lunes, 13 de enero de 2014

Haciendo las Américas


Mientras Mariano Rajoy ve cumplido uno de sus mayores sueños desde que llegó al poder y consigue por fin reunirse con Obama en la Casa Blanca para informarle de su utópica visión sobre la realidad española, la supuesta unidad de su Partido parece tambalearse a este lado del charco, demostrando que en ninguna fuerza política existe una cohesión total y que la unanimidad ideológica está siempre expuesta a romperse, a veces por cuestiones que podrían parecer nimiedades, pero que pueden convertirse en la chispa que hace estallar en mil pedazos lo que de manera superficial se suponía  férreo e indestructible.
Hace tiempo que las facciones del PP no consiguen ponerse de acuerdo y a pesar del intento permanente de hacer creer a la ciudadanía que sus miembros más relevantes reman indefectiblemente en una misma dirección, aceptando la disciplina que se les impone de manera apacible, las continuas discrepancias que surgen y que son aireadas sin pudor por los miembros más relevantes de cada grupo, ponen en evidencia que la imagen que trata de ofrecerse a la galería, nada tiene que ver con lo que se cuece en las cocinas conservadoras mientras cada cual trata de hacerse fuerte en su parcela de poder, intentando ganar para sí,  el apoyo de las mayorías.
Unos meses atrás, José María Áznar se atrevió a abrir la veda  frente a las cámaras de televisión, criticando abiertamente la política económica de Rajoy,  lanzando a la audiencia el mensaje de que el camino elegido por el actual Presidente de la Nación, no era precisamente, ni de su agrado, ni del de un amplio sector del Partido al que ambos pertenecen.
A raíz de aquello, no ha habido acontecimiento, ley o medida que no haya sido inmediatamente aprovechada por los grupos de oposición interna, para ser duramente criticados a través de personajes como Esperanza Aguirre o Ana Botella, ofreciendo a la ciudadanía la impresión de que quien es ahora mismo la cabeza visible de la formación conservadora, no cuenta con la incondicionalidad del apoyo unánime que podría creerse, a juzgar por las declaraciones del ala oficialista y de un sector de la prensa, profundamente dedicado a defender la figura del Presidente, contra viento y marea.
 Las distancias se han ido agrandando mucho más, si cabe, después de que el escándalo de los sobresueldos y la presunta financiación ilegal le estallaran en la boca a Rajoy, una vez que Luís Bárcenas fuera detenido, suceso que sirvió a Aguirre para proclamar que su nombre no aparecía en los papeles del ex tesorero, e incluso para atreverse a pedir una inmediata renovación en la dirección del Partido, mientras presumía de haber destapado la trama Gurtel.
Pero ha sido la propuesta de la nueva Ley del aborto de Gallardón, la que ha terminado de abrir la caja de los truenos, provocando que un elevado número de Presidentes autonómicos, capitaneados por el extremeño Monago y apoyados por otras voces como la de Celia Villalobos o Cristina Cifuentes, se hayan posicionado en una postura de rechazo total a las premisas que propugna el ala más recalcitrante del partido conservador, pidiendo además, de manera clara y contundente que se acepte el voto de conciencia, si es que la Ley llegara a votarse tal como ha sido redactada, en el Parlamento.
Curiosamente, en este polémico punto, la línea expuesta por Gallardón coincide en su totalidad con la del ala que encabeza Esperanza Aguirre, enemiga acérrima del ex alcalde, contra el que ha protagonizado durante años duras batallas, llegando en varias ocasiones incluso, a un enfrentamiento personal que hubiera hecho pensar que sus diferencias podrían ser del todo irreconciliables.
Y por si fuera poco, la aplicación del copago hospitalario, que lleva urgiendo Ana Mato desde que ha empezado este año, acaba de ser contestada por varias Comunidades Autónomas regentadas por el propio PP y , asómbrense, por María Dolores de Cospedal, como Presidenta de Castilla la Mancha. Inaudito. 
Así que la supuesta unidad popular y la actitud disciplinada de sus militantes, parecen haber tocado fondo, no se sabe si afectada también por la enorme factura que ya empieza a pasarles la gestión de la crisis, o por haber comenzado la cuenta atrás de un futuro periodo electoral, al que todos quisieran llegar sin haber perdido del todo la confianza de sus electores, de cara a poder continuar, cada cual, en el cargo que actualmente ocupa.
Poco podrá hacer pues Mariano Rajoy ante Obama, si como es de presumir, el norteamericano está informado de su incapacidad para cohesionar, siquiera, a los miembros de su propio Partido.
Como para creer que es capaz de gobernar España.








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