Vuelve a entrar en escena el Juez Castro, reclamando al PP
las facturas de la reforma en su sede Central de Génova, casi al mismo tiempo
que Rajoy comparece ante los medios, tras la celebración de un Consejo de
Ministros extraordinario y dispuesto a contestar a las preguntas de los
informadores, esta vez, acompañado por un plasma en el que presumir de los
“logros” obtenidos en una legislatura, que ya se da por agotada, por la
convocatoria de las nuevas Elecciones
Generales.
Tendrá el PP, aunque sea en estos últimos días de su mandato,
que responder a este Juez, con el que no se lleva precisamente bien, a causa de
la imputación de la Infanta en el caso Urdangarín y al que sabe tenaz e
imparcial hasta unas últimas consecuencias, que pueden llegar a ser la clave
que demuestre la financiación ilegal del Partido y la existencia de un delito
de cohecho, si puede demostrarse que existió extorsión a determinados
empresarios, a cambio de la concesión de obras públicas que de otro modo, nunca
les hubieran sido adjudicadas.
La lucha denodada de Castro por demostrar con hechos que
todos los ciudadanos somos iguales ante la Ley, hace presagiar que poco o nada
le han de importar los escollos que encuentre a partir de ahora en el camino y
que con toda seguridad, no cejará hasta obtener del Partido Popular, de una
manera u otra y a la mayor urgencia, toda la información que reclama y que
seguramente, no será generosamente ofrecida desde la sede de Génova.
La inoportuna
aparición de Castro ,justamente cuando las últimas encuestas auguran un
nuevo triunfo de los conservadores en los próximos comicios, ofrece aún más
motivos a una ciudadanía indecisa en su intención de votos, para repensar en
conciencia si se atreve otra vez a depositar su confianza en los mismos que
ahora podrían confirmarse como protagonistas de esta trama mafiosa y pone en
entredicho la débil presunción de inocencia que Rajoy y los suyos han intentado
mantener hasta el último momento, colocándoles en una difícil situación, cuando
pensaban que todo había terminado.
Porque si Castro consigue probar el delito, no quedará otro
remedio que dar por sentado también que existió el asunto de los sobresueldos
que aparecía en los papeles de Bárcenas y en los que se encontraba el nombre del
mismísimo Mariano Rajoy, como perceptor de cantidades en negro, que van a pesar
como una losa en la próxima Campaña electoral y que sin duda, será aprovechado,
por todos y cada uno de sus oponentes.
Conociendo al juez, no parece que vaya a funcionar ahora el
intento de dilatar en el tiempo la entrega de las facturas requeridas, ni
tampoco la estrategia de iniciar una huída hacia adelante, que tanto gusta a
los conservadores, cada vez que se topan con un problema.
Castro insistirá y hará valer su poder judicial del modo que
fuere preciso, hasta conseguir tener ante sí la documentación que reclama,
aunque para ello tenga que incautar de la calle Génova los oportunos
documentos, sin que seguramente esté, para nada, dispuesto a conceder ninguna
tregua, hasta que pasen las elecciones.
No estaría mal recordar que a pesar de las innumerables
presiones sufridas, de la oposición tajante manifestada por el fiscal y de las
amenazas personales, el juez jamás tuvo ninguna duda en imputar a Cristina de
Borbón, sin ceder ni un milímetro ante las exigencias tácitas de todo tipo de
poderes.
Así que ha topado el PP con un hueso duro de roer, que va a
hacer que se le atragante su fanático triunfalismo, manteniendo sobre la
mismísima cabeza de su Presidente, una espada de Damocles que puede degollarle
en cualquier momento.
Si creíamos que todo estaba ya vendido, los acontecimientos
que se precipitan en estos últimos momentos de esta escabrosa legislatura, van
a demostrarnos que no y aquí estaremos nosotros para narrar las vicisitudes que
se produzcan hasta el mismo día de reflexión, por si tuviéramos la suerte de
poder hacer cambiar de opinión a todos aquellos que por miedo, solo quieren que
todo siga igual y que continúe dirigiendo el país, este incalificable
Presidente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario