Desde tiempos inmemoriales, la Federación Socialista
Madrileña siempre ha sido un nido de víboras en el que ha costado trabajo
sobrevivir y que no ha hecho otra cosa que perjudicar los intereses de su
propio partido, por mucho que se empeñen los que pertenecen a ella, en
considerarse como un cuerpo de élite mejor preparado que todos los demás que
forman o formaban la extensa familia que
creara hace más de cien años, Pablo Iglesias.
Traiciones, puñaladas por la espalda y un afán increíble por
escalar puestos de poder, incluso teniendo que pasar por encima de los propios
compañeros, han sido y son algo natural entre los militantes adscritos a este
ámbito territorial y no hay más que tirar de hemeroteca para comprobarlo.
Ayer, Pedro Sánchez cesó fulminantemente a Tomás Gómez, por
considerar que le rozaba de manera evidente la trama de corrupción denominada
como Púnica y que como todos sabemos, ha llevado a prisión a varios ediles del
PP y el PSOE y al que fuera mano derecha de Esperanza Aguirre, Francisco
Granados.
Tomás Gómez, que siempre ha sido considerado por sus
compañeros como perteneciente a la corriente más progresista del Partido y que
antaño fue el alcalde más votado proporcionalmente en España, es ahora
destituido al recaer sobre él la sospecha de que la construcción del tranvía de
Parla, localidad que gobernó, presenta una sobrevaloración de cuarenta y cinco
millones, sin que de momento, nadie pueda explicar en qué se empleó esta
cantidad o si fue a parar directamente a los bolsillos de algunos políticos.
Sin embargo, la trayectoria de Tomás Gómez, nada tiene que
ver con la de Pedro Sánchez y de todos es sabido que sus posturas han estado
siempre más allá de la moderación extrema que caracteriza al nuevo líder del
PSOE, por lo que su destitución bien pudiera tener que ver con que existan
entre ellos ciertas diferencias insalvables, que más que favorecer el ascenso
de Sánchez en la intención de voto de los españoles, bien podría conseguir el
efecto contrario, si los votantes se paran a pensar cuál de los dos se
encuentra más cerca del sentir popular, comprendiendo que el recién llegado a
la cúpula de Ferraz, no representa en ningún caso, una ruptura con el pasado.
Si Tomás Gómez se lucró o no con la construcción del tranvía,
ya se verá, pero el argumento de que la mera sospecha es suficiente para
destituir a cualquiera que ocupe un cargo, no cuadra en absoluto con la
posición adoptada en otros casos de mucha mayor relevancia, como podría ser el
de la más que probable imputación de Chávez y Griñán, en los ERES de Andalucía.
Muchos de los compañeros de Gómez, incluido el candidato a la
alcaldía de Madrid, Antonio Miguel Carmona, han manifestado públicamente su
solidaridad incondicional con el ahora cesado, lo que abre una profunda brecha,
a tan sólo dos meses de las elecciones, en la Federación Socialista Madrileña,
cuestionando seriamente la autoridad de
ese líder al que todos dicen apoyar,
pero que de manera evidente no parece contar con tantos seguidores como
presume, lo que hace tambalearse su continuidad, como Secretario general del
Partido y futuro candidato a la Presidencia del Gobierno.
Sumido en su propia miseria, el PSOE camina indefectiblemente
hacia una fragmentación que podría general para él un grave retroceso en los
resultados de cualquier tipo de elecciones, tal y como era de esperar, tras la
clara renuncia que durante los últimos años ha venido haciendo, de lo que se
consideraban sus principios ideológicos, sobre todo en los temas sociales.
Cuando Pedro Sánchez accedió a la Secretaría General, ya decíamos que más que una renovación, el PSOE
necesitaba una revolución y estas luchas internas, totalmente de espaldas a los
problemas reales del país, no hacen más que demostrar la indiscutible
existencia de su fracaso.
Mientras seis millones de parados se debaten diariamente con
los estragos que ha traído a sus vidas la llegada de la pobreza, un PSOE
altanero, soberbio y sin corazón, sólo se preocupa de que nadie haga sombra al
que eligieron con la única intención de recuperar el poder.
Si este es el ideario del socialismo, la lucha de miles de
personas agrupadas durante años bajo estas siglas, no habrá tenido ningún
sentido y mancilla gravemente el honor de todos los que defendieron
sinceramente aquellos principios de
igualdad en que creyeron quienes crearon este centenario Partido.

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