lunes, 2 de noviembre de 2015

El primer encuentro


Cercado por las circunstancias, Mariano Rajoy recibe por primera vez a Pablo Iglesias en Moncloa, buscando una salida consensuada al problema catalán, que se le ha ido escapando de las manos con cada una de las medidas que ha ido poniendo en práctica y que ahora le avasalla como un torrente, obligándole a abandonar la incomprensible manía de tomar decisiones en solitario, que adquirió desde el mismo momento en que fue nombrado Presidente, allá en Noviembre de 2011.
Al final, ha tenido que aceptar que los Partidos emergentes también cuentan, y mucho, en el panorama político actual y no le ha quedado otra que convocar a sus líderes, ante el convencimiento de que los resultados de las próximas elecciones generales, supondrá un cambio importante en la composición del Parlamento.
Nunca antes habíamos visto a Rajoy tan dispuesto a dialogar con el resto de las Fuerzas políticas, por lo que habremos de creer que la cercanía de los comicios y los augurios que para el PP se desprenden de las encuestas, han tenido necesariamente que influir en la difícil decisión de convocar a dos de sus adversarios más directos. A Rivera, porque tras su triunfo en Cataluña, puede ser uno de los pocos aliados que le queden frente al azote nacionalista y a Iglesias, porque su importancia mediática hace imprescindible que se le incluya en cualquier ronda de contactos, si no se quiere provocar la ira de sus numerosos seguidores.
 Como cabía esperar, hubo coincidencias entre el líder de Ciudadanos y el Presidente y casi ninguna con el de Podemos, como quedó patente en la posterior rueda de prensa ofrecida, en la que un Rajoy visiblemente nervioso, ni siquiera se dignaba a pronunciar el nombre de la persona con la que acababa de estar, como le ocurre cada vez que le desagrada hablar de alguien y las preguntas de los informadores le obligan a referirse a él de manera directa.
Sin embrago y por mucho que le pese al Presidente, este encuentro es sin duda, una de las noticias más importantes de cuántas se han producido en los últimos tiempos, teniendo en cuenta que hace apenas un año, los seguidores de Podemos eran calificados reiteradamente por el PP, como radicales anti sistema o como simples perros flautas procedentes de las “hordas” que propiciaron el 15M.
Mucho ha cambiado la historia desde entonces, hasta el punto de que no ha quedado otro remedio que contar con la opinión de Iglesias para cualquier asunto de interés nacional, poniendo en evidencia que en esto de la política no hay enemigo pequeño y que debe evitarse entrar en descalificaciones contra quiénes, a corto o largo plazo, pueden transformarse en claros oponentes capaces de llegar al poder, o al menos de tener peso en las Instituciones más importantes que conforman el Estado.
Que no hay simpatía entre ellos, se nota. Pero las funciones de un Presidente incluyen la obligación de recibir y escuchar todo aquello que tengan que exponer los que capitanean los principales Partidos y Pablo Iglesias se estaba convirtiendo en la en la excepción que confirmaba la regla.
Ha tenido Rajoy, que bajarse de la Atalaya desde la que dominaba tiránicamente el destino de los españoles y posar los pies en el suelo, haciendo oficial, con este encuentro, que Podemos existe y que su importancia en el panorama político español es real, pese a quien pese y duela a quién le duela.
Mucho me gustaría saber qué pensó el Presidente cuando tuvo enfrente a Iglesias en la Moncloa y si fue capaz de admitir en la corta distancia, su capacidad de liderazgo.
A Iglesias, le queda al menos, la satisfacción de que el primer paso para este esperadísimo encuentro, lo ha dado, precisamente, aquel que tanto le criticó en el pasado y que ahora, gustándole o no, le ha tenido que estrechar la mano, consagrándole como uno de los líderes más importantes de los últimos tiempos.

Quién nos iba a decir que sería Rajoy el que le diera la alternativa en el mundo de las grandes decisiones políticas.

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