jueves, 30 de enero de 2014

La estrategia del triunfalismo


Está claro que en cuanto se aproxima un periodo electoral, los conservadores españoles idean una estrategia, según sean las circunstancias que afectan al panorama político del País y la ponen en práctica de manera unánime, convirtiendo el discurso de todos sus militantes en uno solo, cuya intención no es otra que conseguir el mayor número de votos posible, aunque tuvieran que prometer un millón de euros a cada ciudadano y un trabajo para toda la vida a todos los que formaran parte de las listas del INEM, en ese preciso momento.
En los Comicios anteriores, el populismo de ir puerta a puerta, interesándose por los problemas personales de la gente y denostar en todas sus vertientes la gestión de Zapatero, con el juramento de solucionar la crisis en un periodo de un par de años, les funcionó tan bien, que obtuvieron una mayoría absoluta que les está permitiendo hacer y deshacer a voluntad, sin posibilidad alguna de oposición por parte de los demás grupos parlamentarios y a pesar de las duras críticas de una ciudadanía que sólo encuentra en la calle un lugar donde hacer evidentes sus quejas, dada la indiferencia mostrada por este Gobierno.
Ahora que están en el poder y ante la próxima campaña de las europeas, la estrategia del triunfalismo se ha convertido para ellos en una constante, al pensar que de algún modo habrán de convencer a los ciudadanos de que lo han hecho bien, a ver si pueden conseguir que se olviden de las agresivas políticas de recortes que han venido practicando desde que llegaron y vuelven a caer en sus redes de persuasión, ofreciéndoles la oportunidad impagable de perpetuarse en el poder, que al fin y al cabo, es lo único que importa.
Los brotes verdes y la buena marcha de la Economía que sólo es evidente para los integrantes del PP son mentira, pero a base de repetirlo en los medios de comunicación y muy especialmente en la Televisión, que es la prensa de los más incautos, puede al menos, hacer dudar a quienes todavía conservan una dosis de fe en la veracidad de las noticias y a una parte de los que aún mantienen el trabajo, de que el futuro es más halagüeño de lo que se percibe en la calle y de que únicamente si se les da la oportunidad de seguir gobernando, podremos salir de la crisis y empezar a crear empleo, que es lo más urgente para todos nosotros.
Ya no les vale hacer referencia a la herencia de Zapatero y, por tanto, ha dejado de mencionarse en el discurso, pero sin embargo, se presume de estar haciendo lo correcto mientras las cifras del desempleo siguen subiendo de forma escandalosa y se está dispuesto de nuevo, a prometer trabajo, por supuesto sin aclarar de qué clase o cuándo llegará el momento de hacerlo.
Oír a Rajoy, Cospedal, Santamaría, Montoro o De Guindos, da igual. Sus palabras están escritas a fuego en cada una de sus apariciones y ni siquiera tienen el decoro de cambiar los términos de las frases para que no parezcan las mismas.
Como una retahíla aprendida de carrerilla, repiten una y otra vez el mensaje previsto y serían capaces de jurar por su madre que lo que están diciendo es verdad, aunque a todos nos conste en carne propia que nos están contando la mentira del siglo y que aquí nada podría ir peor de lo  que va, por mucho que les pese.
Que su estrategia consiga o no los fines previstos, depende en todo de nosotros y de la capacidad de aguante que tengamos en el reto que estos gobernantes han entablado con su pueblo. Soportar las mentiras y las verdades contadas a medias, estriba siempre en los límites que cada cual establezca en su vida.

Pero que un voto sea, en principio, mas importante que quien lo emite y que el desprecio hacia las personas sea una evidencia, justamente hasta que se requiere su participación en elecciones, no es un síntoma de buen funcionamiento democrático. Es más bien, una traición hacia la dignidad que todo ser humano merece y exige, por lo tanto, una respuesta contundente por parte de quien ha sido embaucado.

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