Los ministros de Rajoy no saben qué hacer ahora para conectar
con el pueblo y andan poniéndose a disposición de los medios para ofrecer
entrevistas gratis y apariciones televisivas, justo lo mismo que han venido
negando reiteradamente durante los casi cuatro años que ha durado esta
legislatura.
Primero fue Soraya Sáenz de Santamaría bailando en El Hormiguero,
rememorando a Iceta en la Campaña electoral catalana y ahora es Montoro quién
se presta a responder preguntas, atreviéndose incluso a criticar abiertamente y
sin tapujos a los que fueran sus mentores, Aznar y Rato y confesando sin pudor,
que muchos de sus compañeros se avergüenzan de reconocer que pertenecen al PP y
que lo entiende.
Sus declaraciones coinciden con un video en el que los
conservadores comparan a España con una paciente en estado casi terminal y que
después de pasar por un Hospital que representa la gestión que Rajoy ha llevado
a cabo a lo largo de la legislatura, no solo acaba recuperando completamente la
salud, sino que se muestra profundamente agradecida por la labor realizada por
el equipo médico, al que comparan con este Gobierno.
Para rematar la faena, colocan un grifo de cerveza en el
Congreso, con la intención de celebrar la culminación de sus cuatro años de poder y saltándose descaradamente todas las reglas
de neutralidad que deben caracterizar a la Institución Parlamentaria, pues la
acción no deja de ser un mero acto electoral, a pocos días de comience la
campaña de las Generales.
Los ciudadanos, que ya creíamos haberlo visto todo en cuanto
se huele la llagada de Elecciones y que hasta aceptamos con resignación que la
clase política pierda los papeles rayando con su manera de actuar, en el más
puro de los ridículos, asistimos sin embargo atónitos a esta salida de tono de
los miembros más relevantes del PP, que han ignorado olímpicamente aquello que
hemos deseado durante sus años de gobierno y que ahora lampan por acercarse al
electorado, conscientes de haber alcanzado unos índices de impopularidad, que
le auguran un estrepitoso fracaso.
Ya puede bailar Soraya la danza de los siete velos en horario
de máxima audiencia o liquidar Montoro al estilo Capone al mismísimo ex
Presidente, que ninguna de estas actuaciones puede cambiar en dos días la
naturaleza de nuestro pensamiento, ni evitar que al echar los ojos atrás,
vayamos enumerando mentalmente todas y
cada una de las medidas de severísimos recortes que han propiciado los
populares, abusando de su amplia mayoría y que han hecho de nosotros, una
especie de ciudadanos de segunda sin oportunidad de futuro, vendidos al mejor
postor, como mano de obra barata, a la que también se le han retirado multitud
de derechos.
El PP, será recordado, por la aprobación de su nefasta
Reforma Laboral, por la Privatización encubierta de la Sanidad y la Educación,
por La subida injustificada de Impuestos, por la Amnistía Fiscal a los evasores
de capitales, por el Rescate de la Banca, por la bajada incomprensible de
sueldos y el hurto de la paga extraordinaria a los Funcionarios, por exterminar
la Ley de Dependencia, por el abandono de las víctimas de la violencia de
género, por el enquistamiento del problema catalán, por no parar los desahucios,
ni resolver la estafa de las preferentes, por arrastrarnos a las puertas mismas
de la miseria y muy especialmente, por los gravísimos casos de corrupción en
los que se han visto envueltos nombres de extraordinario peso en sus filas y
que no se han resuelto como debieran, debido a la presunta manipulación
descarada de la Justicia.
Los españoles, no estamos pues, ni para bailecitos populistas,
ni para que el Ministro de Hacienda nos abra su corazón in extremis, cuando
puede temerse el final de sus días de gloria, ni menos aún, para que dudando
implícitamente de nuestro nivel de inteligencia, se nos quiera convencer de que
las medidas anteriormente citadas se han hecho para sanar a una España que de
otro modo, habría seguramente muerto por la causa de la cacareada herencia de
Zapatero.
Afortunadamente, ni los recortes ni la pobreza pueden
asesinar la capacidad de razonar, ni el libre albedrío de interpretar la
historia que a diario vivimos, exactamente cómo nos dicte la conciencia.
Quizá por eso, alguien debiera hacer ver con urgencia a Rajoy
y los suyos que el tiempo para recuperar la confianza de los españoles, hace ya
mucho que pasó y que no sólo no nos extraña que sus militantes puedan sentir
vergüenza de pertenecer a su Partido, sino que la mayoría de los ciudadanos
estamos escandalizados con la sola idea de que el Partido Popular, para
desgracia nuestra, sea el que nos represente a todos, a los ojos del mundo.

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