domingo, 1 de febrero de 2015

Imagen de futuro


Unas trescientas mil personas respondieron el Sábado a la llamada de Podemos y colapsaron el centro de Madrid demostrando que las previsiones electorales que las encuestas conceden a la formación ciudadana de Pablo Iglesias podrían quedarse incluso cortas, a juzgar por la empatía que existe entre el mensaje que lanza el nuevo líder y una ciudadanía hastiada de la podredumbre que corroe el panorama político español.
El espíritu del 15M, que planeó en todo momento sobre la celebración, no sólo por el emblemático lugar en que se celebraba, sino también porque una gran parte de los asistentes ya habían estado en la Puerta del Sol durante aquellas primeras asambleas, puede por fin materializarse, si nada lo remedia, en opción de poder y parece que nada  podrá frenar esta explosión de compromiso que han asumido los españoles, cansados de esperar que los Partidos tradicionales gobiernen en función de lo que verdaderamente preocupa a los electores.
La imagen, que puede ser la que debamos acostumbrarnos a ver con naturalidad de cara al futuro, no ha podido agradar, naturalmente, a los señores del bipartidismo, que cada vez más alejados de la realidad, no pueden permitirse otra opción que la de amenazarnos con la estrategia de un miedo que sin embargo, no tiene visos de triunfar entre los millones de españoles que ya han decidido dar un paso adelante en su concepción de cómo deberían ser los políticos que quieren al frente de las Instituciones de su Estado.
Los ataques, los enredos, las invenciones y el vade retro entonado por PP y PSOE, no han podido frenar los arrolladores deseos de la gente por participar en un proyecto que mueve a la esperanza y la asistencia masiva a la convocatoria de la Marcha por el cambio, deja claro que para los españoles la negra etapa que han vivido durante los años de crisis ha de quedar atrás, aunque hayan de construir desde cero un Sistema distinto al que hasta ahora conocíamos y que tan malos resultados ha ofrecido para todos, en los últimos años.
Oír a estos jóvenes líderes dirigirse de igual a igual a sus interlocutores, tener la absoluta seguridad de que conocen y comparten la innumerable lista de problemas que hemos venido padeciendo bajo la tiranía del dinero y contemplar la ilusión  con  que se enfrentan al durísimo reto que se les viene encima, resulta ser el bálsamo que necesitábamos para empezar a pensar que no todo está perdido y sobre todo, que lo que haya de acaecer se encuentra, precisamente, en nuestras manos.
A partir de esta fecha, nadie podrá decir que Podemos es una Utopía, ni considerar que la importancia que esta Formación tendrá en las múltiples elecciones que vendrán  este año, será mínima.
Las trescientas mil personas que abarrotaron el Sábado el centro de Madrid, suponen la mayor entrada conocida que haya habido en un mitin de cualquier formación política en el territorio español  y nada ni nadie podrá poner en duda la contundencia de este argumento.
Podemos ha devuelto a los españoles las ganas de participar en los asuntos del Estado, en esas cosas públicas que la corrupción de los Partidos tradicionales se han encargado de pudrir, con el inasumible descaro de manejarlas sólo en su propio beneficio y  está tan clara la línea que separa al equipo de Pablo Iglesias de los líderes del llamado Bipartidísmo, que no hay más que mirar alrededor y contar, con cifras reales, la gente que acude a escucharles.

No les va a quedar otra que abandonar a la fuerza todas sus posiciones de privilegio y desde luego, no porque ellos quieran, sino porque  les vamos a empujar nosotros.

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