El desprecio de Mariano Rajoy, en el debate del Estado de la
Nación, hacia sus adversarios políticos y la forma en que se dirigió a ellos en
sus réplicas, expresando de obra y palabra una absoluta intransigencia con las
críticas que le llegan desde todos los ángulos, quizá haya constatado la
evidencia de que sus días de mandato están llegando a su fin y que va a
necesitar algo más que unas pocas promesas de nuevo cuño para mantenerse en la
vida pública, aunque sea como jefe de la oposición, fuera de la bancada azul
que ocupa desde hace algo más de tres años.
La imagen terrible de la realidad, que ha estado tratando de
ignorar , prácticamente desde que llegó a la Moncloa, se presentó con toda su
crudeza ayer ante él, en cada una de las intervenciones de todos los grupos
parlamentarios, colocándole en una incomodísima posición difícil de mantener,
cuando se trata a toda costa de maquillar lo que verdaderamente está sucediendo
en la Sociedad, armado únicamente con el espejismo de un triunfalismo exagerado
que no se corresponde con los resultados conseguidos en esta legislatura, por
las políticas de los conservadores.
El discurso de Rajoy, tuvo dos momentos álgidos a lo largo de
la tarde, cuando cargó las tintas primero contra el actual jefe de la oposición
Pedro Sánchez al que espetó a no volver más por el Parlamento calificando su
intervención de patética y más tarde, cuando haciendo gala de un evidente
cinismo, trató de hacer aparecer a Rosa Díez como una especie de intrusa
indocumentada, mofándose abiertamente y sin pudor del número de diputados con que cuenta su
Formación en el Hemiciclo.
Alterado y despectivo como pocas veces, quizá por la falta de
costumbre en enfrentarse presencialmente a los
problemas, Mariano Rajoy perdió los nervios traspasando todas las líneas del
respeto hacia todos los que, naturalmente, se opusieron a él, demostrando que
fuera de los espacios que prepara para sus intervenciones su propio Partido, no
tiene empaque para aceptar la crítica, ni merece ocupar por su talla humana, el
cargo de Presidente.
El ataque personal recibido ha venido de perlas a un Pedro
Sánchez demasiado absorto en las luchas internas que se mantienen a diario en
el PSOE y puede que por primera vez,
haya podido contar con la simpatía de los ciudadanos, aunque no sea más que por
la empatía que provoca ver como un poderoso se ceba incalificablemente con
quién considera inferior, sin admitir que en la controversia está, precisamente,
la grandeza de la Democracia.
En el caso de Rosa Díez, que estuvo bastante brillante en su
exposición, aunque como todos sabemos, nunca ha sido precisamente santo de la
devoción de Rajoy, se añade además, o al menos esa fue la impresión que se
tuvo, una especie de discriminación por cuestiones de sexo, como si el discurso de una mujer hubiera de ser,
necesariamente peor, que el de cualquiera de los hombres.
Si a esto se añade la inquina que manifestó el Presidente
hacia los representantes electos de Formaciones pequeñas en el Parlamento, se
podría decir que UPD pudo también salir reforzada del debate de ayer,
proporcionando a su líder una nueva oportunidad de crecer, de cara a las
elecciones Municipales.
Es posible que al final del Debate, los suyos hayan hecho
creer a Rajoy que ha salido victorioso del enfrentamiento, pero poniendo los
pies en la realidad, se puede afirmar con toda certeza que el Presidente fue
estrepitosamente derrotado por una especie de improvisada coalición de todas
las fuerzas presentes en el Parlamento, por una vez, unidas ante la
imposibilidad de continuar por la vía propuesta por el PP, si se quiere
conseguir que el país pueda por fin arrancar para recuperarse de algún modo,
del daño infringido por los conservadores, en una legislatura que para todos,
parece interminable.

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