En un compás de espera prácticamente insoportable, Grecia
aguarda la benevolencia de los líderes europeos para con una situación que ha
ido empeorando paulatinamente hasta llegar a hacerse insostenible en los
últimos tiempos y cuya solución no se permite encontrar al gobierno recién
elegido de Tsipras, lo que constituye a todas luces, una clara injerencia en
los asuntos internos de un Estado.
La necesidad de acudir a varios rescates, que han sido
ofrecidos por Europa en condiciones que podrían rozar la usura y la total
imposibilidad de devolver la deuda que en las circunstancias actuales tienen
los griegos, han encendido los ánimos de los dirigentes más conservadores
europeos, encabezados por Merkel y seguidos mansamente por personajes como
Rajoy , animándoles a no ceder a ninguna negociación, al temer que las medidas
propuestas desde Grecia, de aceptarse, pudieran demostrar que existe otra vía
menos violenta para ir saliendo de la crisis, que nada tiene que ver ni con la
destrucción del mercado laboral, ni con las políticas de gravísimos recortes
sociales que se proponen desde Alemania a los acreedores del sur y que se están
convirtiendo en una especie de colonización encubierta de las Naciones que se
encuentran en una situación más precaria.
A un paso de tener que abandonar el euro, a nadie puede
extrañar que Grecia se emplee a fondo en intentar hacer nuevos amigos fuera de
la Unión, teniendo en cuenta el poco apoyo que está recibiendo de los que hasta
ayer mismo decían ser sus aliados y habría que sopesar si no sería precisamente
ese abandono de la moneda común la única solución factible que queda a los
helenos para al menos, dejar que su nuevo gobierno intente remediar la severa
pobreza que sufren, asfixiados por las exigencias de una Europa intransigente,
a la que interesa mucho más cobrar la deuda, que la vida o la muerte lenta de
unos millones de ciudadanos, a los que abandonan así, a una suerte negra.
Que Alemania reaccione de esta manera, todos lo esperábamos,
aunque choca pensar que hace sólo medio siglo, nosotros ayudamos a su
reconstrucción tras el paso devastador de los efectos de la guerra por sus
pueblos y ciudades, pero que el Presidente del Estado español se posicione a su
lado, siendo como es, uno de los países más afectados por la penuria económica
de los últimos tiempos, resulta del todo inaceptable, aunque no sea más que por
la idea de que lo mismo que sucede en Grecia, podría mañana suceder aquí, si
las cosas se tuercen un poco más y la inutilidad de nuestros políticos no
consigue remediarlo.
Aunque sólo fuera por empatía, a Rajoy le correspondería
apoyar al Presiente griego, si es verdad que desea fehacientemente, como gusta
decir, sacar al pueblo español de la penuria en que se halla inmerso y debiera
darle igual, si quiere lo mejor para nosotros, bajo qué siglas o ideología se
emprende el camino de la solución, limitándose a apoyar las buenas ideas,
llámese cómo se llame, quien las tenga.
Dorar la píldora a Merkel, reclamar zafiamente los veintiséis
mil millones que Grecia nos debe, gracias a que se dio la orden de comprar esta
deuda, convirtiéndola en pública, no consigue más que aumentar la indignación
de una sociedad que por experiencia propia, no puede por menos que
solidarizarse con el sentir del pueblo griego y por ende, con la figura de su
nuevo Presidente.
El descaro del PP, en esta cuestión, no tiene límites y
aunque trate de hacernos creer que reclamar la deuda a los griegos no es más
que una necesidad para el Estado español, la verdad que subyace bajo esta
afirmación no es otra que el terror a que las políticas de Tsipras consigan
triunfar, provocando en los ciudadanos españoles la urgencia de votar al
Partido que más se asemeje en sus propuestas al que gobierna en Grecia y que en
nuestro caso, no es otro que Podemos.
La conclusión entonces, es que lo que importa a Rajoy no es
devolvernos la dignidad perdida, sino continuar ostentando el poder otros
cuatro años, caiga quien caiga y pese a quién pese.
A eso, los militantes del partido conservador gustan en
llamarlo patriotismo, la personas normales, como usted o como yo, lo llamamos
traición. Que a nadie se le olvide cuando llegue el momento de elegir a quiénes
nos representen.

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