseguido más triunfos que las grandes batallas y aunque en este caso, Francia dispone de los más sofisticados mecanismos que le brinda la tecnología actual, que un par de hombres se pierdan, en ciudades como París o Bruselas, es absolutamente posible.
No olvidemos, que los yihadistas podrían contar con mucho más apoyo del que nos gustaría admitir y habría que preguntarse de parte de quién se pondrían los musulmanes si se declara abiertamente una guerra entre Oriente y Occidente.
Hacer un llamamiento a la tranquilidad, resulta pues, fundamental para poder retomar la rutina de nuestras vidas, en las que de repente, han dejado de tener importancia, esas otras tragedias que nos trajeron los efectos de la crisis.
Nada podremos hacer, nunca, si ni siquiera somos capaces de controlar nuestros propios miedos.



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