jueves, 23 de enero de 2014

La más pura indecencia


Lo de los Clubs de Fútbol de la Primera división española, no parece que pueda estar sucediendo aquí y ahora, por constituir en sí mismo, la más pura indecencia.
Mientras los ciudadanos caminan como un funambulista, por el delgado cordón bajo el que subyace la negrura de la miseria, todos los equipos grandes y pequeños, que conforman la primera línea de fuego, adeudan a la Hacienda pública y a la Seguridad Social, tal cantidad de dinero, que bien podría resolver en gran parte, si se exigiera contundentemente su pago, el enorme problema de desempleo que sufrimos y quién sabe si hasta sobraría para invertir en esos fines sociales que tan duramente han sido recortados, en los últimos dos años.
Y si sólo fueran las deudas, podríamos darnos con un canto en los dientes, pero es que además, al mismo tiempo que muchos de los Clubs entran en concurso de acreedores o se quejan de no poder afrontar sus cuentas con el Erario público, se producen fichajes de jugadores que se saldan con escandalosas cifras super millonarias y que resultan ser un agravio imperdonable, cuando se contempla la situación en que se ven obligadas a vivir miles de familias, a las que la crisis ha dejado sumidas en una pobreza tan absoluta, que no les queda nada con lo que subsistir, a parte de las ayudas que reciben de sus allegados y amigos, o de organizaciones no gubernamentales.
Cómo puede el Gobierno consentir que esto que describimos suceda, parece un misterio irresoluble si se tiene en cuenta que a cualquiera de los ciudadanos de a pie que adeudara la más mínima cantidad a las arcas del Estado, se le perseguiría sin tregua considerando el impago como constitutivo de delito de fraude, por lo cual sería inmediatamente juzgado, sin la menor misericordia.
Pero el fútbol es hoy día el opio de este pueblo y el desarrollo de la liga en primera división hace de parachoques de la indignación de la gente, ahorrando al gobierno Rajoy el bochornoso espectáculo de que las mayorías silenciosas que queman la adrenalina en los campos todos los fines de semana, tomen las calles para canalizar en ellas el punto más álgido de sus protestas, si se les quita la ocasión de seguir acudiendo a los partidos, por cierre gubernamental de los Estadios, como sería de rigor, si se aplicara a los Clubs la misma justicia que se nos aplica a nosotros.
El último escándalo que ha acaba de estallar hace un par de días y que tiene que ver con el fichaje de un jugador por el que el Barcelona confiesa haber pagado 57 millones de euros, mientras se sospecha que en realidad han sido 98, es la evidencia más clara de que cuanto hablamos es cierto y de que no cabe lugar a dudas de la indignidad que constituye.
 Y sin embargo, nunca hemos oído al Ministro Montoro reclamar públicamente el montante de las deudas de los Clubs de fútbol, ni tachar de defraudadores a quienes los dirigen, ni afear siquiera la indecencia de despilfarrar 57 o 98 millones de euros, en adquirir los derechos sobre un jugador, llámese cómo se llame, o haga con la pelota, los juegos malabares que quiera.
Estos exagerados dispendios, a los que las masas están acostumbradas, llegando incluso a sentir adoración por los protagonistas de las historias, afectan no obstante, y de manera totalmente justificada, la vida cotidiana de todos nosotros, que al no denunciarlos, nos convertimos en cómplices de la ilegalidad y la inmoralidad que constituyen.
Es por eso, que no se comprende la pasividad que sentimos mientras suceden ante nuestros ojos estas cosas, ni cómo podemos apoyar con nuestra presencia en los Estadios la continuidad de este tipo de oscuros negocios.
Lo que deben los Clubs y lo que gastan en futbolistas, puede que en otro momento no nos hiciera falta para vivir, pero ahora, esas cantidades nos son imprescindibles para paliar al menos, una buena parte de nuestra presente pobreza y no se debe consentir que los deudores sigan gozando de total impunidad y que nuestro gobierno mire para otro lado, como si no pasara nada.   


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