Con una numerosa manifestación de mujeres recorriendo las
calles de Madrid, en contra de la nueva Ley del aborto y la marea verde en
contra de la Ley Wert en la puerta, el
PP ha celebrado una Convención en Valladolid, cuyo mensaje merece la pena ser
oído, aunque no sea más que para poder rebatirlo en su totalidad, con el simple
argumento de lo que ha ocurrido en España, durante estos dos últimos años.
Lamentándose de la herencia recibida de Zapatero, como si
Rajoy no hubiera tenido la obligación como jefe de la oposición, de conocer al
detalle cómo estaba la situación española de entonces, los pesos pesados del
Partido conservador han ido desfilando ante los suyos, claramente condicionados
por la proximidad de las elecciones europeas y haciendo alarde de una
presunción absolutamente desmedida, sobre lo que ha sido su gestión de la
crisis y las medidas, que según ellos, se han visto obligados a tomar.
Como si los españoles no tuviéramos memoria, ni hubiéramos
sufrido en carne propia la violencia de los decretos promulgados por Rajoy en
la mitad de su tiempo de mandato, la referencia continua a la notable mejoría
que, siempre en su versión, ha sufrido el País, se ha convertido en una
constante durante todos y cada uno de los actos celebrados, sin que en ningún
momento se haya reconocido ni un solo error, ni se haya hecho mención alguna a
las numerosísimas protestas que ha protagonizado y sigue protagonizando la ciudadanía,
ni a los incontables casos de corrupción que se han producido en sus filas,
encabezados por el de Bárcenas, que afecta directamente a la credibilidad de
cuántos subieron al púlpito para tratar de convencer a los incautos, de que
vuelvan a beneficiarles con sus votos.
Hemos podido oír al Presidente, vanagloriarse de que su
Reforma Laboral está solucionando el problema del paro en España, omitiendo
conscientemente mencionar que seis millones de ciudadanos, un millón más que
cuando él asumió el poder, siguen desempleados, despreciando olímpicamente la
gravísima situación familiar en que estas personas se encuentran e intentando convencer a la población de que
trague esta gran mentira, urdida junto con otras muchas para recuperar la
confianza, al menos de aquellos que siempre les votaron y que ahora se
encuentran absolutamente defraudados por el reiterado incumplimiento de sus
antiguas promesas.
Hemos tenido que oír a Montoro decir literalmente, que lo que
ellos saben hacer es bajar los impuestos, tras haber potenciado más de cuarenta
subidas de los mismos durante su estancia en el Ministerio, que tanto han
mermado el poder adquisitivo de los ciudadanos.
Y hemos tenido que ver al marido de Cospedal, sentado en la
primera fila, junto a su mujer, como si ser sospechosos de cobrar en negro
durante años, fuera algo de lo que jactarse ante sus militantes o bien, un
ejemplo a seguir, para todos aquellos que se encuentren directamente
relacionados con algún cargo público, o sean consortes de quiénes lo detentan,
como en el caso que nos ocupa.
También hemos visto a Gallardón ignorar olímpicamente la
oleada de protestas levantadas dentro y fuera de su partido por el borrador de
su nueva Ley de aborto y reafirmarse en todos los inaceptables puntos que la
forman, como si verdaderamente fuera dueño de los cuerpos y las mentes de todas
las mujeres españolas, a las que reduce a una mera función de procreación,
aunque sea en contra de su propia voluntad y hasta cercenando el derecho
constitucional que las ampara para tomar libremente las decisiones que más les
convenga.
Refiriéndose a la numerosa manifestación que se estaba
produciendo en esos mismos momentos en Madrid y tratando, como otras veces de
manipular la realidad de lo que estaba sucediendo dijo que ningún grito o
alboroto le apearía de seguir adelante con este proyecto, a pesar de la inmensa
soledad, en que todos sabemos que se
encuentra.
En un ambiente de despreocupación absoluta, que choca
frontalmente con los gravísimos problemas que padecemos, la falta de ética
demostrada por el PP en la celebración de este acto y la ausencia total de
responsabilidad para con su pueblo, no ha podido quedar más patente ni ser más
obvia para todos los españoles.
No hemos creído ni una sola de sus palabras, es más, sabemos
que todas y cada una de ellas, las haya pronunciado quien haya sido, forman
parte de un espejismo creado para la ocasión y son el primer paso para abrir un
nuevo camino de falsas promesas, de cara al periodo electoral que se avecina y
que les pilla a traición, desprotegidos por lo encarnizado de sus luchas
internas, inermes ante las numerosas
sospechas de corrupción que les acucian y desacreditados por la pésima gestión
de la crisis que han hecho durante sus dos años de mandato.
Puede que esta Convención de la mentira haya sido un éxito para
ellos, pero a nosotros nos ha servido, desde luego, para corroborar lo poco que
les importamos y para no volver a dejarnos utilizar nunca más, por quienes nada
han hecho ni harán por el pueblo, aunque llegaran a gobernar veinte años.

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