martes, 27 de octubre de 2015

Golpe de timón


Remite el Parlamento catalán un documento al Presidente del gobierno, en el que da por iniciado el proceso de independencia, basándose en la mayoría nacionalista que representa en la Cámara la unión de Convergencia y Cup y provocando un terremoto político que ha obligado a Rajoy a comparecer inmediatamente ante los medios, en defensa de la unidad territorial española.
No le han dolido prendas al Presidente al afirmar que utilizará todos los medios legales a su alcance para impedir la secesión que se propone, sugiriendo de manera velada que incluso podría llegar a suspender la autonomía, si así lo creyese necesario.
El órdago lanzado por los nacionalistas, que ha coincidido con un registro de las fincas de Jordi Pujol, en el que se han empleado a fondo más de doscientos policías, ha debido coger a Rajoy por sorpresa, aunque desde ayer, todo parecía augurar que se produciría sin tardar mucho algún golpe de efecto, después de que la recién elegida Presidenta del Parlamento catalán, cerrara la sesión al  grito de: ¡Viva la república de Cataluña!
Estos lodos que son producto de los fangos que artesanalmente ha ido creando el PP durante sus cuatro años de gobierno, al negarse sistemáticamente al diálogo con unas fuerzas nacionalistas a las que ya no necesitaba, gracias a la amplia mayoría que le otorgaron los españoles y el empecinamiento en demonizar a una ciudadanía, libre de defender su propio pensamiento, anegan ahora el panorama nacional, salpicando intempestivamente a todos los  sectores de una sociedad, atónita ante el curso que están tomando unos acontecimientos que seguramente podrían haberse resuelto con brillantez y armonía, si los interlocutores encargados de la negociación hubieran sido menos intransigentes.
 Pero ambos se empeñaron desde el principio en recalcar las diferencias que separaban a catalanes y españoles, en lugar de buscar vías que les unieran y en fomentar un odio entre ciudadanos, fundamentalmente basado en un tema de dinero, que fue creciendo, a medida que los mensajes lanzados por ambas partes se fueron recrudeciendo y que encontraron un caldo de cultivo perfecto, en la negativa del Gobierno español a permitir la celebración legal del Referendum del pasado Noviembre.
El golpe de mano que hoy da el Parlamento catalán y que viene a demostrar que definitivamente las negociaciones con los de Rajoy han quedado rotas para siempre, convierte el conflicto catalán en el mayor de los problemas con que ha tenido que enfrentarse el PP, desde que asumiera la Presidencia española en Noviembre de  2011, estallando en sus manos como una bomba de relojería y sin contar ya, con tiempo material, para poder resolverlo.
La incógnita es qué pasará después de las elecciones generales y todos contenemos la respiración para que las cosas no se compliquen aún más, al menos hasta que se celebren.
Pero si vuelve a ganar Rajoy o si el PP, apoyado por Ciudadanos, continúa al frente del gobierno español, el endurecimiento de las posturas estará absolutamente garantizado, pues ya conocemos todos, la defensa de la unidad de España que viene haciendo Rivera, cada vez que se le ofrece la oportunidad de hablar de este tema.
Los que creíamos haberlo visto ya casi todo, quizá tengamos aún que levantarnos algún día, enterándonos de que se ha suprimido la Automía catalana y no queremos ni pensar, cómo afectará a los ciudadanos que allí viven, una resolución de este tipo, ni las consecuencias que traería para todos, que esto llegara a producirse.
Y sin embargo, en el PP, existen muchas voces que piensan que se ha tenido demasiadas contemplaciones con Mas y con sus aspiraciones de independencia y no hay más que prestar un poco de atención a los mensajes que se emiten desde determinadas cadenas ultraconservadoras, para comprobar que esto es cierto.
Sólo un cambio real, podría suavizar la crudeza que ha adquirido el conflicto y sólo un nuevo Presidente, con un talante de negociador, abierto al diálogo y al entendimiento y que nada tenga que ver con las políticas practicadas por Rajoy, sería tal vez, capaz de encontrar una tercera vía por la que propiciar la convivencia entre catalanes y españoles, alejando de alguna manera, el rencor mutuo que subyace en estos momentos entre dos sociedades con  problemas idénticos.
Ya saben, aquello de aplicar al caso la fuerza de la razón y no la razón de la fuerza.


No hay comentarios:

Publicar un comentario