jueves, 29 de octubre de 2015

El padre de un Imperio


Los últimos registros policiales realizados en Cataluña, que culminan con la imputación de la familia de Jordi Pujol al completo, por haber aprovechado durante años la  fuerza de su poder para amasar ilegalmente una inmensa fortuna, podría cambiar de manera absoluta el pensamiento de muchos votantes catalanes,  que durante años vieron en Convergencia y muy especialmente en la figura del viejo President, un ejemplo clave del más puro sentimiento catalanista.
Enterarse de que el “honorable” guardaba celosamente en Andorra más de cuarenta y ocho millones de euros, que durante años su familia había ido pasando por la frontera, sin que nadie se percatara o quisiera percatarse del asunto, ha debido representar para los ciudadanos de a pie, muchos de ellos ideológicamente apegados al Partido de Pujol y a él mismo, al que tanto admiraban, un auténtico zarpazo capaz de minar seriamente la propia naturaleza de su ideología, e incluso de provocar un rechazo absoluto, debido a la gravedad de los delitos.
Hasta hace bien poco, ser un buen catalán, pasaba por ser votante de Convergencia, en la creencia de que únicamente este Partido había sido históricamente defensor a ultranza de la identidad que caracteriza a esta tierra y una buena parte de las personas que residen allí, paseaban orgullosos su pertenencia o su simpatía por esta Formación, de la que Pujol se convirtió en cabeza visible, durante los muchos años que duró su mandato.
La innombrable traición cometida por esta familia y el expolio a que sometieron a su propio país, por medio de la presunta extorsión a los empresarios que les generaron tan jugosos ingresos, pone ahora en tela de juicio, no solo el prestigio personal que acompañó a Pujol mientras se mantuvo activo en política, sino también, la propia raíz de los principios que movieron a Convergencia, desde la llegada de la Democracia.
Porque más que un Presidente de su Comunidad, Pujol era, por encima de todas las cosas, un padre preocupado por crear un Imperio, que asegurara para su numerosa prole un futuro de caramelo, en el que desenvolverse sin apuros económicos y aupados a una posición de total privilegio y todo aquello de la defensa del catalán, del nacionalismo exacerbado y de las señas de identidad que caracterizaban a su amado pueblo, queda ahora, por la inmensa fuerza de los argumentos, no ya relegado a un segundo plano, sino plenamente hundido en el lodo acumulado por sus flagrantes delitos.
Poco o nada, importaron pues los ciudadanos a Pujol mientras fue Presidente. Poco o nada, le importó Cataluña y poco o nada, pertenecer o no al territorio que decía defender, con tal de ir haciendo a los suyos, inmensamente ricos.
Habiendo sido descubierto, habrá que esperar para descubrir qué estrategia seguirá ahora, para tratar de salir del embrollo con el menor costo posible, pero la indignidad, la vergüenza de haber defraudado hondamente a tanta gente que le admiró, debiera constituir, si es que tuviera corazón, la peor condena para sí mismo.
Lo decente, sería  que Mas, como Presidente del Partido que arropó a Pujol, presentara con carácter irrevocable, una dimisión que muchos consideramos necesaria, al menos, para su Partido.
Pero Mas anda en este momento, muy empeñado en intentar renovar como Presidente y en defender a capa y espada una independencia para Cataluña, que quizá oculta en su subsuelo algunos indeseados fantasmas de corrupción, que la perseguirán para siempre. 
 




No hay comentarios:

Publicar un comentario