lunes, 23 de febrero de 2015

Con el corazón en un puño


En un compás de espera prácticamente insoportable, Grecia aguarda la benevolencia de los líderes europeos para con una situación que ha ido empeorando paulatinamente hasta llegar a hacerse insostenible en los últimos tiempos y cuya solución no se permite encontrar al gobierno recién elegido de Tsipras, lo que constituye a todas luces, una clara injerencia en los asuntos internos de un Estado.
La necesidad de acudir a varios rescates, que han sido ofrecidos por Europa en condiciones que podrían rozar la usura y la total imposibilidad de devolver la deuda que en las circunstancias actuales tienen los griegos, han encendido los ánimos de los dirigentes más conservadores europeos, encabezados por Merkel y seguidos mansamente por personajes como Rajoy , animándoles a no ceder a ninguna negociación, al temer que las medidas propuestas desde Grecia, de aceptarse, pudieran demostrar que existe otra vía menos violenta para ir saliendo de la crisis, que nada tiene que ver ni con la destrucción del mercado laboral, ni con las políticas de gravísimos recortes sociales que se proponen desde Alemania a los acreedores del sur y que se están convirtiendo en una especie de colonización encubierta de las Naciones que se encuentran en una situación más precaria.
A un paso de tener que abandonar el euro, a nadie puede extrañar que Grecia se emplee a fondo en intentar hacer nuevos amigos fuera de la Unión, teniendo en cuenta el poco apoyo que está recibiendo de los que hasta ayer mismo decían ser sus aliados y habría que sopesar si no sería precisamente ese abandono de la moneda común la única solución factible que queda a los helenos para al menos, dejar que su nuevo gobierno intente remediar la severa pobreza que sufren, asfixiados por las exigencias de una Europa intransigente, a la que interesa mucho más cobrar la deuda, que la vida o la muerte lenta de unos millones de ciudadanos, a los que abandonan así, a una suerte negra.
Que Alemania reaccione de esta manera, todos lo esperábamos, aunque choca pensar que hace sólo medio siglo, nosotros ayudamos a su reconstrucción tras el paso devastador de los efectos de la guerra por sus pueblos y ciudades, pero que el Presidente del Estado español se posicione a su lado, siendo como es, uno de los países más afectados por la penuria económica de los últimos tiempos, resulta del todo inaceptable, aunque no sea más que por la idea de que lo mismo que sucede en Grecia, podría mañana suceder aquí, si las cosas se tuercen un poco más y la inutilidad de nuestros políticos no consigue remediarlo.
Aunque sólo fuera por empatía, a Rajoy le correspondería apoyar al Presiente griego, si es verdad que desea fehacientemente, como gusta decir, sacar al pueblo español de la penuria en que se halla inmerso y debiera darle igual, si quiere lo mejor para nosotros, bajo qué siglas o ideología se emprende el camino de la solución, limitándose a apoyar las buenas ideas, llámese cómo se llame, quien las tenga.
Dorar la píldora a Merkel, reclamar zafiamente los veintiséis mil millones que Grecia nos debe, gracias a que se dio la orden de comprar esta deuda, convirtiéndola en pública, no consigue más que aumentar la indignación de una sociedad que por experiencia propia, no puede por menos que solidarizarse con el sentir del pueblo griego y por ende, con la figura de su nuevo Presidente.
El descaro del PP, en esta cuestión, no tiene límites y aunque trate de hacernos creer que reclamar la deuda a los griegos no es más que una necesidad para el Estado español, la verdad que subyace bajo esta afirmación no es otra que el terror a que las políticas de Tsipras consigan triunfar, provocando en los ciudadanos españoles la urgencia de votar al Partido que más se asemeje en sus propuestas al que gobierna en Grecia y que en nuestro caso, no es otro que Podemos.
La conclusión entonces, es que lo que importa a Rajoy no es devolvernos la dignidad perdida, sino continuar ostentando el poder otros cuatro años, caiga quien caiga y pese a quién pese.
A eso, los militantes del partido conservador gustan en llamarlo patriotismo, la personas normales, como usted o como yo, lo llamamos traición. Que a nadie se le olvide cuando llegue el momento de elegir a quiénes nos representen.





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