martes, 13 de octubre de 2015

Las cifras reales


No le salen las cuentas al Gobierno, que ha sido advertido por Bruselas, poniendo en entredicho toda la parafernalia triunfalista que Rajoy y los suyos vienen defendiendo, de cara a la Campaña electoral y dando la razón a los españoles, que para nada han notado, hasta hoy, esa categórica mejoría que pudiera significar que estamos saliendo de la crisis.
No se sostienen las reiteradas mentiras que periódicamente pone en circulación el PP, deseoso de repetir en el poder una nueva legislatura y queda demostrado que a pesar de haber seguido sumisamente todas las recomendaciones impuestas por Europa y que han empobrecido a los ciudadanos más allá de los límites previstos, las políticas de recortes no han servido siquiera para alcanzar los objetivos exigidos por las grandes economías continentales y que continuamos sumidos en una etapa de recesión, de la que parece que no vamos a salir nunca.
Las previsiones del incumplimiento del déficit, han debido sentar al Presidente como un jarro de agua fría, colocándole en una incomodísima posición, incluso ante su electorado más fiel y vienen a sumarse a toda una larga lista de razones de peso que ya aconsejaban no volver a votar al Partido Popular, a sólo un par de meses de la celebración de los Comicios.
La persistencia de las altísimas cifras de paro y la tímida creación de una clase de empleo precario y absolutamente temporal, no podían, sino conducir a una bajada drástica del consumo nacional y por tanto, al incumplimiento de las metas deseadas, que supondrían para España, un respiro dentro de la tormenta.
Ahora, los populares habrán de enfrentarse a la Campaña desnudos de cualquier presunción, de esas que tanto gustan de exhibir en mítines y actos sociales y lidiar, frente al resto de las Fuerzas políticas, defendiéndose con las pocas armas que les quedan, de las gravísimas acusaciones que seguramente recibirán y que no sólo tendrán ya que ver con su estrecha relación con innumerables casos de corrupción, sino también con su reiterada intención de engañar a los españoles, en cuanto a las cifras reales se refiere.
No queda tiempo material para enmendar los imperdonables errores que durante toda la legislatura se han cometido, ni para rehacer la agresividad de unas políticas, que todo el mundo, sobre todo  los ciudadanos, ha venido rechazando durante los últimos cuatro años y menos aún, para limpiar una imagen absolutamente deteriorada por los acontecimientos en que se han visto envueltos muchos de sus principales líderes, imputados en casos de la envergadura de la Gúrtel o la Púnica, actualmente en manos de la Justicia.
La baza de la economía, a la que se había apostado con fuerza desde los despachos de Génova,  se viene abajo propinando un durísimo golpe a los que ingeniaron esta historia de presunción que muchos de nosotros nunca creímos y queda reducida a una mera anécdota  que no acarreará, en modo alguno, el ansiado voto de los indecisos con el que prácticamente contaban Rajoy y los suyos, cuando se enorgullecían ante nosotros de haber superado el peor periodo de nuestra historia reciente.
Pero ¿qué se podía esperar de quiénes incumplen todas las promesas de su Programa y hacen exactamente lo contrario de lo que, según ellos, tenían previsto hacer, por mucha mala herencia que hubieran recibido?
Ahora, el legado que ellos dejarán, habrá que analizarlo con una minuciosidad casi obsesiva, pues a la vista de los relatos de ficción que nos han venido vendiendo a lo largo de su estancia en el Poder, no va a quedar otro remedio que buscar por todos los rincones la verdad, para hacer borrón y cuenta nueva, con los medios reales que nos queden.
Mucho nos tememos, que a partir de ahora vuelvan a retomar la cantinela del miedo y el catastrofismo, pues se lo están poniendo tan fácil a los Partidos emergentes, que sólo así quizá, podrían al menos conservar el voto de su más incondicionales electores.



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