El pulso que la Marea Blanca ha mantenido contra el gobierno
de la Comunidad de Madrid, sobre el asunto de la privatización de la Sanidad
Pública, se saldó ayer con un gran triunfo de la ciudanía, al fallar los
tribunales a favor de sus reclamaciones, cerrando un largo periodo de protestas
que, por una vez, han dado los frutos deseados.
Médicos, enfermeros, profesionales en general y una gran parte de la sociedad
madrileña, se había implicado en este
conflicto que comenzó poco después de llegar Rajoy al poder y ni un solo
momento han dejado de hacer notar sus reivindicaciones, a pesar de haber sido
tachados en infinidad de ocasiones de extremistas, por parte de los cargos de
la Comunidad e incluso por integrantes de un gobierno central que apostaba claramente,
aunque de manera encubierta, por ir privatizando paulatinamente nuestro sistema
sanitario, con la oposición en bloque de todos los demás partidos políticos y
de los españoles, en general.
Capitaneados en
principio por esperanza Aguirre y después por su sucesor Ignacio González, el PP
madrileño fue el primero en comenzar a derivar determinadas pruebas médicas
hacia centros particulares y también en intentar, sin demasiado éxito,
convertir determinados Hospitales de la Comunidad en puros negocios generadores
de pingües beneficios, sin que la presión popular pareciera ejercer ninguna
influencia en sus decisiones y aunque los cambios efectuados hayan venido
demostrando en todo momento, un empeoramiento de la atención a los enfermos y
un alargamiento interminable de las listas de espera.
Casi al mismo tiempo que se producía esta sentencia, otra
obligaba a María Dolores de Cospedal a readmitir a más de 500 interinos
despedidos en Castilla la Mancha, como consecuencia de los recortes practicados
bajo su Presidencia y a causa de los cuales, ya había tenido que afrontar una serie
de litigios con la ciudadanía, que después ha ido perdiendo uno a uno, cuando
han ido llegando a los tribunales.
Estas dos victorias llegan en un momento en que la debilidad
del PP se está convirtiendo en un hecho innegable, si se tiene en cuenta la
enorme división interior en que se encuentra sumido y que ha dado lugar a la
marcha de algunos de sus militantes más cercanos a la extrema derecha y que ha
propiciado la creación de un nuevo Partido capitaneado por Ortega Lara, al que
podrían unirse en breve, otras muchas voces descontentas con la manera de
afrontar el problema del terrorismo que están llevando a cabo Rajoy y su
Gobierno.
Si a esto sumamos la enorme polémica que ha generado en sus
filas la modificación de la Ley del Aborto y la oposición a la misma que han
venido manifestando gran cantidad de pesos pesados inscritos en sus filas,
perder ahora por goleada frente a la Marea Blanca y tener que readmitir a los
interinos despedidos por Cospedal, no puede por menos que hacer recapacitar al
Presidente sobre lo que su forma de administrar el poder está consiguiendo y
que no es, precisamente halagüeño, para su vanidad personal.
La demostración flagrante de que las protestas en la calle,
si son continuadas y mayoritariamente seguidas, sirven para cambiar
radicalmente el rumbo de la política, viene también a dejar en evidencia a
todos aquellos conservadores que han
pretendido denostar a los manifestantes, calificándolos de agresivos y
peligrosos y que ahora habrán de reconocer, quieran o no, que no se trataban
más que de descontentos con las medidas que se adoptaban y que en ningún momento figuraban en el
Programa que los populares exhibieron en la última campaña electoral.
Todo hace pensar que en los próximos meses podrían producirse
victorias de igual importancia para otros colectivos y que la Marea Verde que
clama con igual contundencia contra la aplicación de la Ley Wert o los movimientos que reclaman un cambio
radical en el modelo social como los provenientes del 15 M, quizá lograrían conseguir un mayor
protagonismo de la sociedad en las tareas de gobierno y por supuesto, en la
elección de las medidas a aplicar en un futuro próximo y que afectarían a la
totalidad de los españoles, de uno u otro signo.
Las cosas no le van tan bien a Rajoy como se pretende desde
el PP y su continuidad parece cada vez más improbable, si se tienen en cuenta
los acontecimientos que demuestran el descontento generalizado de la nación y
que quedan meridianamente claros, cada vez que la justicia da la razón a las
iniciativas ciudadanas y no al gobierno tiránico de esta mayoría absoluta, a la
que nada importaba, hasta ahora, el pensamiento de la gente.

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