martes, 21 de enero de 2014

Retazos de irrealidad


Mariano Rajoy concedió ayer una entrevista a una cadena históricamente conservadora, sometiéndose pacientemente a las preguntas probablemente pactadas que le formuló la presentadora e intentando en todo momento ofrecer una imagen de aparente tranquilidad que, en nada sin embargo consiguió aclarar a los españoles, ni las razones que le han llevado a decantarse por una agresiva política de recortes, ni cuáles son sus intenciones para un futuro, que se adivina lleno de graves  complicaciones para él, empezando por el problema del paro y continuando por la guerra abierta que mantiene, por ejemplo, en Euskadi y en Cataluña.
Esclavo de la soberbia que le regala la mayoría absoluta en las urnas y convencido de las permanentes adulaciones que suele recibir de parte de sus seguidores más próximos, la percepción que Rajoy demuestra de la realidad dista mucho de ser la misma que apreciamos los ciudadanos y anoche se encargó de demostrarlo sobradamente, haciendo gala de un triunfalismo casi infantil que no convencería a nadie, a poco que viviera apenas unos días en el País y hablara con la gente para conocer la opinión que tiene, de la gestión del líder de los populares.
Prometiendo que pronto podríamos empezar a disfrutar de las ventajas que nos traerán medidas como su Reforma Laboral o los recortes aplicados en los sistemas educacional y sanitario, volvió sin embargo a zafarse de contestar a preguntas mal formuladas sobre su implicación en el caso de Bárcenas o  la convocatoria del Referendum catalán,  alegando que afrontaría dichos sucesos en el mismo momento en que ocurriesen, evidenciando una absoluta falta de la necesaria prevención sobre  qué hacer si funciona la colaboración con la justicia del ex tesorero, o si Mas consiguiera de algún modo, que las leyes apoyen su convocatoria de consulta, haciendo trizas los argumentos que mueve Madrid como un dogma infalible, del que nunca tendrá que apearse.
Se atrevió incluso, a defender la inocencia de la Infanta Cristina en el caso Noos, lanzando claramente al Juez Castro un mensaje rotundo de cuál es la posición del gobierno frente al atrevimiento de  haber imputado a la hija del Rey, llegando incluso a utilizar el mensaje lacrimógeno de que a todos los padres preocupan y mucho, los problemas que incumben a sus hijos y sin querer desde luego aludir en ningún momento, a las  innumerables facturas que acreditan la financiación de los gastos privados de la familia Urdangarín y menos aún, a las complicaciones que han surgido en Hacienda con relación a este caso, como si la imputación constituyera únicamente un capricho del juez y la trama que se ha movido en torno a esta parte de la familia real, no hubiera existido jamás.
Ni una palabra acerca de la corrupción, ni siquiera para tratar de despejar las graves sospechas que existen sobre la financiación ilegal de su Partido y que le señalan, precisamente a él, como uno de los perceptores de los famosos sobresueldos.
Total, casi una larga hora de conversación para no decir nada y una manera de iniciar tácitamente la próxima campaña de las europeas, en la que con toda probabilidad, la estrategia popular estará centrada en hacernos creer que todo lo que hemos sufrido desde su llegada al poder, no ha sido más que  un enorme espejismo.

Menos mal que los españoles sabemos la verdad de lo que nos ocurre y la rutina que nos vemos obligados a soportar nos recuerda a diario el espantoso momento que atravesamos y a quién debemos culpar por la dureza de nuestros padecimientos, porque escuchando ayer al Presidente, cualquiera que no conociera nuestra realidad, podría haber pensado que vivimos en un Paraíso creado, por obra y gracia del magnánimo PP.  

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