Por mucho que se empeñe el PSOE en presentar a Pedro Sánchez
como el hombre que enmendará los gravísimos errores cometidos por el Partido en
los últimos tiempos, la actitud con que afronta el futuro que podría
convertirle en Presidente de esta España malherida y paupérrima, no practica,
ni por asomo, los principios de la doctrina
de la que dice ser heredero, ni parece, por su manera de pensar,
militante de la Formación centenaria que en los últimos años del SXIX fundara
el impresor, Pablo Iglesias.
Ya dijimos cuando Sánchez asumió el cargo de Secretario General
del PSOE, que había perdido las
elecciones a causa de la espantosa gestión que en su última legislatura
protagonizó Zapatero, que un lavado de cara resultaba absolutamente
insuficiente para corregir un pasado que pesaba como una losa y que el Partido,
necesitaba en realidad, una profunda Revolución que volara los cimientos sobre
los que se había acomodado plácidamente y que significara una vuelta a los
inicios para los que fue concebido, que en nada se parecían al pensamiento
socialdemócrata que ahora defienden.
Las declaraciones de su líder, negándose a derogar la Reforma
Laboral de Rajoy, si consigue llegar al poder, no hacen, sino confirmar que la ideología socialista y la defensa de
la clase trabajadora a la que lacera profundamente esta ley que no ha traído
más que precariedad y miseria, hace tiempo que dejó de guiar a unos militantes
que, para más Inri, siguen considerándose de izquierdas y que cada vez se parecen
más, en su forma de entender la política, a aquellos que siguen las premisas
que constituyen la guía del PP y que nos han lle,vado exactamente, hasta dónde
nos encontramos ahora.
Nada tiene que ver en esto, la moderación de que presume
Sánchez, frente a la supuesta radicalidad de Podemos, ni la teoría recurrente utilizada por más de uno
en la actualidad, que justifica esa moderación, por la imposibilidad de llevar
a cabo acciones que contradigan el mandato de la tiránica Europa, a causa de la
economía.
Lo suyo, lo de Pedro Sánchez y lo de todo aquel que le siga,
aplaudiendo el comedimiento cobarde que propugna un continuismo en la línea
ultraconservadora de los recortes y el servilismo, es y así debe ser
calificada, una traición al Socialismo y una burla descarnada hacia todos
aquellos que lo defendieron y que hasta dieron su vida por él, en pos de una
vida mejor para todos, en el pasado y en el presente.
Buscar atajos, disfrazar las siglas tras las que se esconden
y alardear de un izquierdismo que a todas luces resulta ser, en su caso,
absolutamente inexistente, no son pues, más que maniobras electorales, que
buscan ¿cómo no?, una continuidad de la alternancia en el poder, que consagre
al bipartidismo decadente, como la única posibilidad que queda a los votantes,
para tener derecho a un futuro.
Afortunadamente, los españoles, ya lo hemos dicho muchas
veces, hemos aprendido a distinguir a la perfección a los embaucadores de
conciencias y hemos desarrollado, quizá porque el hambre agudiza el ingenio,
una capacidad hasta ahora desconocida de poner en práctica la libertad, a la
hora de elegir a quiénes queremos que nos representen.
También hemos aprendido a escuchar y hasta a desenmarañar los
enredos con que intentan ganar nuestra voluntad, leyendo mentalmente la letra
pequeña que se esconde detrás de cada mensaje que se nos transmite, por muy
maquillado que vaya, su contenido auténtico.
Me atrevo por ello a vaticinar, que ningún trabajador español y
menos aún, los parados, van a caer en la trampa de votar a quien no parece
especialmente preocupado por agilizar el mercado laboral y piensa en continuar apoyando una Reforma que
por el bien de todos, no debiera ni haber nacido.
Puede que antes no hubiera otras posibilidades de elección y
el voto útil nos empujara a dar nuestro apoyo al menos malo de los candidatos,
pero a día de hoy, por suerte, el abanico de Formaciones políticas se ha
multiplicado milagrosamente, dando entrada a nuevos líderes e idearios y los
ciudadanos podemos y debemos, estudiar incluso de forma obsesiva, el sentido de
nuestros votos.
Váyase despidiendo Sánchez de otros apoyos que no sean los
del miedo y ya le aclaro yo, por si nadie se lo dijo nunca, que el mundo no
fue, ni es ni será jamás, de los cobardes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario