jueves, 26 de febrero de 2015

El otro Debate


Ante la imposibilidad de poder participar en el debate del Estado de la Nación, por no tener aún representación en el Parlamento, Pablo iglesias citó anoche a miles de personas en Madrid, en un teatro cercano al Congreso, para responder, uno por uno, a los puntos que Mariano Rajoy había tocado en su intervención del día anterior y plantear, esta vez sí, todo un programa de intenciones, con datos y cifras, considerando con toda certeza, que Podemos puede aspirar a ganar las elecciones Generales y por tanto, tener la opción de formar un nuevo Gobierno.
Tuvo el discurso de Iglesias todo el empaque necesario que se pide a un líder cuando está cerca de asumir labores de Estado y optó por centrar, quizá estrenando en serio campaña electoral, todas sus críticas en un PP muy tocado por todas las historias de corrupción que le rodean y en horas bajas tras las varias salidas de tono que protagonizó Rajoy en el Parlamento el día anterior, fundamentalmente, en los turnos de réplica.
El acto, que significó claramente un paso adelante en la carrera ascendente de Podemos, dejó hábilmente de lado cualquier argumento que otros pudieran haber calificado de demagógico o populista y centrándose en cuestiones tangibles, sacadas de documentos oficiales, ofreció a los ciudadanos la esperanza de que son posibles otras alternativas menos agresivas que las políticas de recortes para zanjar definitivamente el tema de la crisis, postulándose a capitanear el poder durante los próximos cuatro años, si llegado el momento, consigue el voto mayoritario de los españoles.
No atacó Iglesias a otros líderes más que al actual Presidente, retándole abiertamente a un debate televisivo, sin perder en ningún momento la serenidad e intentando, quizá, arrastrarle a un terreno en el que el líder del nuevo Partido se maneja como pez en el agua.
Dirigiéndose a él de igual a igual, sabiendo de antemano que cuenta con los votos de muchísimos españoles y aparcando por una vez, el indiscutible carisma natural con que cuenta, fue la suya una intervención exclusivamente relacionada con los problemas reales que Rajoy se empeñó en obviar ante el Parlamento y manejó, con una soltura casi impropia de un recién llegado a la política, toda una suerte de referencias que llevaba reflejadas en un gran número de papeles que no dejó de consultar en toda la noche, demostrando que nada tiene que envidiar a ninguno de los  representantes de los grupos parlamentarios que habían protagonizado el Debate en el Congreso.
Fue el acto, el bautismo político de un líder cada vez más consolidado como tal y un triunfo personal para Iglesias, que había aparecido aún no estando presente, en todas y cada una de las intervenciones de los políticos que habían participado en el Debate y que en su mayoría, parecían tener un miedo cerval a que se haga efectiva la entrada de su Partido en el Parlamento.
Al mismo tiempo, un Pedro Sánchez crecido tras su rifirrafe con Rajoy, presentaba a Gabilondo como Candidato a la Presidencia de la Comunidad, aclamado por los suyos y aparentemente tranquilo, después de la tormenta que organizó la semana pasada con la expulsión de Tomás Gómez, con métodos ciertamente discutibles.
Debió serenarle también que Iglesias ni siquiera le mencionó en su discurso, aunque quizá sería mejor para él no confiarse en que no lo hará más a lo largo de una campaña electoral, que se promete agresiva y hasta violenta.
Lo cierto es que casi estuvo más interesante lo que se dijo fuera que dentro del Congreso, Albert Rivera también habló ante varios medios de comunicación a lo largo del día, evidenciando que algo está cambiando a pasos agigantados en el país y que pronto todos tendremos que acostumbrarnos a una nueva manera de hacer política.

Un soplo de aire fresco, en medio del ambiente viciado que habían traído a nuestras vidas, estos políticos de costumbres relajadas y carpetovetónicas, que pensaban que se perpetuarían en el poder eternamente. 

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