lunes, 27 de enero de 2014

Asalto a los sueldos


Los recortes sufridos en los salarios por los trabajadores españoles, ha colocado la capacidad de consumo de las familias en los niveles más bajos conocidos desde el advenimiento de la Democracia y dejado a una inmensa mayoría social, que antes formaba parte de la clase media, en serias dificultades para sobrevivir con dignidad, en el caso de que tengan la suerte de que alguno de sus miembros siga conservando su empleo.
La negativa rotunda de los empresarios a renunciar a su alto nivel de beneficios, prefiriendo incluso cerrar sus negocios, antes de tener que prescindir del elevado estatus social en el que siempre se han movido, nos está llevando paulatinamente a unas cotas de esclavitud, que hasta ahora se consideraban patrimonio exclusivo de los empleados asiáticos.
La reforma laboral de Rajoy, que no ha hecho otra cosa que potenciar un despido libre de cargas, que solo favorece al sector empresarial, colocando a los ciudadanos de a pie en completa indefensión ante los caprichos de sus jefes, viene contribuyendo al pensamiento ultra capitalista que reina entre las clases pudientes del País, que hasta este  momento y fundamentalmente, desde que el PP se hizo con el poder, no ha pagado ni una sola factura que tenga que ver con la crisis, habiendo llegado a aprovechar sin ningún recato las leyes promulgadas por la derecha, para recortar los derechos de sus asalariados y por supuesto, para obtener beneficios no solo de su productividad, sino también de la dignidad de sus sueldos.
Con la más absoluta permisividad del Gobierno, las pocas ofertas de trabajo que salen a la luz, vienen marcadas por condiciones que podrían considerarse del todo inaceptables, pero que debido a la necesidad que los españoles tienen de trabajar, son en la mayoría de los casos aceptadas dócilmente, sólo por tener la oportunidad de una reincorporación al panorama laboral, aunque sea por unas cuantas horas y con una flexibilidad de horarios que sobre todo en el sector de la hostelería y también del comercio, lleva a los empleados a estar en permanente disponibilidad y al servicio de lo que necesiten, en un momento determinado, sus empresas.
 Lamentablemente, la actuación de los Sindicatos en este asunto no puede ser más deleznable y la aceptación de determinadas exigencias empresariales, que hace solo unos años habrían sido consideradas del todo inaceptables, se están convirtiendo en algo natural, que nadie se atreve a combatir, ni por medio de la negociación, ni con el mantenimiento continuado de las huelgas.
 Y así, hemos entrado en un bucle del que difícilmente podremos salir, si no se produce a la mayor brevedad posible, una concienciación general que nos permita escapar de la sumisión en que nos hallamos inmersos, a causa de un miedo cerval a la pobreza y que nos ayude a  comprender que si no nos hacemos fuertes en una postura de unidad con la que combatir los abusos que se están produciendo, nunca más podremos volver a disfrutar no sólo de los derechos que con tanto trabajo adquirimos en el pasado, sino tampoco de unos salarios y condiciones laborales que nos permitan vivir como hombres libres, capaces de pensar y decidir por nosotros mismos y teniendo todas nuestras necesidades primarias cubiertas.
El asalto salarial que hemos sufrido durante estos dos últimos años y la firme decisión de quienes manejan las riendas de las Empresas de mantener esta línea de contratación, con la aprobación total de Rajoy y su gobierno, debiera ser, si la justicia existiera en este País nuestro, sin duda, constitutivo de delito.
Así debieran entenderlo también los Magistrados encargados de juzgar con ecuanimidad los enfrentamientos laborales entre trabajadores y jefes, negándose a ejecutar todos a una, sentencias únicamente a favor de quienes manejan las Empresas y que dejan a los ciudadanos absolutamente desprotegidos de veredictos estrictamente justos que les ayuden a conservar el empleo, como sería de Ley, si la reforma Laboral fuera rechazada de plano, sobre todo por los encargados de administrar justicia.
 Porque de continuar así, llegará el día en el que todos nos veamos obligados a trabajar a cambio de un simple plato de comida y dado que lo único que nos queda a los pobres es defender la dignidad, la posibilidad de acabar siendo una especie de calco de los obreros que poblaban los cinturones industriales de principios del SXX, simplemente, nos horroriza.
Y dado que ya sabemos que no podemos contar con el apoyo de nuestro Gobierno, no nos queda otra opción más que la de luchar con uñas y dientes para liberarnos de los abusos indiscriminados que contra nosotros se cometen desde las más altas instancias del poder y mantenernos hasta que la fuerza que nos da ser los productores de las riquezas de los otros, incline la balanza de nuestro lado, inevitablemente.


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