Se cansa Tania Sánchez de predicar en desierto sobre la
necesidad de que IU expulse inmediatamente a los militantes que aceptaron y
usaron las tarjetas negras de Bankia y abandona el Partido que la había elegido
candidata para la Presidencia de la Comunidad de Madrid, en un momento en el
que todas las encuestas auguran un descenso más que evidente en la intención
del voto que le darán los españoles.
Se marcha, dice, con la intención de fundar algo nuevo, pero
que pueda concurrir con las ideas de cambio que pululan en el ambiente de otras
Formaciones, por lo que no se puede descartar que finalmente decida sumar
fuerzas con Podemos, que parece coincidir y mucho, con la manera de pensar que
manifiesta esta joven promesa de la política española.
Hace tiempo que los planteamientos de Izquierda Unida, ya lo
hemos dicho en alguna ocasión, se habían quedado bastante obsoletos, en la
opinión de los ciudadanos y resulta particularmente difícil para cualquier
colectivo progresar en el campo de la política, si no se asume la necesidad de
evolucionar con los tiempos.
Quizá por eso, Podemos le ha comido casi todo el terreno a
esta Formación de la que nadie podrá decir que no ha luchado por los problemas
de la gente, pero que adolece de continuar unas líneas de actuación ciertamente
anticuadas y de mantener en sus filas como personas más relevantes, a una serie
de dinosaurios anclados en los principios de un comunismo recalcitrante que pudieron
venir muy bien durante los años de la Dictadura, pero que han quedado sepultado
por nuevas corrientes de pensamiento, más acordes con la modernidad y menos
anquilosadas, en sus mensajes y en sus símbolos.
La insultante juventud de los líderes de Podemos, la
magnífica formación académica que poseen y la fuerza que da la libertad de no
llevar sobre la espalda una historia de luces y sombras que al final le
relacionan a uno más con lo que pasó tiempo atrás que con lo que está
ocurriendo actualmente, ha terminado por fagocitarse cualquier aspiración de
poder que pudiera albergar IU y más aún si se tiene en cuenta que su recién
elegido líder, Garzón, carece de todo el
carisma que le sobra a Pablo
Iglesias.
Y habiendo como hay más de una coincidencia programática con
el nuevo Partido, lo natural y lo que todos esperaban, es que IU se una a la
carrera imparable de Podemos, desapareciendo después de haber cumplido con
dignidad, su cometido en la historia de este país nuestro.
Cualquier otra posibilidad, huelga y empeñarse en mantener
vivo algo que está, por circunstancias que todos conocemos, prácticamente
muerto o consentir que un partido de solera quede relegado a una presencia
prácticamente testimonial en el panorama político, hace flaco favor a quienes
durante años han batallado dentro de él y sobre todo, a la imagen que de IU,
tenemos todos los españoles.
Tania Sánchez parece haber entendido con claridad meridiana
este planteamiento, pero no sería de extrañar que tras su marcha, otros muchos
decidieran poner punto final a su permanencia bajo estas siglas, lo que quizá
sería sin duda, lo mejor para todos.

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