Tras dos días de paro forzoso debido a una dolorosa
tendinitis, retomo con prudencia la actividad, que después de conocer los
resultados de las Elecciones portuguesas, no puede sino centrarse en comentar
la fecha elegida por Mariano Rajoy para la celebración de las nuestras.
Llevamos tanto tiempo esperando la oportunidad de votar en
estas Generales, que ni siquiera el hecho de saber que los conservadores han
ganado en el País vecino, puede ensombrecer la ilusión que muchos españoles tenemos
en conseguir cambiar aquí, el rumbo que ha tomado la política durante los
últimos cuatro años.
Nunca antes habían tenido lugar unos Comicios en un día tan
cercano a la Navidad, aunque parece evidente que el Presidente ha escogido el
20 de Diciembre esperando que los ciudadanos se encuentren ya de viaje en este
día y sabiendo que una baja participación beneficiaría exclusivamente al PP, contando como cuenta con un electorado
fiel, bien distinto al que suelen tener los restantes Partidos del arco político
español.
Poco ha tardado la prensa conservadora en publicar la primera
encuesta, que concede a Rajoy, a pesar de lo que ha llovido, nada menos que
cinco puntos de ventaja sobre Pedro
Sánchez, que según La Razón, mantendría al PSOE como segunda fuerza, por
delante de Ciudadanos y Podemos.
Pero la cosa no debe ni puede ser tan evidente, si se juzgan
las declaraciones ofrecidas en dos ocasiones por José María Aznar, que ataca
directamente y sin tapujos el mismo corazón de los dirigentes de Génova y que
carga las tintas, profundamente indignado, sobre quién él mismo designara hace
años como su sucesor, temiendo que de seguir así, no podrá obtener en las
Generales, más que un estrepitoso fracaso.
Aunque le pierden las formas y el ex Presidente tiene fama de
ser uno de los políticos más rencorosos de cuántos se han conocido en este país
nuestro, no se puede negar que si se constatan los hechos acaecidos en las
últimas ocasiones en que los ciudadanos han sido llamados a las urnas, le
asiste en este caso toda la razón y convendrán conmigo en que la realidad
contradice, radicalmente, los resultados de esta encuesta.
Sin embargo, los líderes del PP parecen mucho más interesados
en aclarar a los votantes que existen claras diferencias entre ellos y el
Partido de Albert Rivera, procurando quizá que aquellos que han visto en
Ciudadanos una nueva oportunidad para seguir votando a una derecha, hasta hoy
libre de casos de corrupción e inocente de las políticas de recortes aplicadas
por el gobierno, den marcha atrás, si corre insistentemente el rumor de que la
formación se acerca más a la socialdemocracia que a la derecha de siempre que
representan los populares y nadie más, al menos hasta este momento.
Pero puede ocurrir, si los resultados de las generales no son
lo propicios que los aduladores de turno piensan, que la necesidad de contar
con los de Rivera se convierta para los conservadores en perentoria, después
del 20 de Diciembre y que este discurso de ahora, termine por transformarse en un obstáculo insalvable para poder poner en
marcha una negociación, a la hora de formar un nuevo gobierno.
El resultado de Ciudadanos en las Elecciones catalanas, muy
al contrario de lo que parecen pensar los asesores de Rajoy, ha de ser,
necesariamente, muy inferior al que seguramente obtendrá en las Generales,
fundamentalmente porque en éstas, no tendrá que lidiar con los prejuicios que
le acarreaba en Cataluña el hecho de su declarada españolidad y que ponía en su
contra a miles de ciudadanos, que probablemente se decantaron por los
nacionalistas.
Doble error comete pues el PP, menospreciando las
posibilidades de los Partidos emergentes y dando por sentado un triunfo que
está en el aire mientras los comicios no se celebren, sobre todo, si sólo
atiende a encuestas realizadas por periódicos afines a su propia ideología que
aunque pudieran influir de algún modo sobre la voluntad de determinados
votantes, no ofrecen ninguna certeza, ni pueden garantizar la continuidad de
Rajoy, en la nueva legislatura.
Hasta el 20 de Diciembre, queda aún, toda una Campaña
electoral por delante y el futuro político de este país, ese día, estará, como
siempre, sólo en manos de los españoles que atendiendo a su propio pensamiento
y en total libertad, otorgarán el poder, a quiénes a ellos les de la real gana.

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