Mientras Mariano Rajoy ve cumplido uno de sus mayores sueños
desde que llegó al poder y consigue por fin reunirse con Obama en la Casa Blanca
para informarle de su utópica visión sobre la realidad española, la supuesta
unidad de su Partido parece tambalearse a este lado del charco, demostrando que
en ninguna fuerza política existe una cohesión total y que la unanimidad
ideológica está siempre expuesta a romperse, a veces por cuestiones que podrían
parecer nimiedades, pero que pueden convertirse en la chispa que hace estallar
en mil pedazos lo que de manera superficial se suponía férreo e indestructible.
Hace tiempo que las facciones del PP no consiguen ponerse de
acuerdo y a pesar del intento permanente de hacer creer a la ciudadanía que sus
miembros más relevantes reman indefectiblemente en una misma dirección,
aceptando la disciplina que se les impone de manera apacible, las continuas
discrepancias que surgen y que son aireadas sin pudor por los miembros más
relevantes de cada grupo, ponen en evidencia que la imagen que trata de
ofrecerse a la galería, nada tiene que ver con lo que se cuece en las cocinas conservadoras
mientras cada cual trata de hacerse fuerte en su parcela de poder, intentando
ganar para sí, el apoyo de las mayorías.
Unos meses atrás, José María Áznar se atrevió a abrir la
veda frente a las cámaras de televisión,
criticando abiertamente la política económica de Rajoy, lanzando a la audiencia el mensaje de que el
camino elegido por el actual Presidente de la Nación, no era precisamente, ni
de su agrado, ni del de un amplio sector del Partido al que ambos pertenecen.
A raíz de aquello, no ha habido acontecimiento, ley o medida
que no haya sido inmediatamente aprovechada por los grupos de oposición interna,
para ser duramente criticados a través de personajes como Esperanza Aguirre o
Ana Botella, ofreciendo a la ciudadanía la impresión de que quien es ahora
mismo la cabeza visible de la formación conservadora, no cuenta con la
incondicionalidad del apoyo unánime que podría creerse, a juzgar por las
declaraciones del ala oficialista y de un sector de la prensa, profundamente
dedicado a defender la figura del Presidente, contra viento y marea.
Las distancias se han
ido agrandando mucho más, si cabe, después de que el escándalo de los
sobresueldos y la presunta financiación ilegal le estallaran en la boca a
Rajoy, una vez que Luís Bárcenas fuera detenido, suceso que sirvió a Aguirre
para proclamar que su nombre no aparecía en los papeles del ex tesorero, e
incluso para atreverse a pedir una inmediata renovación en la dirección del
Partido, mientras presumía de haber destapado la trama Gurtel.
Pero ha sido la propuesta de la nueva Ley del aborto de
Gallardón, la que ha terminado de abrir la caja de los truenos, provocando que
un elevado número de Presidentes autonómicos, capitaneados por el extremeño
Monago y apoyados por otras voces como la de Celia Villalobos o Cristina
Cifuentes, se hayan posicionado en una postura de rechazo total a las premisas
que propugna el ala más recalcitrante del partido conservador, pidiendo además,
de manera clara y contundente que se acepte el voto de conciencia, si es que la
Ley llegara a votarse tal como ha sido redactada, en el Parlamento.
Curiosamente, en este polémico punto, la línea expuesta por
Gallardón coincide en su totalidad con la del ala que encabeza Esperanza
Aguirre, enemiga acérrima del ex alcalde, contra el que ha protagonizado
durante años duras batallas, llegando en varias ocasiones incluso, a un
enfrentamiento personal que hubiera hecho pensar que sus diferencias podrían
ser del todo irreconciliables.
Y por si fuera poco, la aplicación del copago hospitalario,
que lleva urgiendo Ana Mato desde que ha empezado este año, acaba de ser
contestada por varias Comunidades Autónomas regentadas por el propio PP y ,
asómbrense, por María Dolores de Cospedal, como Presidenta de Castilla la
Mancha. Inaudito.
Así que la supuesta unidad popular y la actitud disciplinada
de sus militantes, parecen haber tocado fondo, no se sabe si afectada también
por la enorme factura que ya empieza a pasarles la gestión de la crisis, o por
haber comenzado la cuenta atrás de un futuro periodo electoral, al que todos
quisieran llegar sin haber perdido del todo la confianza de sus electores, de
cara a poder continuar, cada cual, en el cargo que actualmente ocupa.
Poco podrá hacer pues Mariano Rajoy ante Obama, si como es de
presumir, el norteamericano está informado de su incapacidad para cohesionar,
siquiera, a los miembros de su propio Partido.
Como para creer que es capaz de gobernar España.

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