A sólo unos días del triunfo de Tsipras en Grecia y tras su
negativa a seguir negociando la deuda de su país con los elementos indeseables
de la troika, parece que Bruselas empieza a plantearse la posibilidad de
hacerla desaparecer, o al menos, de cambiarla por un Organismo que hiera menos
la sensibilidad de los ciudadanos, que en cierto modo, odian la sola idea de
ser controlados por esta especie de modernos colonizadores que pisotean la
identidad de los pueblos.
Naturalmente, a Merkel no le gusta nada la idea y como no
podía ser de otra manera, tampoco a nuestro Presidente Rajoy, que se opone
contundentemente, junto a la lideresa alemana, a la condonación de una parte de
la deuda griega porque si finalmente
Tsipras lograra cumplir este objetivo, constituiría un fuerte apoyo para el
posible triunfo de Podemos.
Como vemos, no importa aquí si los griegos pueden o no
continuar en la terrible situación en que se encuentran o si es posible o no de
verdad, que el montante de lo que deben pueda llegar a ser devuelto en algún momento, porque lo que
realmente trae de cabeza a los líderes de los Partidos conservadores europeos
es el peligro real de que los países del sur pudieran finalmente decidirse a
protagonizar un cambio en los cimientos de lo que ha sido hasta ahora la manera
de hacer política, dando al traste, quizá para siempre, con el lucrativo
negocio que ha supuesto el método de la austeridad y los recortes.
Esta crisis, que nos ha servido a todos para saber a qué
intereses reales sirven los magnates de la Comunidad y que ha roto todas las
tradiciones del mercado laboral europeo, equiparándolo en sus precarias
condiciones al asiático, si algo nos ha enseñado, es que ninguno de estos
Partidos rutinariamente instalados en los órganos del poder, tienen ya nada que
ver con las aspiraciones ciudadanas y mucho con las durísimas leyes que dictan
los dueños del dinero, que han visto en exprimir a los trabajadores hasta el
límite, una oportunidad de cuadriplicar sus beneficios.
Y como a todos ellos
les ha costado un verdadero esfuerzo llevarnos hasta los límites en que ahora
nos encontramos y conseguir que muchos de nosotros estemos dispuestos a vender
nuestra dignidad, a cambio de un puesto de trabajo precario con el que sortear
la miseria en la que nos hemos visto obligados a vivir, gracias a sus malas
artes, sentir amenazado este imperio creado a base de puro terror no puede ser
para ellos algo deseable y mucho menos, si se tiene en cuenta la mayoría
numérica que representan los ciudadanos de los países del Sur puestos en pie,
apartándoles en las urnas, de cualquier labor de gobierno.
Poco importan a Rajoy los veintiséis mil millones de euros
que Grecia nos debe y mucho conseguir que las propuestas de Tsipras fracasen de
manera rotunda, antes de que empiecen a celebrarse los múltiples Comicios que tendrán
lugar en nuestro país, en este 2015.
Porque si la troika desaparece y el nuevo Presidente heleno
logra renegociar con éxito el asunto de su deuda con Europa, de algún modo, se estará dando la razón a todo aquello que
viene anunciando Pablo Iglesias en todas y cada una de sus intervenciones y al
lema de “Si se puede”, que corean los ciudadanos en las calles, cada vez con
más fuerza.
Pocas posibilidades electorales quedarían entonces a un
Rajoy, además, fuertemente agobiado por los gravísimos problemas de corrupción
que sacuden impíamente a diario a su Partido, por lo que no tendría otro
remedio que aceptar que su etapa política queda finiquitada y no precisamente
de una manera airosa, ni para él, ni para quienes le acompañaron en su etapa
como Presidente.
Sin embargo, la voluntad de los españoles discurre por un
camino bien distinto y la indignación acumulada en el transcurso de esta
legislatura ha llevado a muchos de ellos a decidir, sin posibilidad de cambio,
una intención de voto que no comulga ya con las manidas teorías defendidas por
el recalcitrante bipartidismo y menos aún, con las de este Partido Popular
falaz, triunfalista e incumplidor de promesas electorales, al que se han visto
obligados a soportar con infinita paciencia, por causa de una tiránica mayoría
absoluta que no ha permitido un solo resquicio por el que intentar retirarle la
confianza.
Tampoco cuentan Merkel y sus socios con tiempo material para
conseguir sus propósitos, pues en el caso de España, las elecciones andaluzas,
se celebrarán el mes próximo y se entiende que con toda seguridad, Podemos
conseguirá en ellas situar a muchos de los suyos en cargos de cierta
importancia.
Será la puerta que dará paso al Partido de Iglesias a las
Instituciones y para cuando lleguen las generales, ya no servirá el argumento
de que son neófitos en labores de gobierno.
En el terreno coloquial, los españoles tampoco podemos ver a
la troika. Es por ello, que representaría un enorme placer poder contemplar
cómo desaparece del panorama político en general, y muy particularmente del
griego, sobre todo por tener la oportunidad de ser testigos de cómo
reaccionaran Merkel, Rajoy y todos aquellos que les siguen mansamente, si
Tsipras gana el pulso y esto empieza a cambiar de verdad, para bien de todos
nosotros.

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