Se apresuran los Partidos nacionalistas a gestionar los
caminos que pudieran llevar a Cataluña hasta la Independencia, ante la mirada
atónita de un Marino Rajoy que no sabe muy bien qué hacer para frenar un
problema que desde el principio se le ha ido escapando de las manos, creyendo
quizá, que Mas y sus seguidores no se atreverían nunca a llegar hasta el punto
en que ahora nos encontramos.
A punto de terminar sus cuatro años de mandato y
profundamente agobiado por la multiplicidad de asuntos de corrupción que
sacuden a su Partido, todos y cada uno de los días, Rajoy no esperaba tener que lidiar con los nacionalistas de
manera tan denodada, justo cuando está a punto de empezar una Campaña electoral
de las Generales, que se augura difícil y violenta.
Puede que haya sido esa indecisión que le ha caracterizado
desde su llegada al poder, la que hayan aprovechado los independentistas
catalanes para acelerar su proceso, seguros de que el Presidente suele
necesitar demasiado tiempo para llevar a la práctica cualquier medida, tenga la
importancia que tenga y que es precisamente tiempo lo que ahora le falta, a punto
de terminar una legislatura, que le ha costado Dios y ayuda sacar adelante.
Las debilidades suelen resultar bastante rentables para los
oponentes, sobre todo si van acompañadas de un oscurantismo personal que
convierte al débil en enemigo de encuentros y diálogo y terminan por pasar
factura devolviendo de manera sobredimensionada, todo aquello de lo que se
huyó, sin que pueda hacerse nada por evitar que el futuro se le eche
encima, engullendo con voracidad, todo
aquello que encuentra a su paso.
No le queda a Rajoy, otra salida que mantenerse aislado en su
inexpugnable fortaleza, hasta que pasen los comicios, e ir pensando cómo
actuará, si tuviera la fortuna de ganarlos, aunque todo hace prever que
necesitará apoyos para gobernar, si esto ocurriese.
Entretanto, los pasos que se vayan dando en Cataluña,
aportarán una ventaja a los independentistas catalanes, que sea quién sea el
vencedor de las elecciones, supondrá haber ganado un terreno del que ya nadie
les podrá mover y que les consolida en el conjunto del país, como una fuerza
contraria ya desde el principio, a la doctrina de la unidad territorial que
parecen propugnar los líderes de los principales Partidos.
Es este momento de la actualidad, tan rabiosamente
interesante, por lo que de trepidante tiene, resulta difícil poner los ojos en otro sitio
que no sea Cataluña, ni hacer otra cosa más que esperar a ver cómo juegan sus
cartas, el Gobierno y los separatistas y cuál de los dos se apunta un nuevo
tanto, cada vez que se produce una nueva noticia.
Tampoco se puede olvidar, que el Parlamento catalán también
lo constituyen otras fuerzas políticas y entre ellas, los Ciudadanos que Albert
Rivera ha conseguido colocar allí y que como todos sabemos, no están para nada
de acuerdo, con los vencedores de las pasadas elecciones.
Aún sin Presidente, los días transcurren para los
parlamentarios catalanes en un sin vivir plagado de gestos y consultas de
textos que les permitan a unos y a otros hacerse con una razón por la que se
pelea cruentamente y lo único que nos queda a los demás, es esperar que en
algún momento, termine por triunfar una cordura, que desgraciadamente, falta en
grandes dosis, a los encargados de gestionar este problema, que empieza a
resultarnos, cansino.
Ya lo decíamos hace unos días. Con estos interlocutores,
resulta imposible un acuerdo.

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