lunes, 9 de febrero de 2015

Ilustres delincuentes


Ha tenido que ser la prensa la que empiece a filtrar los nombres de la lista Falciani, quizá por la vergüenza que constituiría para cualquier gobierno tener que admitir que muchos de sus personajes, popularmente llamados ilustres, son en realidad, especialistas en la evasión de impuestos que constituye hoy por hoy, uno de los delitos más perseguidos y menos juzgados, en este panorama político neocapitalista, que tanta importancia concede a la posesión del dinero.
No eran estos seres “ilustres” precisamente un ejemplo de comportamiento ciudadano y menos aún, de ese rancio patriotismo que suele adjudicarse la derecha como primer valor innegociable y que mueve a la risa, si uno analiza que en lugar de contribuir al desarrollo de los países a los que tanto dicen amar,  prefieren poner en práctica todo tipo de subterfugios para que sus cuentas privadas no sufran ningún menoscabo, salvaguardando sus riquezas en manos de bancos instalados en esos paraísos fiscales, que a la gente normal suenan como lejanos y virtuales, por las pocas posibilidades que cualquiera de nosotros tendría de abrir cuentas en ellos.
Ningún colectivo se salva de este pecado mortal tan corriente en nuestros días, dejando claro que cuando está por medio la avaricia, ni siquiera es normal avergonzarse cuando a uno le pillan cometiendo delito, aunque este delito suponga un grave perjuicio para la situación social del resto de los ciudadanos.
En cuanto empiecen a aparecer los nombres, seguramente muchos de nosotros descubriremos con estupor que algunos de nuestros ídolos, desgraciadamente, tenían los pies de barro y que esto de la honestidad parece necesariamente reservado para las clases proletarias, dado que en cuanto alguien levanta un poco la cabeza y por medio de su trabajo o por un golpe de suerte eleva un poco su nivel, se convierte inmediatamente en un monstruo sin corazón, que lucha denodadamente por sacar su capital del país, no sea que la construcción de hospitales y escuelas le recuerden a diario que lo que se invirtió en ellos, estaría mucho mejor en su cuenta.

Pero estos delitos, ni siquiera tienen penalmente un castigo ejemplar que evite la tentación futura de otros y hasta habría que considerar seriamente la posibilidad de que todos los ciudadanos honrados estemos equivocados en nuestros planteamientos, sobre todo si se compara el castigo que se aplica, por ejemplo, a traficar con una cantidad pequeña de droga, unos ocho años de prisión con la impunidad de que disfrutan toda una serie de evasores fiscales demostrados, que gozan de una libertad total, para indignación de los que miramos desde fuera.
No sé yo si la clave estará en dedicarse a cualquier actividad profesional que genere cierta fama y muy especialmente al ejercicio de la política, pero la realidad es que a cualquier trabajador con nómina suele Hacienda perseguirle hasta el acoso en cuanto se le descubre alguna irregularidad, mientras que diario se ven publicados en la prensa ejemplos de evasión de capitales millonarios por parte de personajes conocidos, que o no se juzgan nunca o  se saldan con sentencias irrisorias y sin devolución del montante defraudado, lo que aún resulta, si cabe, mucho más incomprensible.
A la hora que escribo este artículo, salta la noticia de que el Propio Falciani, acaba de fichar por Podemos.
Puede que sabiendo lo que sabe y lo poco que se ha hecho tras la revelación de sus incontables secretos, sea esta Formación la única que a nivel personal, le ofrezca un poco de esperanza para conseguir que su fuga con los papeles del delito no acabe siendo, como hasta ahora parece, una soberana tontería.



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