martes, 20 de octubre de 2015

Traición al Socialismo


Por mucho que se empeñe el PSOE en presentar a Pedro Sánchez como el hombre que enmendará los gravísimos errores cometidos por el Partido en los últimos tiempos, la actitud con que afronta el futuro que podría convertirle en Presidente de esta España malherida y paupérrima, no practica, ni por asomo, los principios de la doctrina  de la que dice ser heredero, ni parece, por su manera de pensar, militante de la Formación centenaria que en los últimos años del SXIX fundara el impresor, Pablo Iglesias.
Ya dijimos cuando Sánchez asumió el cargo de Secretario General del PSOE, que había perdido las  elecciones a causa de la espantosa gestión que en su última legislatura protagonizó Zapatero, que un lavado de cara resultaba absolutamente insuficiente para corregir un pasado que pesaba como una losa y que el Partido, necesitaba en realidad, una profunda Revolución que volara los cimientos sobre los que se había acomodado plácidamente y que significara una vuelta a los inicios para los que fue concebido, que en nada se parecían al pensamiento socialdemócrata que ahora defienden.
Las declaraciones de su líder, negándose a derogar la Reforma Laboral de Rajoy, si consigue llegar al poder, no hacen, sino confirmar  que la ideología socialista y la defensa de la clase trabajadora a la que lacera profundamente esta ley que no ha traído más que precariedad y miseria, hace tiempo que dejó de guiar a unos militantes que, para más Inri, siguen considerándose de izquierdas y que cada vez se parecen más, en su forma de entender la política, a aquellos que siguen las premisas que constituyen la guía del PP y que nos han lle,vado exactamente, hasta dónde nos encontramos ahora.
Nada tiene que ver en esto, la moderación de que presume Sánchez, frente a la supuesta radicalidad de Podemos, ni  la teoría recurrente utilizada por más de uno en la actualidad, que justifica esa moderación, por la imposibilidad de llevar a cabo acciones que contradigan el mandato de la tiránica Europa, a causa de la economía.
Lo suyo, lo de Pedro Sánchez y lo de todo aquel que le siga, aplaudiendo el comedimiento cobarde que propugna un continuismo en la línea ultraconservadora de los recortes y el servilismo, es y así debe ser calificada, una traición al Socialismo y una burla descarnada hacia todos aquellos que lo defendieron y que hasta dieron su vida por él, en pos de una vida mejor para todos, en el pasado y en el presente.
Buscar atajos, disfrazar las siglas tras las que se esconden y alardear de un izquierdismo que a todas luces resulta ser, en su caso, absolutamente inexistente, no son pues, más que maniobras electorales, que buscan ¿cómo no?, una continuidad de la alternancia en el poder, que consagre al bipartidismo decadente, como la única posibilidad que queda a los votantes, para tener derecho a un futuro.
Afortunadamente, los españoles, ya lo hemos dicho muchas veces, hemos aprendido a distinguir a la perfección a los embaucadores de conciencias y hemos desarrollado, quizá porque el hambre agudiza el ingenio, una capacidad hasta ahora desconocida de poner en práctica la libertad, a la hora de elegir a quiénes queremos que nos representen.
También hemos aprendido a escuchar y hasta a desenmarañar los enredos con que intentan ganar nuestra voluntad, leyendo mentalmente la letra pequeña que se esconde detrás de cada mensaje que se nos transmite, por muy maquillado que vaya, su contenido auténtico.
Me atrevo por ello a  vaticinar, que ningún trabajador español y menos aún, los parados, van a caer en la trampa de votar a quien no parece especialmente preocupado por agilizar el mercado laboral y  piensa en continuar apoyando una Reforma que por el bien de todos, no debiera ni haber nacido.
Puede que antes no hubiera otras posibilidades de elección y el voto útil nos empujara a dar nuestro apoyo al menos malo de los candidatos, pero a día de hoy, por suerte, el abanico de Formaciones políticas se ha multiplicado milagrosamente, dando entrada a nuevos líderes e idearios y los ciudadanos podemos y debemos, estudiar incluso de forma obsesiva, el sentido de nuestros votos.
Váyase despidiendo Sánchez de otros apoyos que no sean los del miedo y ya le aclaro yo, por si nadie se lo dijo nunca, que el mundo no fue, ni es ni será jamás, de los cobardes.


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