Ha tenido que ser la prensa la que empiece a filtrar los
nombres de la lista Falciani, quizá por la vergüenza que constituiría para
cualquier gobierno tener que admitir que muchos de sus personajes, popularmente
llamados ilustres, son en realidad, especialistas en la evasión de impuestos
que constituye hoy por hoy, uno de los delitos más perseguidos y menos
juzgados, en este panorama político neocapitalista, que tanta importancia
concede a la posesión del dinero.
No eran estos seres “ilustres” precisamente un ejemplo de
comportamiento ciudadano y menos aún, de ese rancio patriotismo que suele
adjudicarse la derecha como primer valor innegociable y que mueve a la risa, si
uno analiza que en lugar de contribuir al desarrollo de los países a los que
tanto dicen amar, prefieren poner en
práctica todo tipo de subterfugios para que sus cuentas privadas no sufran
ningún menoscabo, salvaguardando sus riquezas en manos de bancos instalados en
esos paraísos fiscales, que a la gente normal suenan como lejanos y virtuales,
por las pocas posibilidades que cualquiera de nosotros tendría de abrir cuentas
en ellos.
Ningún colectivo se salva de este pecado mortal tan corriente
en nuestros días, dejando claro que cuando está por medio la avaricia, ni
siquiera es normal avergonzarse cuando a uno le pillan cometiendo delito,
aunque este delito suponga un grave perjuicio para la situación social del
resto de los ciudadanos.
En cuanto empiecen a aparecer los nombres, seguramente muchos
de nosotros descubriremos con estupor que algunos de nuestros ídolos,
desgraciadamente, tenían los pies de barro y que esto de la honestidad parece
necesariamente reservado para las clases proletarias, dado que en cuanto
alguien levanta un poco la cabeza y por medio de su trabajo o por un golpe de suerte
eleva un poco su nivel, se convierte inmediatamente en un monstruo sin corazón,
que lucha denodadamente por sacar su capital del país, no sea que la
construcción de hospitales y escuelas le recuerden a diario que lo que se
invirtió en ellos, estaría mucho mejor en su cuenta.
Pero estos delitos, ni siquiera tienen penalmente un castigo
ejemplar que evite la tentación futura de otros y hasta habría que considerar
seriamente la posibilidad de que todos los ciudadanos honrados estemos
equivocados en nuestros planteamientos, sobre todo si se compara el castigo que
se aplica, por ejemplo, a traficar con una cantidad pequeña de droga, unos ocho
años de prisión con la impunidad de que disfrutan toda una serie de evasores
fiscales demostrados, que gozan de una libertad total, para indignación de los
que miramos desde fuera.
No sé yo si la clave estará en dedicarse a cualquier
actividad profesional que genere cierta fama y muy especialmente al ejercicio
de la política, pero la realidad es que a cualquier trabajador con nómina suele
Hacienda perseguirle hasta el acoso en cuanto se le descubre alguna
irregularidad, mientras que diario se ven publicados en la prensa ejemplos de
evasión de capitales millonarios por parte de personajes conocidos, que o no se
juzgan nunca o se saldan con sentencias
irrisorias y sin devolución del montante defraudado, lo que aún resulta, si
cabe, mucho más incomprensible.
A la hora que escribo este artículo, salta la noticia de que
el Propio Falciani, acaba de fichar por Podemos.
Puede que sabiendo lo que sabe y lo poco que se ha hecho tras
la revelación de sus incontables secretos, sea esta Formación la única que a
nivel personal, le ofrezca un poco de esperanza para conseguir que su fuga con
los papeles del delito no acabe siendo, como hasta ahora parece, una soberana
tontería.

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