domingo, 2 de febrero de 2014

La Convención de la mentira


Con una numerosa manifestación de mujeres recorriendo las calles de Madrid, en contra de la nueva Ley del aborto y la marea verde en contra de la Ley Wert  en la puerta, el PP ha celebrado una Convención en Valladolid, cuyo mensaje merece la pena ser oído, aunque no sea más que para poder rebatirlo en su totalidad, con el simple argumento de lo que ha ocurrido en España, durante estos dos últimos años.
Lamentándose de la herencia recibida de Zapatero, como si Rajoy no hubiera tenido la obligación como jefe de la oposición, de conocer al detalle cómo estaba la situación española de entonces, los pesos pesados del Partido conservador han ido desfilando ante los suyos, claramente condicionados por la proximidad de las elecciones europeas y haciendo alarde de una presunción absolutamente desmedida, sobre lo que ha sido su gestión de la crisis y las medidas, que según ellos, se han visto obligados a tomar.
Como si los españoles no tuviéramos memoria, ni hubiéramos sufrido en carne propia la violencia de los decretos promulgados por Rajoy en la mitad de su tiempo de mandato, la referencia continua a la notable mejoría que, siempre en su versión, ha sufrido el País, se ha convertido en una constante durante todos y cada uno de los actos celebrados, sin que en ningún momento se haya reconocido ni un solo error, ni se haya hecho mención alguna a las numerosísimas protestas que ha protagonizado y sigue protagonizando la ciudadanía, ni a los incontables casos de corrupción que se han producido en sus filas, encabezados por el de Bárcenas, que afecta directamente a la credibilidad de cuántos subieron al púlpito para tratar de convencer a los incautos, de que vuelvan a beneficiarles con sus votos.
Hemos podido oír al Presidente, vanagloriarse de que su Reforma Laboral está solucionando el problema del paro en España, omitiendo conscientemente mencionar que seis millones de ciudadanos, un millón más que cuando él asumió el poder, siguen desempleados, despreciando olímpicamente la gravísima situación familiar en que estas personas se encuentran e  intentando convencer a la población de que trague esta gran mentira, urdida junto con otras muchas para recuperar la confianza, al menos de aquellos que siempre les votaron y que ahora se encuentran absolutamente defraudados por el reiterado incumplimiento de sus antiguas promesas.
Hemos tenido que oír a Montoro decir literalmente, que lo que ellos saben hacer es bajar los impuestos, tras haber potenciado más de cuarenta subidas de los mismos durante su estancia en el Ministerio, que tanto han mermado el poder adquisitivo de los ciudadanos.
Y hemos tenido que ver al marido de Cospedal, sentado en la primera fila, junto a su mujer, como si ser sospechosos de cobrar en negro durante años, fuera algo de lo que jactarse ante sus militantes o bien, un ejemplo a seguir, para todos aquellos que se encuentren directamente relacionados con algún cargo público, o sean consortes de quiénes lo detentan, como en el caso que nos ocupa.
También hemos visto a Gallardón ignorar olímpicamente la oleada de protestas levantadas dentro y fuera de su partido por el borrador de su nueva Ley de aborto y reafirmarse en todos los inaceptables puntos que la forman, como si verdaderamente fuera dueño de los cuerpos y las mentes de todas las mujeres españolas, a las que reduce a una mera función de procreación, aunque sea en contra de su propia voluntad y hasta cercenando el derecho constitucional que las ampara para tomar libremente las decisiones que más les convenga.
Refiriéndose a la numerosa manifestación que se estaba produciendo en esos mismos momentos en Madrid y tratando, como otras veces de manipular la realidad de lo que estaba sucediendo dijo que ningún grito o alboroto le apearía de seguir adelante con este proyecto, a pesar de la inmensa soledad, en que todos sabemos  que se encuentra.
En un ambiente de despreocupación absoluta, que choca frontalmente con los gravísimos problemas que padecemos, la falta de ética demostrada por el PP en la celebración de este acto y la ausencia total de responsabilidad para con su pueblo, no ha podido quedar más patente ni ser más obvia para todos los españoles.
No hemos creído ni una sola de sus palabras, es más, sabemos que todas y cada una de ellas, las haya pronunciado quien haya sido, forman parte de un espejismo creado para la ocasión y son el primer paso para abrir un nuevo camino de falsas promesas, de cara al periodo electoral que se avecina y que les pilla a traición, desprotegidos por lo encarnizado de sus luchas internas,  inermes ante las numerosas sospechas de corrupción que les acucian y desacreditados por la pésima gestión de la crisis que han hecho durante sus dos años de mandato.
Puede que esta Convención de la mentira haya sido un éxito para ellos, pero a nosotros nos ha servido, desde luego, para corroborar lo poco que les importamos y para no volver a dejarnos utilizar nunca más, por quienes nada han hecho ni harán por el pueblo, aunque llegaran a gobernar veinte años.







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