miércoles, 11 de noviembre de 2015

Apuesta fallida


Pierde Mas, en primera instancia, su apuesta por continuar siendo el Presidente de los catalanes, ofreciendo al Gobierno español una tregua en su lucha por detener el proceso independentista y viéndose obligado a someterse a una segunda votación, que seguramente tampoco ganará, si nadie cambia de opinión, como parece evidente.
No consiguieron los socios de Junts pel si convencer a la CUP de la conveniencia de que Mas lidere la  secesión que pretenden llevar a cabo los nacionalistas, probablemente porque no siempre los Partidos se hallan dispuestos a pagar cualquier precio por obtener un objetivo cualquiera, por muy de acuerdo que estén con los sucesos que los mueven.
El ego de Artur Mas, que le ha impedido apartarse de la primera línea de protagonismo, endiosado como está tras el apoyo conseguido por una buena parte de la sociedad catalana, en su apuesta por la Independencia, está convirtiéndole ahora en una rémora que sólo consigue frenar las aspiraciones de sus socios en este proyecto, que probablemente acabará por ralentizarse, paradójicamente, por su empecinamiento en mantenerse como candidato a la Presidencia de un territorio, al que parece amar mucho menos que a su propia persona.
La alianza entre los grupos secesionistas ya resultaba en sí, bastante extraña, si se tiene en cuenta la procedencia ideológica de todos los grupos que la forman y las enormes diferencias que separan  los principios que mueven, por separado,  a estos socios circunstanciales, únicamente unidos por un proyecto.
Era pues de esperar, que en algún momento del proceso, la debilidad del nexo que los une terminara, al fin, por quebrarse y que la disparidad de pensamientos que cimentan a cada una de estas Formaciones, aflorara separando abismalmente, como no podía ser de otra manera, las posiciones de cada uno de ellos.
No se puede olvidar que mientras Convergencia podría considerarse como el Partido que representa desde siempre a la alta burguesía catalana, estrechamente vinculada a la ideología de la derecha, Esquerra Republicana y CUP se encuentran claramente relacionadas con un pensamiento de izquierdas, más o menos radical, que ha de estar, necesariamente, en contra, de las políticas de recortes llevadas a cabo durante los últimos cuatro años por Mas y los suyos, en este caso, en Cataluña.
Tampoco se puede olvidar, aunque Mas no lo mencionó ni una sola vez en su discurso por la investidura, la terrible rémora que está suponiendo el caso de la familia Pujol, ejemplo indiscutible de la corrupción llevada hasta extremos del todo inaceptables y los lazos que unen, personal y políticamente, al candidato de Junts pel sí, con el que ahora se ha convertido en uno de los personajes más perseguidos por la justicia.
Resultaba pues, casi una ofensa, para cualquiera fuera de Convergencia, que pudiera relacionarse el color de su voto en este debate por la investidura, con un posicionamiento a favor del Partido al que pertenece Mas, por mucho que en la votación estuviera en juego el desarrollo del proceso por la Independencia.
Es decir, si Convergencia no rectifica y propone inmediatamente un nuevo candidato a la Presidencia catalana, no va a quedar otro remedio que convocar nuevas elecciones, por cierto, de resultado imprevisible.
Entretanto, la visceralidad del sentimiento independentista seguramente se enfriará y habrá que ver qué piensan los catalanes allá por marzo, fundamentalmente porque esta trepidante actualidad, puede cambiarlo casi todo, dependiendo del calado de las noticias que de aquí a entonces, vayan apareciendo.



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