jueves, 1 de octubre de 2015

El colmo de la indignación


Ahora nos enteramos que uno de esos Bancos que han venido desahuciando a miles de familias en paro, sin piedad,  y que han necesitado fusiones y rescates que han costado a varias generaciones de españoles estar pagando una deuda eterna, perdonó al entonces Ministro de Economía Rodrigo Rato, la nada despreciable cifra de cerca de cuatrocientos mil euros, proveniente de una deuda que arrastraba una de sus empresas.
Qué motivos pueden llevar a una Entidad bancaria a una condonación como ésta, siendo como son todas, organismos sin corazón cerrados a hacer concesiones de ningún tipo a los ciudadanos, muchas veces sobrepasados por el fantasma del desempleo y con voluntad de pagar, pero sin recursos materiales con qué poder hacerlo, es una incógnita que sólo puede tener la explicación de que el Banco en cuestión, esperaba obtener a cambio, del entonces Ministro, algún tipo de favor especial o incluso un reguero de información privilegiada que le permitiera, por ejemplo, duplicar o triplicar sus beneficios.
No se puede entender que en este País nuestro, sigan sucediendo estas cosas sin que la justicia actué de inmediato, esclareciendo la naturaleza de los hechos  y que los protagonistas de estas historias de pura corrupción, que constituyen el colmo de la indignación para cualquier persona honesta, continúen en total libertad, campando por sus respetos y seguramente, urdiendo algún que otro plan similar que llene aún más sus ya más que abultados bolsillos, mientras a los demás se nos exige una impracticable austeridad, que empieza por tener que mal vivir con  los sueldos de miseria que nos ha asignado la Reforma Laboral aprobada por este gobierno.
Y lo peor, es que la trayectoria de Rato resulta ser, a poco que se escarbe en ella, sospechosamente similar e incluso idéntica, a la de un gran número de empresarios y políticos  de todo signo y color, sin que a día de hoy, nadie les haya exigido la devolución íntegra de los capitales, en muchos casos sustraídos a las arecas del Estado, que se guardan, como hemos podido ver, en paraísos fiscales de todo el mundo, que a los grandes, no interesa que desaparezcan.
Por eso ayer, cuando escuchábamos  al señor Presidente defender la separación de poderes en el Estado, a muchos españoles se nos heló la sangre en las venas.
Porque si la justicia fuera de verdad independiente y los Magistrados pudieran aplicar estrictamente  la Ley, procesar y condenar a todos aquellos que se ven envueltos en corruptelas, sin continuas presiones políticas, se tratase de quiénes se tratase, las cárceles del país resultarían del todo insuficientes para albergar solamente a los delincuentes fiscales, que sin embargo, parecen gozar de total impunidad, a la vista de lo acontecido.
Y fíjense, que en estos tiempos terribles que nos han tocado vivir, en los que las más elementales carencias se han convertido en rutinarias para millones de personas sin esperanza, robar del tesoro común, debiera ser considerado un delito de alta traición, pues compromete las prestaciones sociales necesarias para que ningún español caiga en riesgo de exclusión social, teniendo además a veces que hacer frente a situaciones extremas de dependencia, cuya atención debiera corresponder, en exclusiva, a los Organismos públicos pertinentes.
 En lugar de eso, algunos, hasta reciben SMS del mismísimo Rajoy, pidiéndoles que aguanten y animándoles, sobre todo, a callar aquello que saben, seguramente, para no comprometer a otros, que cometieron iguales delitos.
Recuérdenlo a la hora de votar en las Generales. No sea que esta terrible situación se haga crónica y no podamos escapar de ella, en el resto de nuestras vidas.

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