martes, 3 de noviembre de 2015

Acoso al indeciso


Se apresuran los Partidos nacionalistas a gestionar los caminos que pudieran llevar a Cataluña hasta la Independencia, ante la mirada atónita de un Marino Rajoy que no sabe muy bien qué hacer para frenar un problema que desde el principio se le ha ido escapando de las manos, creyendo quizá, que Mas y sus seguidores no se atreverían nunca a llegar hasta el punto en que ahora nos encontramos.
A punto de terminar sus cuatro años de mandato y profundamente agobiado por la multiplicidad de asuntos de corrupción que sacuden a su Partido, todos y cada uno de los días, Rajoy no esperaba  tener que lidiar con los nacionalistas de manera tan denodada, justo cuando está a punto de empezar una Campaña electoral de las Generales, que se augura difícil y violenta.
Puede que haya sido esa indecisión que le ha caracterizado desde su llegada al poder, la que hayan aprovechado los independentistas catalanes para acelerar su proceso, seguros de que el Presidente suele necesitar demasiado tiempo para llevar a la práctica cualquier medida, tenga la importancia que tenga y que es precisamente tiempo lo que ahora le falta, a punto de terminar una legislatura, que le ha costado Dios y ayuda sacar adelante.
Las debilidades suelen resultar bastante rentables para los oponentes, sobre todo si van acompañadas de un oscurantismo personal que convierte al débil en enemigo de encuentros y diálogo y terminan por pasar factura devolviendo de manera sobredimensionada, todo aquello de lo que se huyó, sin que pueda hacerse nada por evitar que el futuro se le eche encima,  engullendo con voracidad, todo aquello que encuentra a su paso.
No le queda a Rajoy, otra salida que mantenerse aislado en su inexpugnable fortaleza, hasta que pasen los comicios, e ir pensando cómo actuará, si tuviera la fortuna de ganarlos, aunque todo hace prever que necesitará apoyos para gobernar, si esto ocurriese.
Entretanto, los pasos que se vayan dando en Cataluña, aportarán una ventaja a los independentistas catalanes, que sea quién sea el vencedor de las elecciones, supondrá haber ganado un terreno del que ya nadie les podrá mover y que les consolida en el conjunto del país, como una fuerza contraria ya desde el principio, a la doctrina de la unidad territorial que parecen propugnar los líderes de los principales Partidos.
Es este momento de la actualidad, tan rabiosamente interesante, por lo que de trepidante tiene,  resulta difícil poner los ojos en otro sitio que no sea Cataluña, ni hacer otra cosa más que esperar a ver cómo juegan sus cartas, el Gobierno y los separatistas y cuál de los dos se apunta un nuevo tanto, cada vez que se produce una nueva noticia.
Tampoco se puede olvidar, que el Parlamento catalán también lo constituyen otras fuerzas políticas y entre ellas, los Ciudadanos que Albert Rivera ha conseguido colocar allí y que como todos sabemos, no están para nada de acuerdo, con los vencedores de las pasadas elecciones.
Aún sin Presidente, los días transcurren para los parlamentarios catalanes en un sin vivir plagado de gestos y consultas de textos que les permitan a unos y a otros hacerse con una razón por la que se pelea cruentamente y lo único que nos queda a los demás, es esperar que en algún momento, termine por triunfar una cordura, que desgraciadamente, falta en grandes dosis, a los encargados de gestionar este problema, que empieza a resultarnos, cansino.
Ya lo decíamos hace unos días. Con estos interlocutores, resulta imposible un acuerdo.



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