Con las espadas en alto, nacionalistas catalanes y Gobierno
español aguardan los resultados del Pleno convocado para mañana en Barcelona,
después de que el Tribunal Constitucional se negara a prohibir su celebración,
como esperaban ansiosamente todos los grupos contrarios a que se inicie el
proceso independentista.
Pero es que hacer una declaración de intenciones, pese a
quién pese, no está prohibido por la Ley y aunque el TC, en los últimos tiempos,
nos ha sorprendido con sentencias que
sugerían veladamente ciertas simpatías
por el Partido gubernamental, no siempre se pueden hacer ciertas cosas, sin
levantar inmediatamente una polvareda entre todos aquellos que defienden el
cumplimiento estricto de la legalidad.
Que el Constitucional le hubiera apoyado en este problema,
supondría para Rajoy y los suyos una dilatación en el tiempo que encontrándonos
como nos encontramos, a las puertas de las Elecciones Generales, les hubiera
venido muy bien, a la hora de vender en campaña su triunfalismo impenitente. La
negativa, en cambio, agrava ostensiblemente la sensación general de que el PP
no ha sido ni será jamás capaz de hallar una solución al conflicto de Cataluña
y que por tanto, habrá de conformarse con despedirse de esta legislatura, en
pleno fragor de la batalla que se libra en aquel territorio.
De lo que ocurra mañana en el Pleno, van a depender muchas de
las cosas que sobrevengan estos próximos días y que pueden, según su gravedad,
sumar o restar un enorme número de votos a según qué Partidos, ayudando a que
la balanza se incline de una u otra parte, propiciando a su vez, según quién
resulte ganador, un nuevo giro para la
enquistadísima historia de la pretendida
secesión catalana.
Habría que suponer, que los nacionalistas no se atreverán a
traspasar la delgada línea que los separa de la ilegalidad proclamando
unilateralmente la Independencia, sino que más bien, que se congratularán de
atreverse a dar nuevos pasos sobre la cuerda floja, llevando al límite la paz
psicológica de sus contrincantes políticos, aunque esperando hasta que se hayan
celebrado los Comicios del 20 de Diciembre.
Esta estrategia, podría servir para que los nervios de Rajoy
y los suyos se rompieran definitivamente, dejando al descubierto, para
beneficio de sus adversarios, en plena Campaña electoral, una serie de
carencias inexcusables, que invalidarían del todo el discurso de que todo va
bien y que oscurecerían, en gran parte, todas sus presunciones sobre el terreno
de la Economía.
Porque de endurecerse el conflicto catalán, la atención
mediática estaría centrada únicamente en este punto, convirtiéndolo en foco de atención y que además, provocaría en todos los Partidos
que se presentan a las elecciones, la necesidad de hacer referencia en todos
los actos de campaña al problema, teniendo que dejar de lado, por mera
necesidad, otros asuntos de importancia que a todos nos atañen.
Esto, lo saben y muy bien, los grupos nacionalistas catalanes
y en esta partida, que no ha hecho más que empezar, procurarán exprimirlo hasta
sus últimas consecuencias, a ver si la imagen de Rajoy queda, también a los
ojos de los demás, definitivamente defenestrada y se puede sacar cierta ventaja
de ello.
Se augura pues, pase lo que pase en el Pleno, una campaña en
la que Cataluña será la protagonista y no hay que ser muy avispado para
entender que a pesar de que en los cuatro años de gobierno de Rajoy han
ocurrido mil y una cosas del todo inaceptables, puede que sea el conflicto
catalán el que finalmente se encargue de acabar con su carrera política y de
jubilarle definitivamente, sin haber conseguido, por cierto, solucionar
absolutamente nada.
Quizá le convendría, mientras vela esta noche sus armas,
pensar en perder lo menos que pueda, de aquí a que se celebren las elecciones,
aunque para esto, tendría que cambiar totalmente de manera de pensar, cosa que
de momento, parece algo absolutamente imposible.

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