Desterrada por los luctuosos acontecimientos de París, la
cuestión de la Independencia catalana, que parecía acaparar toda la atención
mediática , ha pasado a un discreto segundo plano, a pesar de que ni siquiera
se ha podido llegar a un acuerdo para la elección de un Presidente que encabece
el supuesto proceso de secesión y de que continúan, sin atención ninguna por
parte de nadie, las conversaciones con la CUP, en un intento a la desesperada
por alcanzar un acuerdo y no tener que convocar nuevas elecciones.
Sin resignarse del todo a perder el protagonismo, Artur Mas
presentó ayer a los candidatos con los que concurrirá a las Generales, bajo
otras siglas y para anunciar que a partir de 2016, se dará por finalizado el
periodo de existencia de Convergencia, con la fundación de un nuevo Partido,
aún sin nombre, que aliará a demócratas cristianos, liberales y
socialdemócratas, bajo su manto.
Sin que nadie entienda muy bien por qué abogando por la
Independencia, la gente de Convergencia se presenta a las elecciones generales,
para formar parte del Parlamento español, Mas consigue, sin embargo, volver a
aparecer en los medios y que se vuelva a hablar del problema catalán, incluso
en plena crisis europea.
Pero el contexto en que nos movemos desde hace unos días, la
psicosis que sacude al viejo continente como un latigazo estremecedor, no puede
por menos que convertir en una nimiedad lo que ocurra en una parte de esta
península ibérica, transformando la tozudez de los independentistas en una
especie de pataleta infantil por obtener la razón en un conflicto familiar, que
carece de toda importancia fuera del ámbito al que pertenece.
¿A quién puede importar si Cataluña se independiza o no de
España en unos momentos como los que vivimos, con los ejércitos patrullando las
calles del corazón de Europa y el riesgo de atentados sangrientos llamando a
las puertas de los países vecinos, sin
que se haya podido encontrar aún a varios de los autores de lo acontecido en
París, hace tan solo una semana?
Resulta, hasta de mal gusto pensar que pueda darse una
comparación entre la importancia de ambos problemas y los separatistas, habrán de conformarse con
esperar una nueva oportunidad de saltar al primer plano de las noticias, si no
quieren ser acusados de practicar una frivolidad, absolutamente en desacuerdo
con la gravedad de la situación que vivimos.
La tozudez en mantener candente el tema de su independencia,
podría incluso herir la sensibilidad de los familiares de los franceses, acarreándoles
una enemistad que no puede convenirles en absoluto, para sus futuros planes
secesionistas.
A toda Europa, España incluida, lo que le preocupa ahora es
encontrar un camino por el que poder zafarse del pánico que la tiene acogotada
y una solución que a corto plazo, devuelva la normalidad a una Sociedad, cuyo
pulso vital se ve alterado considerablemente por el efecto del terror y la
sensación de haber perdido, en esencia, una libertad de la que hasta ahora
disfrutaba plenamente.
Así que si Convergencia cambia de nombre, seguramente huyendo
de los fantasmas de corrupción que se hallan encadenados a sus siglas o
intentando lavar la cara de aquellos que pertenecieron a ella, para
traicionarla después, derivando dinero público a paraísos fiscales, sinceramente,
nos importa un bledo.
Bastante tenemos con vencer el miedo y salir a la calle como
si nada hubiera pasado, aun sabiendo que existe el riesgo de que algo nos
ocurra indiscriminadamente, como para pararnos a pensar en cuestiones que de
afectar a alguien, no sería a la totalidad de una población que sí está,
ciertamente preocupada por el problema del terrorismo.
Qué malo es el ego y cuánto daño puede hacer a determinados
individuos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario