En plena guerra electoral y mientras los líderes políticos se
esfuerzan por ofrecer a los ciudadanos una imagen mejor que la de sus
contrincantes, la Gala de los Goya irrumpe con su enorme dosis de glamur
derritiendo la gélida noche de Febrero, ofreciéndonos a todos unas cuantas
pinceladas de relax, que no nos vienen nada mal para evadirnos de nuestras
cotidianas penurias, centrando nuestras miradas, únicamente, en lo que alguien
dio en llamar hace tiempo, Séptimo Arte.
Agrada ver que la enorme subida del IVA aplicado por el gobierno popular a los
espectáculos no ha podido con este y que la familia del cine ha obtenido en
2014 un éxito arrollador para los
tiempos que corren, apoyados más bien en el arma indiscutible de su talento que
en las ayudas que pudieran venirle por parte de un Ministerio que para más
señas, está en manos de Wert, del que tantas veces hemos hablado y nunca para
bien, en ninguna de sus funciones.
Sin embargo, tenemos en este país unos artistas nada
proclives al desaliento, combativos donde los haya y no dispuestos a sucumbir
ante la manipulación de los gobiernos, capaces de sacar medios de dónde no los
hay y hasta de ofrecer a los espectadores toda una suerte de magníficas
películas, incluso en el momento en que nadie con dos dedos de frente hubiera
apostado porque pudiera salir nada bueno, de un arte acosado, vilipendiado e
insultado reiterativamente desde las altas instancias de un poder, que no
acepta que los intelectuales hayan naturalmente de estar, siempre y sin
excepción, a favor del progreso.
La Gala de anoche, fue la demostración flagrante de que a
este PP nada le sale según sus previsiones y a pesar de que fue este uno de los
eventos más suaves en los comentarios sobre la situación política, tampoco
faltaron perlas dirigidas literalmente contra nuestros gobernantes y muy
especialmente, contra el Ministro Wert, que este año sí, se encontraba entre
los asistentes al acto.
Comenzar con un elenco de actores y actrices relevantes, de
todas las edades, sobre el escenario, cantando a coro Resistiré, pudo dar al
ilustre Wert una idea de que con estos profesionales, ni ha podido ni podrá,
por muchas trabas que ponga al desarrollo normal de su trabajo.
Y aún hubo de soportar la rotundidad del triunfo de La isla
mínima, diez goyas consiguió la cinta de Alberto Rodriguez, que terminó de
colocar a los profesionales andaluces en lo más alto, aún procediendo de una de
las pocas Comunidades autónomas, en las que no gobierna el PP.
Poco se le dijo para la mala labor que ha hecho y sólo el
Presidente de la Academia y el irreverente Almodovar , se atrevieron a desafiar
cara a cara al Ministro y su séquito, el uno, quejándose abiertamente de la
imposición del IVA y el otro, aclarándole personalmente, que no se contaba
entre sus amigos.
Pero como la Gala no iba dirigida a las Instituciones
políticas, sino al público en general, se ha de decir que fundamentalmente,
cumplió sus objetivos.
Lujo, colorido, exhibición de alta costura en los cuerpos de
la gente más guapa de España…y una explosión de fuerza frente al oscurantismo
que se nos pretende imponer desde arriba, pero que no ha conseguido robarnos la
ilusión de sentarnos de vez en cuando en una sala de Cine y ver una de esas
películas nuestras, que surgen como por arte de magia, transportándonos a otra
dimensión, aunque solo sea por breves momentos.
Me quedo, con la interpretación de Miguel Poveda del poema de
Miguel Hernández “Para la libertad”. Tan vigente y estremecedor, como cuando se
escribiera…

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