Por muchos años que pasen, los españoles nunca terminaremos
de saber qué ocurrió realmente tras las paredes de Bankia y a pesar de ser los
únicos inocentes en toda esta amplísima gama de corrupción, de alguna manera,
nos tocará pagar íntegramente el montante de cuanto de allí desapareció sin
dejar rastro, consiguiendo colocar al país al borde de la bancarrota, mientras
sus directivos entraban, por la puerta grande, a formar parte del exclusivo
club de los ricos.
El juez Andreu ha debido entender que el auténtico trasfondo
de la estafa se fraguó de una manera fría y calculada, íntegramente desde
dentro y por eso les impone una fianza de ochocientos millones de euros, que si
en principio pudiera parecer una cantidad desmesurada, podría terminar siendo
una pequeña parte de los incalculables beneficios que toda la operación generó
para algunos y que, naturalmente, obrará en su poder, escondida en algún
paraíso fiscal, fuera del alcance de la Hacienda española.
Por eso, aunque Bankia recurriera la decisión judicial, el
montante de la fianza no debiera ser rebajado y por eso también, de ser
finalmente abonado dentro de plazo, sería oportuno seguir el rastro del dinero,
por si pudiera aportar alguna pista de dónde puede sacarse en pocos día una
cantidad como esa, para a ser posible, compensar a los ciudadanos de todos los
desvelos y sacrificios que les ha acarreado esta trama de corrupción, cuyas consecuencias
seguirán pagando sus nietos, gracias a la petición de rescate que solicitó un
Mariano Rajoy, probablemente sobrepasado, al saber que entre los principales
implicados en el agujero negro, estaba el que fuera su competidos por la presidencia
del PP, Rodrigo Rato, para más señas.
La indignación popular va in crescendo, cada vez que se
conocen nuevas informaciones sobre lo que sucedió, primero en Caja Madrid y más
tarde en Bankia, porque cada una de las noticias que poco a poco va publicando
la prensa, supone un agravio peor que el anterior y porque es de prever que
cuanta investigación salga a la luz en el futuro, será de dimensiones aún
mayores que todas las publicadas hasta ahora.
En esta tesitura, todo lo que ocurra a los responsables de
Bankia debe ser acogido por los españoles con alegría, sobre todo si al menos
una parte importante de los imputados acaban pagando las penas reales que
corresponderían, en justicia, a la dimensión de su delito.
Ya no valdría, por tanto, un nuevo intento por apartar a otro
juez de sus funciones, como ocurrió en el caso de Silva, pues habiendo quedado
prácticamente probada la presunta culpabilidad de individuos como Rato o Blesa,
a la justicia no le queda otro camino que el de cumplir estrictamente lo que
marca la ley, aunque en el ejercicio de sus funciones acabe llegando posteriormente a la implicación
de otros nombres de relevancia política, social, empresarial, o de cualquier
ámbito de trascendencia, sean quienes fueren los que se beneficiaron de algún
modo, de esta trama corrupta.
Y aunque como decíamos al principio, siempre nos quede el
regusto amargo de que alguien consiguió escapar, al menos, si todo lo que hay a
día de hoy, logra ser finalmente esclarecido y los culpables son condenados,
como es de prever, con contundencia, podremos decir que una parte de los
causantes de muchas de las desgracias que azotan a este país, los que
traicionaron la confianza de los preferentistas, los que se atrevieron a sacar
a bolsa una entidad de alto riesgo y los usuarios de las tarjetas black,
pagaron en dinero o en cárcel por sus culpas y nosotros lo vimos.

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