miércoles, 21 de octubre de 2015

Claudicar o morir


Que el PSOE haya fichado a Irene Lozano para las listas de Madrid, ha levantado una enorme polvareda entre la militancia de la Capital, que no olvida los furibundos ataques recibidos por parte de la que fuera diputada de UPD, durante los años que ha permanecido en el Congreso.
Lozano, que ha criticado reiteradamente los casos de corrupción y por ende, el de los ERE en Andalucía y a la que hemos visto acompañar en numerosas ocasiones a los afectados por las Preferentes y también a la Comandante despedida del ejército, que ahora le acompañará en las listas madrileñas, parece haber aceptado una propuesta personal de Pedro Sánchez, cuyo interés ha debido despertar a través de sus intervenciones e irá codo con codo con los socialistas de Madrid, aunque eso sí, como independiente.
Ambas partes han justificado el acuerdo, alegando que son muchas las coincidencias programáticas que ahora les unen y manifestado que le gustaría tener la oportunidad de continuar la lucha en el Parlamento, si como todo hace indicar, Lozano es elegida nuevamente, esta vez, bajo el amparo de otras siglas.
Atrás quedan, para el PSOE, los enfrentamientos pasados y la persistencia en denunciar la clase de política que entonces hacía Rubalcaba, como si milagrosamente, todos los gravísimos problemas  en que se vieron implicados los socialistas en el pasado hubieran desaparecido de pronto, a pesar de que muchos de estos asuntos aún no han sido juzgados, ni se conoce cuál será su final, que no se augura bueno.
La indignación de militantes madrileños y también de los andaluces, por este fichaje, resulta sin embargo, inaceptable, pues Irene Lozano se limitó en sus intervenciones a relatar  la verdad de lo que estaba ocurriendo, empeñándose, como no podía ser de otra manera, en exigir responsabilidades a dirigentes como Chaves o Griñán, que más tarde, terminaron siendo imputados por la justicia.
Pero como siempre ocurre en los Partidos tradicionales, es más fácil acusar , difamar o dilapidar, si esto fuera posible, al adversario político, que admitir los propios errores, enmendarlos en la medida de lo posible, con toda la contundencia que fuere necesaria y erradicar estas prácticas delictivas para siempre.
Lo que resulta extraño en este caso es que Lozano haya decidido dar el sí a la propuesta de Sánchez, exponiendo su buena fama, al mezclarse con los mismos de los que abominaba hasta ayer y  a los que ahora parece dispuesta a secundar, arguyendo que los protagonistas de aquellas historias han desaparecido del panorama político.
Lo que percibe el votante es algo bien distinto y está más bien, relacionado con ese afán de perpetuidad en los cargos que caracteriza, en los últimos tiempos, a los líderes del llamado bipartidismo.
Fuera de UPD, a Irene Lozano le quedaba poca trayectoria política y su importancia que no ha sido nunca excesiva, quizá no le permitiera acceder a ninguna de las puertas giratorias reservadas a los pesos pesados de PP y PSOE, por lo que la única opción de conservar su estatus es la de fichar inmediatamente por otras opciones, cosa que Pedro Sánchez le ha puesto en bandeja.
Qué tendrá el poder, que atrapa a las personas convirtiéndolas en esclavas sin voluntad, sin dignidad y sin orgullo y alienándolas sin que les importe caer en el más estrepitoso de los ridículos.
Viendo estos casos, uno no puede, sino desear, no verse jamás envuelto por la erótica que transmite y agradecer una y mil veces la suerte de ser un ciudadano normal, sin más pretensión que encontrar un poco de felicidad, en las cosas pequeñas de la vida.


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